En el primer trimestre de este año 2019 el Banco de la República informó que la inversión extranjera directa en el país vecino se catapultó casi 70%. De los 3.335 millones de dólares que se recibieron, 1.500 fueron a apuntalar al sector minero y petrolero y 540 a la industria manufacturera. El restante 40% se estacionó en el área de servicios.

Es bueno lo del petróleo porque ese sector viene revelándose como el más salidor de la economía colombiana en el futuro cercano y es igualmente positivo lo alcanzado en el área de los servicios, pues turismo y transporte son altamente generadores de empleo.

El gran problema es que el sector industrial está rezagado en lo atinente a la captación de capitales foráneos. Allí es donde está la novedad: este último sector no viene superando, a los ojos del exterior, las trabas que impedían una mayor apuesta de los capitales foráneos .Las cifras anteriores revelan que el país neogranadino está siendo observado con detenimiento y que el capital privado se siente atraído a trasladar allí capitales de riesgo. Ello deriva de una percepción generalizada del manejo global de la economía. La visión que se tiene en el exterior de la dinámica colombiana es positiva, tanto si la miran los europeos, los estadounidenses y hasta los chinos.

Uno de los temas llamativos, por ejemplo, es la manera como Ecopetrol está explorando opciones de negocios conjuntos con importantes socios norteamericanos, como Occidental Petroleum, que cumplan con el propósito de conducir al país a incrementar el nivel de reservas de energías fósiles en campos off-shore. De hecho, la petrolera colombiana, que para muchos ha tenido resultados históricos decepcionantes, hace un mes estableció una inversión conjunta con la transnacional para explotaciones en la Cuenca Pérmica. Este tipo de incursiones por fuera de su territorio vendrían a complementar los esfuerzos por desarrollar su experiencia en fracturación hidráulica, la que ha tenido importantes tropiezos en el país por razones de índole ambiental. El Estado colombiano aspiraría a recibir por la vía de los desarrollos petroleros 30% de su PIB para dentro de 30 años, a través de la vía de ingresos tributarios, renta y dividendos de Ecopetrol y regalías. Es impensable llegar a esta meta sin cuantiosísimas inversiones que deben provenir, en la mayor proporción, de inversionistas extranjeros.

Solo que el sector de los hidrocarburos no puede ser la única apuesta. Haría falta apuntalar con capitales y con tecnologías de avanzada otras industrias. El gran drama del momento, en el terreno empresarial colombiano, consiste en que las trabas que dificultan las inversiones manufactureras se mantienen como inmensas barreras.

La alta tributación es una razón de peso, pero lo es más la falta de competitividad y la ausencia de cadenas de valor. Todo lo anterior redunda en la reticencia de los capitalistas, propios y extraños, en emprender nuevos negocios. Pero, además, industrias de envergadura que han echado raíces en suelo neogranadino recogen sus bártulos para emigrar a otras latitudes. Es el caso de Michelin, Mazda, Philips y Bayer, por citar solo algunas de las de gran talla. Escollos importantes en la seguridad jurídica  y otras debilidades inherentes a la intrincada geografía del país y la falta de vías de comunicación apropiadas, están también en la lista.

Este rezago lo viene arrastrando Colombia desde varios lustros y una muestra de ello es la débil participación del sector manufacturero en el producto interno colombiano. No ocurre lo mismo con el sector comercio, el que continúa atrayendo flujos significativos de capital de terceros países. Las inversiones en el agro son otro enorme problema por sus muy particulares características, pero ello no es motivo de análisis en este artículo

Así, pues, un sector imprescindible como la manufactura, para la generación de empleos y de riqueza, no está siendo adecuadamente atendido y ello es lo que provoca la desatención externa. En este año se espera un mejor escenario en términos numéricos, pero es necesario anticipar que de nuevo serán las inversiones en sectores extractivos, el comercio y la banca las que se llevarán la palma y no la industria de la transformación.