Un pelotón, en el ámbito militar, es una pequeña unidad militar comandada típicamente por un sargento.

Pelotón también es el nombre de aquella película estadounidense de 1986 ambientada en la guerra de Vietnam, dirigida por Oliver Stone y protagonizada por Tom Berenger, Willem Dafoe y Charlie Sheen.

La película recibió cualquier cantidad de premios y nominaciones, entre los que se pueden mencionar 4 Oscar (película, director, montaje y sonido), 3 Globos de Oro y 1 Oso de Plata, este último en el Festival de Berlín de 1987.

La trama retrata la experiencia del director Oliver Stone en la mencionada guerra, en la vivencia de un joven inexperto e inocente soldado norteamericano que se alista voluntariamente y es enviado a la frontera entre Vietnam y Camboya para incorporarse a un pelotón que tiene una particularidad: tiene dos sargentos con caracteres psicológicos sustancialmente diferentes. Hablando metafóricamente, uno de los sargentos representa el bien (William Dafoe) y el otro representa el mal (Tom Berenger). Así y ya de inicio se presenta la dualidad conflictual perenne: el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, la luz y la oscuridad.

Los anteriores elementos primarios (el pelotón, el joven soldado, los dos sargentos y la guerra) son mezclados con otros que no eluden el realismo de lo que entre otras cosas ocurrió en esa guerra: las masacres de inocentes en las aldeas, el consumo de drogas por parte de los norteamericanos, la desmotivación de su tropa y las luchas entre los dos bandos representados por cada sargento. Si se quiere, la película evidencia dos conflictos que tienen lugar al mismo tiempo: norteamericanos contra vietnamitas y norteamericanos entre sí.

Lo que sucede en nuestro destruido país me trae a la memoria la película y una de sus escenas, casi en su final, en la que el capitán Harris, ante lo que está siendo la exitosa avanzada vietnamita que aniquila eficientemente a los norteamericanos, toma la decisión extrema de ordenar el bombardeo de su propia posición. En el pensamiento del capitán Harris ya ha sido evaluado que tal es la  única posibilidad de salvación.

El caso es que aquí en Venezuela estamos divididos entre aquellos que piden el cese de las sanciones y aquellos que quieren que continúen. Sin embargo, salvo prueba en contrario y conociendo el perfil político y psicológico de los que negocian, así como su desempeño en ocasiones anteriores, la negociación en un marco de sanciones es mucho más efectiva y conducente a algo, que la negociación sin sanciones.

Mejor que ubicar ahora las esperanzas móviles en el TIAR, aprobado por la AN el martes 23 de julio, es lo que propone Ricardo Hausmann en su cuenta de Twitter: dado que unos piden que cesen las sanciones y otros que cese la usurpación, es la oportunidad perfecta para materializar el cambalache de “que cesen ambas”: una a cambio de la otra.

Aun suponiendo que ustedes lo deben saber, hago la aclaratoria de que es el mismo bando de siempre el que tiene el desacuerdo: la oposición. Así, el cambalache sería la solución irónica no trivial que los pone de acuerdo.