Anoche tuve una pesadilla. Chávez era el presidente de Estados Unidos. Había ganado en buena lid, pero apenas tomó posesión comenzó a decir medias verdades y exageraciones. Desde el primer día no dudó en afirmar que la concurrencia al acto de su inauguración frente al Capitolio fue la mayor nunca habida. A Izarrita le tocó defender la versión de su jefe sobre la inauguración con tal afán que el lunes siguiente ya tenía su parodia en Radio Rochela.

Los medios de comunicación ayudaron mucho al triunfo de Chávez en sus primeras elecciones presidenciales. Al poco tiempo, como no fueron necesariamente complacientes con él, se convirtieron en el “enemigo del pueblo”, propagadores de fake news. El término “fake news” surgió como un apelativo del Chávez guachintoniano a las noticias sobre su gestión no amoldadas a su realidad o a las versiones presentadas por Foxovisión.

Chavetón ha hecho todo lo posible por minar las instituciones políticas norteamericanas y sus tradiciones. Su primer discurso en la sede de la Disip, en Langley, Virginia, fue otra vez sobre la multitud que lo apoyó el día de su inauguración, haciendo caso omiso a la politización partidista a la cual deben estar ajenas las instituciones policiales. Luego, la misma Disip y todos los demás organismos de inteligencia sufrieron una gran arremetida presidencial cuando Chávez dijo al lado de Fidel que le creía más a él que a todos sus órganos investigativos, cuando le preguntaron en Helsinki si había hablado con el cubano sobre la injerencia de la Cuba de Putin en Venezuela.

¡Ay de quien se atreva a investigar cualquier cosa ligada a Chávez! En mi pesadilla, el primer jefe de la PTJ fue despedido porque dejó correr una investigación a la campaña electoral del presidente que había heredado de la administración anterior. Cuando un juez de apellido Curiel acogió denuncias relacionadas con una universidad que Chávez promovió en Barinas, el mandatario lo acusó de escuálido copeyano. A los socialdemócratas que quisieron investigarlo y destituirlo desde el Congreso los llama horribles y crueles, con un dejo de falsa humildad. Y desde que salió absuelto de la investigación de la que se le acusaba por entregar el Esequibo a cambio del apoyo cubano en el mantenimiento de la seguridad y protección de su gobierno, se declaró agente máximo del orden público, por lo cual indultó al Pollo Salazar, a los bolichicos y a Walid Makled, no sin antes acusar a la jueza Afiuni, del tribunal distrital de Guáchinton, de haberse parcializado en contra de su amigo Rogelio Piedra, acusado de mentirle a la policía y al Congreso por las investigaciones que se le hacían al presidente.

Pero Chávez no fue el único protagonista de la pesadilla. El caudillo de Sabaneta anda otra vez en campaña, ahora por su primera reelección. Todavía no ha anunciado el cambio que quiere hacer a la Constitución para poder tener un tercero y cuarto mandatos, pero ya ha mostrado su inconformidad con el hecho de que todavía no puede ser reelegido indefinidamente. Su candidatura no tiene rivales en el partido de gobierno, mientras que la oposición está en un proceso de elecciones primarias para seleccionar a quien se opondrá al caudillo gringo.

Parte de la pesadilla es que en las opciones socialdemócratas frente a Chávez aparecen por un lado, Rafael C. Biden  y Francisco Arias Sanders, y por el otro, el hombre del caballito, Miguel Salas Bloomberg.

Rafael C. ofrece al electorado más o menos lo mismo que había cuando nuestro Chávez guachintoniano llegó a la presidencia. Arias Sanders se nos muestra en el sueño como la versión bizarra (como en el mundo bizarro de las comiquitas de Superman) del caudillo. Salas Bloomberg, por su parte, no angustia tanto como cuando compitió con Chávez la primera vez. En aquella ocasión, se ofrecía como un arrogante representante de la derecha, acaso con visos de tecnócrata, más que de político sensible ante los problemas de los humildes. Ahora, luego de tres períodos como gobernador en Valencia, habla sobre cómo redujo el desempleo y la criminalidad en su estado, y cómo después, en su condición de empresario, invirtió en campañas en favor de la defensa del medio ambiente y contra la proliferación de armas de todo calibre en la población, que han causado repetidas matanzas masivas en los últimos años.

Salas Bloomberg, quién iba a creerlo, un hombre sumamente rico, aboga ahora por hacer asequible los servicios de salud y de educación a los menos favorecidos, teniendo como punto de partida la forma como esto se venía haciendo antes de Chávez, ubicándose en la línea media entre Arias Sanders y el Chavetón, aunque sin volver a los tiempos de Rafael C. Biden.

En mi sueño, una de las principales fuentes de angustia es la falta de unidad que emergió repentinamente entre los socialdemócratas que compiten para bajar a Chávez de su trono. Hasta hace unos días, todo iba bien, con altos y bajos entre los precandidatos. Primero, parecía que todas las de ganar la tenía Rafael C. Biden, un hombre honesto y decente.  Así lo decían todas las encuestas nacionales. Pero hubo una primera competencia local, en el estado de Iowa, que ganó un millennial gay muy preparado, ex alumno de Harvard y veterano de la guerra en Afganistán, aun con sus 38 años, Pedrito Buttigieg. Arias Sanders obtuvo la mayor votación, pero con este sistema electoral norteamericano tan complicado, fue Pedrito quien obtuvo la mayor suma de delegados en favor de su nominación.

Vinieron entonces las primarias en Nueva Hampshire, y ahora sí ganó Arias Sanders, con Pedrito pisándole los talones. La debacle fue para Rafael C. Biden, que figuró cuarto en Iowa y último, con cero delegados, entre los cinco candidatos con chance en Nueva Hampshire.

La campaña de Biden ha venido apostando a la cuarta y quinta selección primaria de Nevada y Carolina del Sur. Las dos primeras contiendas tuvieron un electorado abrumadoramente de raza blanca. En Nevada, hay una importante presencia hispana (1 de 5) y en Carolina del Sur, la mayoría de electores (60%) son de raza negra. Rafael C. Biden tuvo el mayor apoyo de estas dos comunidades de votantes hasta apenas ayer.

La novedad y lo que ha puesto a puesto a pelear a los socialdemócratas entre sí es la presencia del hombre del caballito. Hasta este miércoles 19 de febrero, hubo 8 debates, en los que Salas Bloomberg no había participado porque decidió tardíamente entrar en la competencia. En el debate del miércoles, quien recibió más palos fue precisamente el nuevo contrincante. Era de esperarse. Los medios ya hacían críticas a su gestión como gobernador valenciano, cuando combatió la delincuencia afincándose en las barriadas populares, y en su gestión como empresario, de la que le han reaparecido varias demandas que tuvo que acordar bajo la mesa, por acusaciones de maltrato verbal a empleadas.

Con apenas unas semanas de campaña masiva de publicidad por todos los medios del país (más de 230 millones gastados hasta ahora), el hombre del caballito se posicionó entre los 3 precandidatos con mayor popularidad. Esto aunado con los altibajos en las encuestas del resto de los candidatos, influenciados por cómo han sido los resultados de las dos primeras convocatorias primarias.

El debate del miércoles era definitorio para casi todos los precandidatos que participaron en él (hay otros que no calificaron para la discusión). De allí el modo como se desarrolló, con un todos contra todos y casi ninguna crítica a Chavetón, que es de donde viene la angustia. Cada uno se planteó ganarle al resto como fuera, y especialmente a Salas Bloomberg, que no se ha medido en primarias hasta ahora ni lo hará hasta el mes que viene, pero ha mostrado mucha fuerza en las encuestas.

La diversidad de las asambleas de este sábado en Nevada y de las primarias en Carolina del Sur, una semana después, van a decir mucho sobre la verdadera pegada de cada uno de los precandidatos. Y el 3 de marzo viene el Supermartes, en el que van a primarias 14 estados, con Texas y California entre ellos. Y allí sí competirá Salas Bloomberg.

Si los socialdemócratas continúan atacándose entre ellos y no se centran en discutir las políticas de Hugo J. Chávez, o escogen al candidato equivocado, esto pudiera desembocar en la consolidación de un régimen en el que continuarán abriéndose grandes grietas para la democracia, más amigo de Rusia que de la Unión Europea, y promotor de la manada de populistas que ha venido apareciendo por todo el mundo. Una verdadera pesadilla.

¡Puff! Me desperté pensando en Guaidó.

@LaresFermin