La deriva del gobierno de Pedro Sánchez contra instituciones básicas de la democracia es cada vez más alarmante. Y el viernes esos ataques los protagonizó el propio Sánchez durante una entrevista en La Sexta en la que ni siquiera su ataque a la libertad de prensa mereció una firme contestación por parte de su interlocutor. Ni siquiera cuando Sánchez hizo la afirmación más grave que se ha escuchado hasta ahora contra la libertad de prensa en España: «Hay que abrir un debate, porque libertad de información no es libertad de difamación». Por supuesto que no lo es. Pero aquí nadie ha difamado. Y si Sánchez considera que lo ha hecho alguien ¿por qué no le ha denunciado ante la Justicia? El presidente pretende ahora definir qué es libertad de información. ¿Va a ser él quien lo determine? ¿Va a ser una mayoría parlamentaria, ésta u otra? ¿Pretenden redactar una nueva ley de Prensa como la Ley Fraga de Prensa e Imprenta de 1966? ¿Favorecerá la libertad de prensa más o menos que aquella?

Hay que reconocer que Sánchez empieza a mostrar sus intenciones totalitarias con absoluto desparpajo. Es inimaginable que ni en los gobiernos más autoritarios de Europa pueda haber un presidente o primer ministro que se atreva a decir que va a ser necesario debatir sobre qué es la libertad de información. ¿Se imaginan los titulares de algunos medios españoles si el primer ministro húngaro Viktor Orbán se hubiera atrevido a hacer semejante propuesta? ¿O si la hiciera Javier Milei?

Este ataque de Sánchez ha ido acompañado de otra agresión a la judicatura. En la misma entrevista, Sánchez ha dicho que se archivará la denuncia contra su mujer porque «aquí no hay caso». No sabemos si los conocimientos legales de Sánchez son tan amplios que le permiten anticipar esa conclusión o si, por el contrario, está enviando al titular del Juzgado un recado sobre lo que conviene hacer.

Volviendo al ataque a la libertad de prensa por parte de Sánchez, nunca está de menos recordar las palabras de Thomas Jefferson, tercer presidente de Estados Unidos, titular de esa magistratura entre 1801 y 1809. Su frase «Yo prefiero tener prensa sin gobierno que gobierno sin prensa» formaba parte del pensamiento de un político abierto a la discrepancia, a las opiniones adversas y a las críticas. Exactamente la antítesis de lo que hoy representa Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Y esto es de una enorme gravedad porque sin una prensa libre no hay democracia.

Editorial publicado en el diario El Debate de España

 


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