Boric Podemos
Foto: MARTIN BERNETTI / AFP

Sencillo, no tenemos por qué creerle al presidente electo de Chile al referirse a Venezuela y a Nicaragua, además, tardíamente, como observa con acierto Daniel Radío, dirigente uruguayo de una extraordinaria solidaridad con nuestra causa por la libertad. Siendo muchísimos más que seis millones de personas botadas por el socialismo del siglo XXI de su propio país, es evidente que Gabriel Boric, apenas, incurre en una concesión verbal para la comunidad de venezolanos que espera una firme respuesta humana y humanitaria del gobierno entrante.

El disparo de arcabuz lo reserva para Maduro y Ortega, pudiendo interpretarse, a lo sumo, como una duda táctica, porque de repetir la declaración tendrá que asumir una  postura inequívoca de denuncia de sus reiteradas tropelías, en franca y comprobada violación de los derechos humanos. Obviada toda alusión a Cuba, cuyo pueblo no ha parado de sufrir, suponemos que la  futura canciller, Antonia Urrejola, esperará instrucciones para no afectar a quienes, al fin y al cabo, pertenecen a la familia propulsora de un proyecto hemisférico, llámese Foro de São Paulo, Carmelitas Descalzos, Grupo de Puebla, Cotolengo de Santa Eduvigis, o cualesquiera otros eufemismos de ocasión.

El misil festivo, certero y preciso lo ha lanzado para halagar al boliviano Arce en Bolivia, al colombiano Petro y al brasileño Lula, gesto éste que le da especial timbre a Odebrecht como una empresa tan particularmente promotora del socialismo continental que es sustancial, exacta, radical, y decididamente del mismo empuje en Chile, gracias a la auspiciosa y perversa alianza que orquestó Castro Ruz con Chávez Frías. Valga de nuevo la advertencia, en América Latina y el Caribe se emplea el mismo libreto de la Venezuela que sirvió de magnífico laboratorio a los más obscuros intereses anti-occidentales, deseosos de experimentar con el resto de los países, como exitosamente lo hicieron hacia el sur más próspero, incinerándole el subterráneo y destrozando las imágenes sagradas, como si de la España de los treinta del veinte se tratase: irremediable atavismo de la izquierda inaudita.

Todo indica el desarrollo cabal de una polarización política e ideológica que, acá, fue tan artificial y,  allá, sabrá de la correspondiente ingeniería social que la haga sustentable hasta confinar a los chilenos al falso dilema: socialismo o fascismo, intentando diluir toda fuerza o corriente alternativa, como la liberal, a sabiendas que la democracia cristiana ha sido prácticamente aniquilada o asimilada, todavía aquejada por el complejo allendista y, curiosamente, ahora,  fuera del gabinete. Por su origen y composición, queda pendiente de observar el manejo que Boric hará de unas Fuerzas Armadas que no son las venezolanas de inicios de esta centuria, pero que ayudarán a ensayar con las colombianas bajo la presunta victoria de Petro.

Atentos al curso de los acontecimientos, mal haremos en banalizar el proceso político que repuntará hacia el sur, buscando resolverse cada vez más hacia el norte que le sea posible. Acotemos, esa banalidad deviene tabú respecto al temario socialista, gracias a la (auto) censura y represión aún en el reino de los bytes.

@Luisbarraganj

 

 

 

 

 

 

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