Las informaciones que nos pasan los economistas sobre las medidas de separar Citgo de Pdvsa nos refieren a cosas que van mucho más lejos y más profundas que una medida administrativa. Es la señal del final de la petrofilia, de un siglo de caída social, cultural y, sobre todo, ética que se ha simplificado con el término “rentismo”.

Gobiernos y políticos medraron todo ese tiempo, envileciendo a la gente con ofertas y dádivas que sustantivaban el proceso de migración y abandono del campo hacia las ciudades y las ilusiones de modernización. En los últimos veinte años eso pasó de ser un recurso lateral de poder para establecerse como un carácter, como el tono mayor de la relación entre el poder y la gente. Al punto de que buena parte de la población asumió esa relación o, mejor, esa pretensión, como un derecho y una vía necesaria.

Más allá de las diferencias discursivas y apariencias ideológicas, nos transformamos en un país petrofílico, con características de dominio creciente del uso y malversación de grandes recursos para el uso consiente y planificado de la perversión.

Pero ese mal uso y malversación terminaron por romper la bolsa evidenciando su contenido.

Se acaba la gasolina y el hambre y la mengua se conforman como una realidad de fuerza tal que genera una refactura ética que ahora ha tomado la calle y se presenta como una opción para la democracia profunda.  Por esos caminos tomara el cambio.

Se ha cambiado el liderazgo que ahora rebasa lo que se podría llamar oposición.

Más que una cuestionable intervención militar, el curso será el que ya se anunció con los hechos de las fronteras con Colombia y Brasil. Es un curso de creatividad y organización que va mucho más allá de los conflictos y discrepancias que periodistas y discursantes simplifican con los términos “izquierda” o “derecha”.  Es de otra naturaleza lo que se incuba y que por los momentos de le puede llamar “pragmatismo” mientras maduran sus hechos y lenguajes.

La escasez de gasolina, como es evidente, llegará a todas las comunicaciones y transportes con el incremento total de la crisis. En esas condiciones se harán exigencias de programas de acción y cambio, que ya se han resumido en las tres necesidades: cambio de gobierno por uno de transición, convocatoria a elecciones generales y profundización de la democracia.

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@perroalzao


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