Realmente uno como piloto jamás desearía tener una colisión con algo en el aire, y aunque la incidencia de este tipo de encuentro es reducido, comparado a la cantidad de horas que uno llega a volar como piloto profesional, eventualmente ocurren. Dependiendo del tipo de aeronave y con el número de animales con los que uno colisione, los daños pueden ser de mayor o menor consideración o hasta convertirse en una seria emergencia.

En mis comienzos como piloto, un buen amigo y piloto llamado Marco Straziota (+) volando un helicóptero Hughes 500 y dándole instrucción de vuelo a un alumno, tuvieron una colisión con un zamuro a gran velocidad, golpeando al alumno en la cabeza, perdiendo este el control, a lo cual tuvo Marco que tomar los mandos. Esta colisión le produjo un derrame cerebral al alumno causándole desgraciadamente la muerte.

Yo afortunadamente en mi carrera he tenido un número bastante bajo de colisiones, casi todos con aves muy pequeñas, pero recuerdo uno en especial en la isla de La Borracha. Acababa yo de despegar y en pleno viraje y ascenso por la derecha bordeando la isla hacia el norte, me encontré precisamente con un zamuro. Aun cuando la velocidad no era mucha pues iba en pleno ascenso, una de las palas del Agusta 109 Power que tripulaba, golpeó el ave y eso hizo que el impacto al estrellarse contra el plexiglás fuera mayor al esperado. Fue tan rápido y el ruido del impacto tan fuerte, que solo me dio tiempo de voltear mi cabeza para un lado, tratando de evitar en lo posible los pedazos del plexiglás que pensé golpearían mi cara, y esperando al menos un plumero negro ensangrentado volando por toda la cabina. El pobre animal debe haber muerto antes de incluso estrellarse contra el plexiglás de la cabina, pero por suerte el plexiglás era reforzado y aguantó el impacto. El pasajero sentado a mi lado, justo en frente al lugar donde había golpeado el zamuro, estaba pálido del susto, no era para menos. Al final del vuelo, al aterrizar, chequeamos los daños y el plexiglás había quedado deformado, al punto de que hubo que cambiarlo posteriormente, pero nos había salvado de un mayor susto. No quise preguntarle al pasajero si había ocurrido alguna otra consecuencia en su ropa interior.

Algunas consideraciones y recomendaciones

En los reportes disponibles de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), se demuestra que desde el año 2008 hasta el año 2015, los meses donde hubo mayor número de reportes de colisiones con vida salvaje ocurrieron entre los meses de mayo a octubre, siendo agosto el de mayor porcentaje.

Las fases de vuelo en las que ocurren mayormente las colisiones son 31% durante el despegue y 33% durante la aproximación, 68% de ellas ocurridas durante el día. Esto debido a que la mayoría de las aves no vuelan de noche, con algunas excepciones como los búhos y mamíferos voladores como los murciélagos.

De acuerdo con Flight Safety Foundation, estos son algunos factores que contribuyen en las colisiones:

Las características del hábitat, que incluyen áreas abiertas de pasto y agua, así como arbustos y árboles, que proporcionan alimento y sitios de descanso para las aves. Incluso la acumulación transitoria de agua en pavimentos irregulares puede ser un factor atrayente de aves.

Los vertederos y otros sitios de eliminación de desechos a menudo atraen a un gran número de aves si no se manejan con cuidado.

El típico ejemplo lo tenemos con el relleno sanitario que se encuentra en la aproximación final del Aeropuerto Caracas, en el cual en algún momento se pensó utilizar los servicios de cetreros para el ensayo de control biológico con aves de presa entrenadas, como el águila de Harris, muy utilizada en Venezuela para esos fines. Pero cuando me lo comentaron, les recordé que el zamuro, por su función de carroñero cumple una función biológica importante y por tanto es un ave protegida y debían verificar los permisos necesarios para hacerlo.

Algunos tipos de actividad agrícola, en o cerca de un aeropuerto, pueden atraer aves.

Las aves migratorias a menudo siguen rutas de vuelo bien definidas en cantidades considerables. Esto puede crear un peligro si las rutas de vuelo están cerca de un aeropuerto.

Los aeropuertos en ubicaciones costeras a menudo tienen un nivel mucho más alto de actividad de aves que los aeropuertos situados más tierra adentro.

La mayoría de los aeropuertos contienen áreas considerables de hierba dentro de sus perímetros. Incluso el pasto seco puede ser atractivo como área de descanso para las aves de día o de noche.

Las fases de vuelo cuando mayormente ocurren las colisiones

Los impactos con animales de vida salvaje pueden ocurrir durante cualquier fase del vuelo, pero es más probable durante las fases de despegue, ascenso inicial, aproximación y aterrizaje debido a la mayor cantidad de aves en vuelo a niveles más bajos. Dado que la mayoría de las aves vuelan principalmente durante el día, la mayoría de los choques de aves también ocurren durante horas diurnas, aun cuando, como dije anteriormente, hay algunos nocturnos.

La naturaleza del daño de la aeronave por los impactos de las aves, para que sea lo suficientemente importante como para crear un alto riesgo de un vuelo seguro, difiere según el tamaño de la aeronave.

Los aviones pequeños propulsados por hélices tienen más probabilidades de experimentar los efectos peligrosos de los ataques como daños estructurales, como la penetración de los parabrisas de la cabina de mando o daños en las superficies de control o el empenaje.

Los aviones más grandes con motor a reacción tienen más probabilidades de experimentar los efectos peligrosos de las colisiones por las consecuencias de la ingestión en el motor.

La pérdida parcial o completa del control puede ser el resultado secundario de un impacto estructural de una aeronave pequeña o de la ingestión de un motor a reacción de aeronave grande.

La pérdida de la función del instrumento de vuelo puede ser causada por efectos de impacto en las tomas de aire del sistema estático de Pitot que pueden hacer que las lecturas dependientes del instrumento sean erróneas.

En algunos casos, especialmente con helicópteros y aviones de ala fija más pequeños, la penetración del parabrisas puede provocar lesiones a los pilotos u otras personas a bordo y, en ocasiones, puede provocar la pérdida de control.

Aunque es relativamente raro, una colisión de aves a mayor altitud en una aeronave presurizada puede causar daños estructurales al casco de la aeronave que, a su vez, puede conducir a una despresurización rápida. Una causa más probable de dificultad es el daño por impacto a los conjuntos de tren de aterrizaje extendido en vuelo, lo que puede provocar un mal funcionamiento de los frenos o los sistemas de dirección del tren delantero para causar problemas de control direccional durante un giro posterior al aterrizaje.

Una consecuencia significativa, relativamente común pero evitable en una colisión con aves en la carrera de despegue, es una decisión o una respuesta tardía o incompleta de despegue abortado que se tome antes de haber alcanzado la velocidad de rotación y que termina conduciendo a una excursión o salida de la pista.

Choque con aves en la aproximación final

Orientación para las tripulaciones de vuelo:

En el contexto de este artículo, “aproximación final” se define como el período de vuelo que sigue a la configuración final necesaria para el aterrizaje.

Escenario 1

Un avión es golpeado por pájaros mientras está en la aproximación final a tierra. ¿Debería el piloto continuar la aproximación o iniciar una aproximación frustrada?

Al encontrarse con aves, la pregunta a responder es “¿cuál es el daño a la aeronave y qué efecto tendrá esto en la conducción segura del vuelo?”.

El alcance total de cualquier daño, a los motores o las superficies de control y el tren de aterrizaje, puede no ser aparente hasta que se aplique potencia, se configure o se maniobre la aeronave. Por lo tanto, podría darse el caso de que, si se inicia una vuelta, los pilotos se encuentran rápidamente en una situación en la que la pista está desapareciendo debajo de ellos, pero el avión no puede volar con seguridad una aproximación frustrada.

Por lo tanto, en el escenario anterior, es aconsejable continuar la aproximación y aterrizar.

Escenario 2

Un piloto ve una bandada de pájaros delante de él en la aproximación final. ¿Debería continuar la aproximación o iniciar una aproximación frustrada?

Habiendo visto las aves, la pregunta que hay que responder es:  si se inicia un viraje, ¿qué tan probable es que la aeronave evite el choque de un ave?.

Hay dos asuntos a considerar:

En primer lugar, el comportamiento de las aves hacia una aeronave en vuelo es altamente impredecible y varía mucho según la especie, algunas especies de aves acuáticas suelen descender, pero ese comportamiento no es consistente y las aves pueden volar hacia arriba, o potencialmente en la trayectoria de la aeronave que inicia un viraje.

En segundo lugar, cuanto mayor sea la potencia del motor, mayor será el daño causado por la ingestión de aves: es probable que se causen menos daños si las aves son golpeadas mientras los motores están a baja velocidad o potencia.

Por lo tanto, en el escenario descrito anteriormente, a menos que se pueda lograr un viraje con un grado razonable de confianza de que la aeronave no golpeará a las aves, es menos peligroso continuar con la aproximación a tierra.

Para finalizar el artículo quiero recordar una de las colisiones más serias que conozco, un caso muy famoso, el del vuelo 1549 de United Airlines, sucedido el 15 de enero de 2009. Este vuelo comandado por el veterano capitán Chesley “Sully” Sullenberger con un Airbus A320-200. Después de haber despegado del aeropuerto de La Guardia en Nueva York y alcanzando los 3.000 pies sobre la superficie durante horas del día y en condiciones visuales, experimentó la pérdida casi completa de potencia en ambos motores al encontrarse con una bandada de gansos de Canadá que penetraron en ambos motores. En cosa de segundos tuvo que evaluar rápidamente qué acción tomar, pues a esa altura y sin potencia, consideró que no podía llegar a ningún aeropuerto cercano, y tratar de hacerlo lo llevaría a estrellarse con los grandes edificios de la ciudad, como pudieron demostrar luego en las investigaciones y pruebas en los simuladores de vuelo, esta había sido la mejor decisión. Realizando un amarizaje perfecto en el rio Hudson, de manera impecable. Salvo algunas contusiones, todos los tripulantes y pasajeros, para un total de 155 personas, fueron rescatados con vida, la mayoría de ellos parados sobre las alas después de abandonar el avión. Este accidente fue recreado en una película llamada originalmente Sully, protagonizada por Tom Hanks.


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