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Nicolás Maduro | Foto: AFP

Los distintos gobiernos de Estados Unidos, por el que ya han pasado tres presidentes, aplican una política que está resumida en el libro Castigar al Príncipe: una teoría de las relaciones interestatales, instituciones políticas y cambio de líder, cuyos autores son Fiona McGillivray y Alastair Smith. Nicolás se queja de las sanciones selectivas impuestas por varios países a él, a muchos de los funcionarios que lo apoyan y a algunos órganos o empresas del Estado. Mientras, el dictador sigue mandando.

El principal efecto de las sanciones es que el dictador tenga poca renta que repartir, lo cual genera que sus compinches o se conformen con menos o disminuya la cantidad de personas imprescindibles que lo apoyan. En el último caso, gracias a la reducción de los beneficiarios, los montos se mantienen. Otra solución es dar rienda libre al abuso de los distintos funcionarios para que expolien a la población. La consecuencia visible de esta política son los trabajadores de los servicios públicos. Un trabajador de Corpoelec cobra por efectuar su trabajo, poner el bombillo que usted le compró; el de Cantv le limpia el cable y mágicamente funciona el Internet ABA. Los policías y soldados obtienen su sueldo de las alcabalas. La gasolina escasa y de mala calidad la cobran a precios internacionales en las bombas administradas por algún familiar. Se repartieron el país al igual que los reyes en el Tratado de Tordesillas.

Insisto, las sanciones disminuyen el dinero para pagar a sus seguidores. Solo que, en nuestro país, el gobierno se adelantó y le quitó a la población los servicios públicos. Esto es una política suicida, ya que al reducir la cantidad de capital en la sociedad ellos tienen menos recursos que robar. En una dictadura desaparecen los bienes públicos.

Como expresa el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos: “La administración Obama impuso sanciones específicas contra personas por abusos de derechos humanos, corrupción y acciones antidemocráticas. La administración Trump amplió significativamente las sanciones económicas en respuesta al creciente autoritarismo del presidente Nicolás Maduro”. Las sanciones son consecuencia de los abusos del chavismo, el desprecio de los derechos humanos y la falta de apoyo a la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.

En cualquier caso, aunque digan que el gobierno continúa, las sanciones consiguieron un objetivo fundamental: amargarle la vida a los que detentan el poder y dificultarles disfrutar –fuera del país– el dinero mal habido. Estas medidas son equivalentes a dejar de invitar a la fiesta al vecino que le pega a su mujer. La sanción diplomática va más allá de la moral en el circuito de las naciones. Nicolás es un apestado que nadie quiere cerca, solo le quedan como fraternales amigos otros dictadores. A Fidel la izquierda internacional lo recibía con mucho cariño, aquí patean al sumiso Partido Comunista y pocos dicen algo. Una situación de secuestro, a veces, se resuelve quitando la electricidad y el agua a los malhechores.

El gobierno de España definió las sanciones como “medidas políticas coercitivas para evitar el uso de la fuerza contra Estados o instituciones que suponen una amenaza para la paz y la seguridad internacionales”. Sin embargo, el gobierno venezolano se defiende alegando que las sanciones son unilaterales, aunque si fueran multilaterales, es decir, de la OEA, la Unión Europea, el Grupo de Lima o la ONU, tampoco les agradaría. Dicen que son ilegítimas, ineficaces, ocasionan más problemas que los que resuelven, perjudican a la población en general. Argumentan, falsamente, que la situación económica que tiene al pueblo comiendo de la basura empezó con las sanciones. A todas estas, siguen sin reconocer sus errores, desmanes y corregir sus desafueros.

Este gobierno depredador dificulta la producción, el comercio y la generación de riqueza, ya que toda actividad tiende a ser un monopolio o a estar sujeto a una autorización o permiso. Sin plata de Pdvsa, préstamos de los chinos o los rusos, ni la posibilidad de ayuda exterior de ningún tipo, esta gente tendrá que trabajar de alguna manera. Se acabó el dinero fácil.

La opción, nunca descartada, de una rebelión interna de las élites militares que disfrutan del poder se demora en presentarse. Menos posibilidades les dan a movimientos populares, reprimidos a sangre y fuego; y con la limitación a la salida electoral luego del control de los partidos de oposición, que en la práctica se ha convertido en un sistema de partido único, estamos esperando el cambio de comportamiento de estos delincuentes. Anímese, Venezuela es un cuero seco, lo pisan de un lado y se levanta por otro (Antonio Guzmán Blanco), los disturbios están a la vuelta de la esquina.

Sepa que Estados Unidos aprobó en 2019 la Ley de Ayuda de Emergencia, Asistencia para la Democracia y Desarrollo de Venezuela (Verdad, por sus siglas en inglés), la cual establece que las sanciones no se aplicarán a transacciones para la venta de productos agrícolas, alimentos, medicamentos o dispositivos médicos, o para la prestación de asistencia humanitaria al pueblo de Venezuela, y a cualquier transacción que les sea incidental o necesaria. Así que Nicolás, deje de esconderse detrás de las sanciones y cumpla con sus obligaciones de darle comida a los más necesitados y servicios públicos a toda la sociedad.

El gran logro de la revolución del socialismo del siglo XXI es que tengamos una vida solitaria, desagradable, pobre, brutal y corta (Hobbes).

@rangelrachadell


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