Ya hemos afirmado aquí una positiva y entusiasta opinión sobre las gestiones de la señora Bachelet en la misión que la ha ocupado en Venezuela. Antes de que publicara su primer informe sobre la crisis venezolana, confesamos la confianza que le teníamos por la limpieza de sus antecedentes políticos, mientras voces airadas o enloquecidas la desacreditaban sin fundamento. Hoy no solo ratificamos nuestro parecer, sino que también mostramos gratitud por lo que continúa realizando por nosotros.

Después de su primera visita oficial no ha abandonado su trabajo de seguimiento, sino todo lo contrario. Los funcionarios dependientes de su despacho han perseguido con perseverancia la pista de los delitos, las arbitrariedades y las desatenciones del régimen, relativas a lo que el primer informe planteó y reclamó, hasta reunir evidencias de cómo los responsables de la situación no han cumplido con su obligación de rectificar conductas irregulares y escandalosas. Gracias a la continuidad de los esfuerzos de la alta comisionada, queda demostrada la tozudez de la dictadura en su avasallamiento de los derechos humanos.

Estamos ante un caso excepcional, si consideramos la invariable conducta de la dictadura. Ni siquiera se ha ocupado de disimular sus aberraciones. No se ha ocupado de maquillar a la ligera sus horrores. Más bien los hace desfilar ante nuestros ojos, y ante la mirada de la comunidad internacional, en una demostración de insólita desfachatez. Como si no le importaran las desdichas de los gobernados, ni las iras que crecen en el extranjero. Como si no fuera el culpable de un dolor colectivo que clama ante el cielo. Como si no hollara principios fundamentales de la civilización y la democracia, según queda comprobado con el primer informe de la señora Bachelet y con los agregados que ahora han salido de su oficina.

Las asociaciones civiles que se ocupan de la vigilancia del caro asunto de los derechos humanos están haciendo llamados a la ciudadanía, para que respalde el informe de la señora Bachelet y para que manifieste en la calle su protesta por las monstruosidades de la usurpación. Oportuna convocatoria que debemos atender, a menos que prefiramos la pasividad, la abulia, la desidia, mientras el usurpador y sus secuaces se burlan de un documento fundamental que puede convertirse en papel mojado sin la beligerancia del pueblo venezolano.