Hace varios días se conoció que el Pentágono monitoreaba el desplazamiento de dos buques de la Armada iraní por el Atlántico. Se trataría de una fragata y el Makran, un expetrolero considerado el más grande fabricado en Irán.

La alerta de Washington es más que lógica. Son dos países que suman décadas de enemistad y que mueven fichas con golpes a la mesa desde que el gobierno de Donald Trump decidió salirse, en 2018, del pacto nuclear suscrito entre Teherán y las seis potencias mundiales (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania). Sobre Irán recaen desde entonces sanciones económicas que afectan sus exportaciones de petróleo y productos petroquímicos. Sobre la vuelta al pacto y el levantamiento de sanciones se sigue negociando esta semana en Viena.

Hasta aquí se trataría de un tema más para la discusión de expertos en política internacional, con actores de ligas mayores y elementos sociopolíticos, y hasta religiosos, que para el venezolano de a pie parecen muy lejanos.

El asunto es que desde hace años se ha venido denunciando una opaca relación entre Venezuela y algunas naciones islámicas, entre ellas Irán. Y cuando alguna alarma suena, el nombre de este rincón tropical sale a relucir. Esta vez no es la excepción: según funcionarios de inteligencia estadunidense el destino final de esos buques está en nuestras costas y la carga no es precisamente de juguetes.

John Kirby, portavoz del Pentágono, dijo a CNN que el Departamento de Defensa de Estados Unidos consideraría la entrega de armas como un acto de provocación y una amenaza para el hemisferio occidental. “En tal caso, nos reservamos el derecho de tomar las medidas apropiadas para disuadir esa entrega”, señaló. Entretanto, Irán hizo votos porque Estados Unidos “no cometa un error de cálculo” ni viole su derecho a la libre navegación. “Irán se reserva el derecho de celebrar lazos comerciales en el marco de las leyes y regulaciones internacionales, y considera que cualquier interferencia y seguimiento de estas relaciones es ilegal y ofensivo”, afirmó el portavoz del gobierno iraní, Ali Rabiei, Y aunque no confirmó la naturaleza de la carga, indicó que su país tiene derecho al comercio de equipos bélicos.

Como Venezuela está en el medio es lógico que nos hagamos preguntas. Si se confirma, por ejemplo, que son armas las que navegan hacia nuestro territorio, los venezolanos tendríamos derecho de saber con qué objetivo y por cuál contraprestación. También es oportuno replantearse cuáles son las prioridades en un país en el que las necesidades básicas no están garantizadas y en el que ni siquiera hay vacunas suficientes para inmunizar a la población contra un virus que la está matando. Estar armados hasta los dientes no puede ser la respuesta a nuestros males.

 


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