En medio de los últimos acontecimientos las instituciones democráticas de Estados Unidos están demostrando solidez. A pesar del esfuerzo de Trump por revertir los resultados electorales, los miembros de su propio partido en el parlamento y el vicepresidente Pence certificaron el triunfo del presidente Biden. Lo hicieron en consonancia con los resultados de más de 60 juicios que no prosperaron en las instancias judiciales, incluido el caso que llegó a la Corte Suprema de Justicia, donde los republicanos tienen una mayoría de 6 contra 3. Algunos pensaron que la máxima instancia judicial de Estados Unidos al estar dirigida por jueces conservadores acabaría dando la victoria a Trump y no fue así, demostrando entereza, independencia e imparcialidad. No hay por ningún lado pruebas de un fraude organizado. Lo que también demostró que el proceso electoral está blindado y que en el camino de obtener los resultados en cada estado está involucrado un esfuerzo bipartidista y cívico, que acompañan los medios de comunicación.

Llama la atención la suspensión indefinida de las cuentas de Twitter, Facebook e Instagram a Trump, lo que también demuestra la responsabilidad de la empresa privada que no puede permitir que se utilicen sus redes para estimular protestas basadas en mentiras o teorías de la conspiración que no han sido probadas. Una cosa es la libertad y otra el libertinaje. Twitter canceló una de sus cuentas más rentables, la de Trump que tenía 88 millones de usuarios. Aquí han cancelado decenas de cuentas de personeros del régimen de Maduro.

En medio de la polémica internacional me ha llamado la atención la cantidad de gente que sigue a un líder de manera ciega y cree cualquier cosa que pueda decir. El episodio me recordó la muerte del dictador norcoreano Kim Jong-il, llorado a moco tendido por su pueblo, cuando la realidad fue que dejó a su nación en el atraso más horrible, violando toda suerte de derechos humanos, dentro de una tiranía nepótica. Todo agravado si se compara con los que sucede con la pujante y democrática Corea del Sur, con quien hasta hace unas décadas formaban una sola patria. Es lamentable que hasta en los países donde existen libertades públicas extensas, proliferen tesis como: las de QAnon, el cuento de los pedófilos liberales, los antivacunas, los terraplanistas, etc.

Biden representa una gran esperanza para el mundo. Todos necesitamos a un Estados Unidos liderando el planeta, haciendo frente al colectivismo chino. Comprometido con el Tratado climático de París, el de “Cielos Abiertos”, la Organización Mundial de la Salud, la Unesco, y trabajando al unísono con los aliados, especialmente los europeos. Queremos ver de vuelta a un Estados Unidos que enarbole la bandera de la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos. Y que predique “no con su poder, sino con el poder del ejemplo”, tal como ha dicho Biden.

El país del norte ha tenido la dicha de haber sido gobernado por grandes estadistas y contar con un empresariado responsable de situarlo en la cima. Así lo queremos y lo necesitamos. Hoy cuando América Latina sufre en medio de la pandemia y la pobreza, recordemos a John F. Kennedy y su “Alianza para el Progreso”. Venezuela necesita cambiar de rumbo. Salir de ya más de 20 años de un régimen corrupto que representa la antítesis de los valores democráticos. Maduro mientras más se aleja de Estados Unidos, más se hunde en su tremedal. Llegó la hora del cambio aquí y allá.

@OscarArnal


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