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La Catedral de Notre-Dame después del incendio (f. Thomas Goisque, 2019)

Amar, es actuar”. Víctor Hugo 1

Resolver la reconstrucción y preservación de Notre-Dame es uno de los más grandes retos arquitectónicos del siglo XXI”. Jorge Otero-Pailos 2

“¿Para qué serviría la historia si no fuera una enseñanza?”. Eugene Viollet-Le-Duc 3

1. La batalla por Notre-Dame de París

Tiempos de guerra, tiempos de batallas. Hasta en el mismo corazón de la civilización occidental, tiempos de zozobra. No nos retardaremos aquí en recordar cuánto lloramos impotentes (como el mundo entero) el día 15 de abril pasado contemplando a la catedral de Notre-Dame de París, Patrimonio de la Humanidad, deshacerse en medio de las llamas. Las desoladoras imágenes del templo ardiendo y el colapso de su preciosa flecha diseñada por Eugene Viollet-Le-Duc y de su casi milenaria cubierta de madera (el legendario bosque de la catedral) quedaron grabadas en nuestros corazones para siempre.

Fue terrible. Doloroso. Insoportable. Pero aún más lo ha sido ver cómo después de la épica, valiente, increíblemente heroica operación de los bomberos de París, controlando a toda costa el siniestro desatado tras el desafortunado accidente en las obras de restauración de la catedral, al pie de la aguja, repito, ver cómo después de que gran parte de la fábrica medieval de la catedral y sus tesoros artísticos se habían salvado milagrosamente, se desataba encima una debacle mediática (que luego se propagó por el mundo entero), a raíz de las declaraciones del presidente Emmanuel Macron, cuando dijo ante los medios: “Reconstruiremos Notre-Dame antes de cinco años y la haremos aún más bella”.

¿“Aun más bella”? ¿Quién podría jamás pensar que la belleza genuina de esta catedral podría –o querría–, ser superada por nada mejor? Fueron sus palabras, aún con la mano puesta sinceramente en el corazón, palabras dichas demasiado apresuradamente. Disculpa al presidente el que no es posible juzgarlo con dureza porque dio su opinión en medio de la emoción de una tragedia. Pero esa prisa nacida de la necesidad de darle una respuesta inmediata a los ciudadanos de Francia y del mundo entero que nos encontrábamos devastados ante la terrible desaparición de uno de los más caros tesoros arquitectónicos de la humanidad, desató, como se dijo en estos días, todos los demonios de la caja de Pandora patrimonial.

Nuestra primera sorpresa fue ver a los franceses, a quienes esperábamos encontrar a todos unidos como un solo hombre tras la idea de la reconstrucción a l’identique (como era y donde estaba) de todo lo malogrado por el incendio, fracturados en medio de una polémica insólita que por momentos se volvió incluso liviana. La sola donación inmediata de fondos multimillonarios para la reconstrucción de Notre-Dame a los pocos minutos de la devastación, prendió las alarmas del mundo proyectual: “¡Aquí hay dinero!”. La noticia de la convocatoria, llegada poco después, por parte del gobierno francés de un Concurso Internacional de Arquitectura para diseñar la nueva cubierta y la nueva flecha de Notre-Dame, terminó de levantar en armas al gremio de los conservacionistas del mundo. ¡Un momento! ¡Deténganse! ¡Dejen el apresuramiento! Esto no es cualquier chantier

Porque Notre-Dame de Paris, además de ser el edificio-libro donde nació la historia de la conservación del patrimonio en Francia, gracias a Victor Hugo, está sujeto, como todo bien cultural declarado, absolutamente a la ley, a las convenciones, a las cartas y a los protocolos nacionales e internacionales del patrimonio.

2. Restaurar

Pero las propuestas de los arquitectos locales y globales, siempre a la caza de un nuevo proyecto, no se hicieron esperar, empezando, nada menos, que por Sir Norman Foster. Hemos visto y seguimos viendo por las redes desfilar cubiertas de vidrio de todos los colores y propuestas de todos los usos posibles (invernaderos, miradores, lounges, centros turísticos), además de flechas que se levantan a todas las alturas en todas las formas inimaginables (¡hasta con rayos láser! Como en una proposición inspirada en el monumento a las Torres Gemelas de Nueva York en la que al parecer ya la alcaldesa de Paris, Anne Hidalgo, tan dada como es ella a las barbaridades formalistas de todo pelaje, ha mostrado aparentemente interés para que sea develada en Navidad). Los memes arquitectónicos tampoco han faltado, burlándose de las maneras más irrespetuosas del futuro de la venerable fábrica de la catedral.

Afortunadamente, todo esto fue seguido por una severa reacción de los expertos en patrimonio del mundo, quienes enviaron el 28 de abril al presidente Macron, a través de la página de Le Figaro, una carta abierta en la que se le insta a tener prudencia, desacelerar el paso y tomarse una pausa para dejarles estudiar el problemático caso. Hay además una crítica muy seria a la derogación que se propuso de la ley de patrimonio para crear en el caso de Notre-Dame una especie de “Plan especial” (semejante a los que aprueban aquí en Venezuela para hacer lo que les da la gana con la ciudad), pero esta vez para actuar sin ataduras sobre este Patrimonio de la Humanidad. Algo totalmente inaceptable.

180 expertos, historiadores, conservadores y arquitectos, firmaron la carta. 181 hubieran sido si nos la hubieran dado a firmar a nosotros, porque la suscribimos totalmente. Eso se lo hemos hecho saber especialmente a uno de los más fieros defensores de la restauración de Notre-Dame (que no de la reconstrucción: de la restauración, porque hasta la flecha de Viollet-Le-Duc tiene declaratoria patrimonial propia, como pieza magistral del siglo XIX que es), el fundador y director de La Tribune de L’Art (@ltdla), Didier Rykner.

Como expresara uno de los firmantes el pasado viernes 3 de mayo en Le Monde, el profesor de Historia del Arte y de la Arquitectura de la Universidad de Columbia y conservador del Departamento de Diseño del MoMA de Nueva York, Barry Bergdoll, el consejo es a “referirse a los expertos y mantener el proyecto dentro del marco de la protección de los monumentos históricos, porque los tiempos de la política y los del patrimonio no son los mismos” 4.

Calma y cordura. Eso le aconsejamos también nosotros a los encargados de restaurar a nuestra amada catedral de Notre-Dame. Una frase que los venezolanos nos repetimos cada día en medio de la terrible crisis que estamos viviendo, como una plegaria. Y que siempre puede ser útil cuando, en medio de las encendidas polémicas patrimoniales, vemos que el fuego de la catedral aún no se ha extinguido del todo y Paris sigue ardiendo.

Notas

1. “Aimer, c’est agir”. Últimas palabras de Victor Hugo, 1885.

2. “Solving the rebuilding and preservation of Notre Dame is one of the greatest architectural challenges of the 21st century”. Jorge Otero-Pailos. “In Notre Dame, we find a heritage that invites us to breathe and reflect: A spire competition is the wrong approach”, The Art Newspaper, 19th April 2019:https://www.theartnewspaper.com/comment/a-proustian-call-to-arms-on-notre-dame

3. “A quoi servirait l’histoire, si elle n’etait un enseignement?”. Eugene Viollet-LeDuc, Entretiens sur l’architecture, Veuve A., Morel & Co., Paris, 1863-1972.

4. Isabelle Regnier. Barry Bergdoll à propos de Notre-Dame de Paris: “Il n’est jamais bon de réagir sous le coup de l’émotion”, lemonde.fr, Paris 3 de Mayo, 2019: https://www.lemonde.fr/culture/article/2019/05/03/barry-bergdoll-a-propos-de-notre-dame-il-n-est-jamais- bon-de-reagir-sous-le-coup-de-l-emotion_5457675_3246.html

Notre-Dame. Fachada occidental. Dibujo de Eugene Viollet-Le-Duc (f. Hannia Gómez, 2015)

Flecha y cresta de la Catedral de Notre-Dame (f. Charles-François Bossu, 1860)

Interior de Notre-Dame, antes del siniestro (f. Hannia Gómez, 2018)

Una oración por la restauración a l’identique. La imagen de Notre-Dame, milagrosamente intacta tras el fuego.


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