—La educación es su derecho, saber leer y escribir le hará crecer en todos los sentidos, usted puede que no posea bienes de fortuna, pero tiene una inteligencia innata que debe desarrollar

Así eran los diálogos de Adelaida Ayala de Capriles con una humilde trabajadora que ayudaba en la rutina doméstica de nuestra casa. Buscaba conversación con la empleada y si se percataba que no sabía leer y escribir, desde ese mismo instante se proponía, de una manera persistente, que aprendiera.

Adelaida Ayala de Capriles fue una mujer excepcional bajo cuya sombra me crié. Era una agente de cambios sociales, por eso encarnaba esa sentencia según la cual «nada humano le era ajeno». Ella forjó una familia inmensa por la que se vio obligada a dar la cara, una vez que mi abuelo paterno muriera. Para ella la educación era la base de un hogar y desde luego de un país. Por eso defendía con pasión ese derecho humano esencial, que llamaba a promover sin tregua, asegurando que «si algo podemos hacer por Venezuela, era incorporar al mayor número de seres humanos al mundo de los conocimientos».

Y sigue teniendo razón. La educación es el crisol de la vida, es la piedra angular para sacar adelante a una sociedad. Sin conocimientos, sin que siquiera una persona pueda comprender qué le dicen y qué pretenden los que le escriben, será siempre presa fácil de manipulaciones de todo orden. Un pueblo ignorante será siempre inducido por caudillos especuladores, que se afincan en el poder que ostentan para saciar vanidades. Por eso para nada les importa que esos ciudadanos que buscan acorralar y controlar a como dé lugar estén fuera de las escuelas, cubiertos por la sombra de la ignorancia. Es la mezcla macabra de menos alimentación, menos estabilidad laboral, menos ingresos y menos educación.

Hoy confirmo sus creencias y defiendo sus férreas convicciones. La pobreza es la ignorancia, porque la verdadera riqueza es la educación que le permita a un ciudadano tener conocimientos para hacerse una vida próspera. Por eso, en medio de esta terrible crisis avizoro un futuro promisorio para Venezuela, si nos proponemos cambiar de paradigmas, como sería, por ejemplo, concluir que el futuro de nuestro país y de su gente dependerá de la educación que se le imparta a la juventud y de las oportunidades de desarrollar sus conocimientos que se le ofrezcan.

La tragedia de hoy está resumida en los datos que nos suministra el coordinador general de Excubitus, Alexis Ramírez, quien confirmó que «la deserción escolar en el país ronda el 70% de ausentismo», agregando que «el año escolar que corre está prácticamente perdido».

Ahora hay que buscar tras las carencias de cada familia las causas de ese ausentismo tan abultado. La realidad es que hay millones de niños que sufren la calamidad hogareña de no disfrutar de luz eléctrica, de abrir el grifo y no recibir agua potable, de no tener a la vista un transporte público digno y soportar el hambre mientras reciben las lecciones, porque salieron de sus casas sin probar bocado. Ese cuadro revela la violación más flagrante de los elementales derechos humanos de una persona. La asignación de presupuestos deficitarios a las escuelas, universidades, tecnológicos y pedagógicos delatan a Maduro como responsable del aniquilamiento de la educación.

El maltrato de esta dictadura madurista al sistema educativo nacional es más que evidente. Educadores con salarios de hambre, sin ser estimados como el servidor público más significativo para la nación; plantas físicas deterioradas, aulas destartaladas, sanitarios nauseabundos, laboratorios que se confunden con depósitos de basura y la red de comedores escolares en su mayoría clausurados, convierten el ausentismo estudiantil como «algo normal».

El reto es que la educación se convierta en la gran prioridad. Que deje de ser «la cenicienta» de los gobiernos de turno. Educación con calidad no es una frase retórica, debe ser la expresión de un estado de conciencia conforme a la cual nos dispongamos a convertir el sistema educativo venezolano en la base del desarrollo integral que impulsaremos en Venezuela.