En mi andadura por Italia… antes de que el otoño se hiciera dueño y señor absoluto del clima, se realizaron los últimos conciertos al aire libre para la ciudadanía, respetando las distancias y el uso de mascarillas requeridas por el poscovid, fui a uno de ellos en Milán.

Mientras me embelesaba con la música, me sobrevino una epifanía, me pareció que las partes musicales violentas pertenecían al tipo de música “revolucionaria”, en la que todo ocurre rápido y se aporrean oídos sensibles, en cambio, en la parte melodiosa, suave y lenta, percibí que todo “evolucionaba”.

Entonces, como suele sucederme, no pude evitar mi propia teoría: así como el rockero Omar Pedrini, que le canta a las distintas culturas del mundo, ha sido emocionante y devastador a la vez por su rudo martilleo musical, el teniente coronel Hugo Chávez se dejó subyugar por cantos de sirena de Fidel Castro que en 1959 hizo una revolución, ¡un sueño que salió mal! y, como consecuencia, hoy el imperio cubano aplica a una de sus colonias más proficuas, Venezuela, un martilleo cacofónico y rudo, con la anuencia de desleales soldados venezolanos que no expulsan al invasor extranjero.

No digo que antes, en democracia, todo era perfecto como una suave melodía musical, porque la democracia es perfectible.

Recuerdo un episodio de protesta muy divertido cuando en 1972 Isa Dobles organizó un grupo -en el que yo, aún adolescente, participaba- para viajar a Aruba a ver El último tango en París, filme de Bernardo Bertolucci cuya exhibición fue prohibida en Caracas por orden del entonces presidente Rafael Caldera+.

Nótese la melodiosa diferencia del disenso, Caldera no mandó a derribar el avión como seguramente lo habrían hecho algunos de estos bárbaros que hoy usurpan el poder en Venezuela.

Recientemente, los venezolanos tuvieron el 16 Festival del Cine Venezolano Fundación para el Desarrollo de las Artes y Cultura, Fundearc, solo que con hambre no se aprecia. Hay hambre entre mi gente gracias a las notas altisonantes de una presunta revolución, donde los únicos que se alimentan son los jerarcas y enchufados del régimen con su propia y egoísta concordancia. Este festival, por contumaz, se realizó en Mérida ¡figúrense! no hay gasolina para trasladarse para situaciones urgentes, imagínense para ir a ver cine al Valle o Boca de Pino, con apenas 36 obras fílmicas, en total, entre cortometrajes, documentales y largometrajes de estricta factura venezolana y revolucionaria.

Las comparaciones nunca son gratas, pero, por aquello de “las barbas del vecino”, basta dar un vistazo a la selección de al lado, el 37 Festival Oficial Bogocine con el pluralismo de 102 películas de 26 países, que dirige el amigo Henry Laguado, del 21 al 28 de octubre de 2020, en la democrática y cosmopolita Bogotá. Inevitablemente, me viene a la memoria el inmortal escritor José Ignacio Cabrujas: “Qué mal vivimos por no vivir medio metro más allá”.

Este grupúsculo en el poder, que de manera ilegítima tiene secuestrados a los venezolanos con la misma cantilena desde hace 20 años: “Abajo el imperio”, “Patria, socialismo o muerte”, slogans usados demagógicamente cuando en realidad ellos se hallan más bien deprimidos y desesperados porque no les gustan las sanciones que les fueron impuestas ad-persona. Se rumora que están negociando el dejarnos libres, a cambio de que decaigan las sanciones, pero es difícil, porque muchos de sus acólitos están cantando, una vez hechos prisioneros por los organismos internacionales competentes, y las fechorías son demasiadas y muy graves.

Solo hay un clamor que sobresale “Paz a los hombres de buena voluntad” y se escucha en toda Venezuela, pero no lo escucha el régimen, no lo puede oír por el clamor de los tantos muertos de los que son responsables, que retumban en sus pesadillas. No tienen sueños conciliadores.

Pero los venezolanos volveremos -y muy pronto- a las melodias suaves y lentas de la “evolución”, dicho sea de paso, sin la necesidad de Gustavo Dudamel, pues serán -preferible- las delicadas manos de Gabriela Montero, a falta de Teresa Carreño, que interpretará esta vez el Himno Nacional, otrora una canción de cuna, pregonando la libertad.

A mis compatriotas digo: sin esperanza, se desespera, pero les digo también que la parte melodiosa ya esta sonando, lenta, pero evoluciona. Al tenernos prisioneros a unos y secuestrados a otros, en ese odio a los venezolanos que les caracteriza, ellos se han vuelto sus propios carceleros y guardianes sin libertad. Especialmente después de la expansiva solidaridad mundial que la comunidad internacional le confirió a Juan Guaidò, quien la retiene en nombre nuestro.

Ya los hermanitos Rodríguez, Delcy y Jorge, no pudieron pasear o comprar en vía Monte Napoleone en Milán como yo mismo los vi, en el distrito más caro de Europa. Yo en cambio, si bien sigo esperando aún la renovación de mi preciado pasaporte venezolano y obligado a vivir lejos de mi Caracas natal, gozo del respeto y prestigio de haber sido invitado por la Asociación de Prensa Extranjera en Italia, como representante de El Nacional, a participar como jurado en la selección de las Series TV premiadas con el Globo d’Oro 2021 🏆. Agradezco a Gustav Hofer el honor y la oportunidad que me da de ayudarle a crear opinión.

Venezuela ya no es ni será nunca más la misma -que yo tengo en mi corazón- pero está sonando la melodía suave para ella… está sonando, escucha, porque los del régimen ya la están escuchando ¡con culillo!

 

 


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