Un representante de Trump estaría negociando con Diosdado Cabello la salida para Venezuela, lo que  se sintetiza en echar a Nicolás Maduro y llamar a elecciones en un plazo muy breve.

¿Con Diosdado Cabello? ¿Será cierto? ¿No es un “buscado” por la justicia de Estados Unidos por sus vinculaciones con el narcotráfico? En todo este tiempo y Diosdado es el  sobreviviente mayor, ¿cuánto se habrá llevado y cuánto habrá juntado?

En fin, de Trump y Cabello se puede esperar cualquier cosa.

Por otra parte, como dicen los italianos: se non è vero, è ben trovato. Es bien posible y verosímil. Diosdado es el número dos, mejor digamos que es el número uno adjunto. Y, decididamente, para entrarle a esa montaña compuesta por un ejército parapetado que debería rendir cuentas, pero que es un sueño imposible, es preciso una grieta. Y como principio quieren las cosas, el primer paso es que se vaya Maduro. Ya está. Su condición de títere del régimen cubano no se puede tapar y su papel payasesco aburre y da pena.

Diosdado puede tener mil defectos, pero no lo maneja nadie. No pudo el comandante, su camarada desde el principio –esto es, desde el primer intento de golpe de Estado–. Chávez quiso inventarle una gobernación para ladearlo, pero Diosdado nunca aceptó salir de la cocina donde se cuecen las habas. Además, Diosdado sabía algunas “cositas” de Hugo, algunas que se dieron precisamente en aquellas arremetidas contra la institucionalidad democrática del 92, y otras caídas que se mantienen bien ocultas sobre actuaciones de Chávez en situaciones extremas donde se mide en su real magnitud el temple de las personas.

El gobierno de Trump ha manejado bastante mal la cuestión venezolana, es cierto. Peor incluso que como se maneja con el resto del mundo; como que no se dan cuenta de la importancia que tiene para los venezolanos, para la causa de la libertad, de los derechos humanos e incluso para los intereses geopolíticos y estratégicos (y por ello muy peligrosos) del propio Estados Unidos.

La cuestión es simple: adiós  a Maduro, llamado  a elecciones libres y por supuesto, este es el costo, garantías para Diosdado y sus camaradas. Ojalá se dé.

Hay que tener en cuenta, además, algunos otros aspectos que vendrían a complicar la cuestión venezolana, del brazo de la nueva realidad argentina, donde se da por seguro (casi) que el kirchnerismo vuelve al poder.

El candidato Alberto Fernández, piloteado desde atrás por la candidata a la Vicepresidencia, Cristina Fernández de Kirchner, un hombre que le gusta hablar  y lo hace con ese tono “aporteñado“ de algunos pocos argentinos  que afean a todo el resto, ha anunciado que no mantendrá la política de Macri y se afiliará a la propuesta chavista de Uruguay y México, la que se puede resumir en “los problemas de Venezuela son de los venezolanos y deben ser resueltos por los venezolanos”.

Fernández respecto a Venezuela, como a otros tantos temas, ha ido para atrás y para adelante, siempre con su tonito y carita sobradora. Previo a las primarias recibió el apoyo de cuanta organización “progresista” y bolivariana va quedando, con el Foro de Sao Paulo a la cabeza.  Luego quiso desprenderse de Venezuela con algunas críticas y diciendo que no tenía nada que ver, ni lo suyo era parecido a lo que sucedía en aquel país. Fue en ese momento que Diosdado salió a advertirlo y muy clarito le dijo que no se equivocara, que los argentinos no lo habían votado a él sino que habían votado a Cristina. Fernández se ubicó, como lo hizo con relación a otros temas y  dijo, desdijo y se contradijo sumando muchas pavadas e irresponsabilidades, como por ejemplo llamar a Jair Bolsonaro misógino, racista y violento.

El brasileño, que tampoco tiene termino medio pero que es mucho menos frívolo que el argentino, ha salido a castigarlo un día sí y otro también .

Fernández ha corregido rápidamente su anuncio de repudio al FMI, de rechazo y desconfianza al acuerdo en marcha Mercosur-Unión Europea, sobre no pago de deudas a tenedores de papeles argentinos u honrar todo tipo de obligación contraída por el Estado.

Con lo de Bolsonaro es más difícil, ¿qué va a decir, que es el más reconocido líder feminista, del poliracismo y pacifista del continente?

Nuestra América no es fácil.