Claudia López

Señora alcaldesa, usted llegó hace un año a la  Alcaldía de Bogotá con un mensaje muy poderoso: el mensaje de la inclusión. Su victoria daba cuenta de ello, la prensa tituló aquella noche la proeza que significaba, no solamente que una mujer fuese electa por primera vez para un cargo tan importante, sino  que esa mujer, usted, también formara parte de una minoría sexual. Como candidata, usted hizo suyas las banderas de la igualdad y la no discriminación, lo hizo retando incluso a quienes pensaban que Bogotá era una ciudad tradicionalmente conservadora. Su género o condición sexual en nada afectaron sus aspiraciones políticas, como es el deber ser, quizás hasta la hayan podido favorecer. Lamentablemente, no siempre fue así y usted lo sabe, tomó mucho tiempo y sobre todo muchas víctimas para llegar a ese día de octubre de 2019 cuando, con un beso a su esposa, usted pudo celebrar ser la alcaldesa de la capital colombiana.

Costó mucho deslastrarse del discurso machista y homofóbico que durante mucho tiempo estuvo tan enraizado en nuestras sociedades latinoamericanas. Si alcaldesa, dije el discurso. Las palabras suelen tener una fuerza que resulta difícil de contener una vez que estas son lanzadas. Como feminista, seguro usted debe haber escuchado sobre el discurso dominante y cómo una idea se instala en la consciencia colectiva al punto de que la gente comienza a naturalizarla, a rechazar todo lo que se aleje de eso que es considerado “natural” o “normal”. La mayoría, aunque numéricamente sin razones reales para temer, comienza a construir etiquetas para diferenciarse de las minorías, cada vez más señaladas, cada vez más acorraladas, cada vez más perseguidas.

Muchos demagogos en la historia de la humanidad se han montado en la ola de profundizar las diferencias y las divisiones entre los seres humanos para ganar rédito político. Generalmente, este tipo de dirigentes buscan en las minorías un enemigo al que culpar de su incapacidad e incompetencia. Es más fácil culpar a otro que rendir cuentas, así siempre ha sido y para desdicha de nuestros tiempos continúa siendo así.

Enhorabuena, usted se hace llamar progresista y jamás utilizaría ese tipo de estrategias para hacer recaer sobre otros, generalmente en posición de debilidad, las dificultades que pudiera tener su gestión. Difícil sería imaginar que alguien que sufrió en carne propia la discriminación por ser parte de una minoría, discrimine o incite a que se haga lo propio contra, por ejemplo, venezolanos que han tenido que dejar su país para irse a establecer en Colombia. Eso, sin duda, derrumbaría la imagen que usted le ha querido vender a los bogotanos y al mundo.

Es cierto, en todo grupo social hay personas de bien y otras cuya conducta deja mucho que desear. Quienes llegan a otra nación a delinquir deben ser castigados, tengan la nacionalidad que tengan, sean católicos, protestantes, ricos, pobres, blancos o negros. La ley se aplica para todos. Lo que es inaceptable es que se trate de  criminalizar a todo un gentilicio por culpa de unos pocos, que haya connacionales que tengan miedo a decir que son venezolanos por temor a ser discriminados, que sean tratados como un problema cuando la mayoría se esfuerza por convertirse todos los días en una solución para Colombia. Qué suerte tenerla en Bogotá, imagine si llegara alguien a ese cargo xenófobo e incapaz. Solo imaginarlo avergüenza.

@BrianFincheltub


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