Foto climate.nasa.gov

Por Alfredo Portillo, profesor titular, ULA

El cambio climático está de regreso. No porque se hubiera ido, o porque haya cesado, sino porque Estados Unidos, por decisión de su nuevo presidente, Joe Biden, se ha reincorporado al Acuerdo de París, lo que implica retomar los esfuerzos para contribuir a reducir los gases de efecto invernadero y contener el aumento de la temperatura global.

Y es que resulta absolutamente incomprensible la política ambiental que llevó adelante el ahora expresidente Donald Trump, al dejar despreciativamente a la deriva los destinos de la humanidad toda, para subsumirse en los adentros del territorio estadounidense, como queriendo obviar el peso económico y militar que, en el contexto global, aún tiene Estados Unidos. Por tal razón, no queda más sino aplaudir el reencauzamiento iniciado por la administración Biden-Harris.

Porque no se trata únicamente de la contribución que pudiera hacer Estados Unidos, como nación y como sociedad, a reducir los números globales de los dos indicadores arriba señalados, sino que se trata también de los enormes esfuerzos de coordinación que hay que hacer junto con unidades geopolíticas líderes como Naciones Unidas,  Unión Europea, Rusia, China, India, entre otras, para conciliar políticas e iniciativas en la dirección correcta.

Ya a estas alturas, cuando se transita por  el comienzo de la tercera década del siglo XXI, muchos de los efectos del cambio climático no se podrán evitar, por lo que hay que pensar en cómo se va a lidiar con eventos como inundaciones, sequías, nevadas, incendios forestales, entre otros, que ocurrirán en diferentes países y regiones del mundo, con consecuencias desastrosas para  grandes masas humanas. Es decir, la tarea que está pendiente  en el plano de las exigencias globales, es la conformación de una coordinación operativa global para hacerle frente a lo que está por venir y, no hay duda, que la contribución de Estados Unidos en ese sentido será decisiva.

Con relación a lo anterior, el papa Francisco lo señaló en el año 2015, al publicar la encíclica Laudato Si, y referirse al cambio climático como  un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y es  uno de los principales desafíos actuales para la humanidad. Y recuerda que hay un consenso científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático. Por eso el papa Francisco considera que el desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, y que entre los pobres más abandonados y maltratados está nuestra oprimida y devasta­da Tierra.

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