Los que se hacen llamar revolucionarios prepararon el contrataque. No esperan más y decidieron que ya está bueno de gobiernos decentes y progresistas en América Latina.

Los recientes disturbios en Chile: la destrucción de estaciones del Metro, autobuses, la quema de edificios, la destrucción de patrimonio de la nación, da cuenta que no se trata de algo casual. Esto es planificado. No queden dudas. La izquierda extrema está de vuelta y hace lo que sea para recuperar el terreno perdido.

Ya antes lo han hecho en Argentina, donde están a una semana de recuperar el poder a menos que ocurra un milagro, y en Ecuador, con un Lenín Moreno emproblemado porque no ha podido manejar la crisis que heredó de Rafael Correa, uno de los líderes de la contraofensiva.

«Atiendan a sus países que los tienen alborotados», recomendó Nicolás Maduro a los gobernantes del continente, en una seña clara para que dejen tranquilo al régimen, ahora con un escaño en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. En una de sus alocuciones, cada vez más soporíferas, criticó al Grupo de Lima, al que calificó de cartel del narcotráfico.

Diosdado Cabello tuiteó en la misma línea de su jefe político. Luego de un toma y daca con el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, aseguró que el huracán bolivariano, del que el chavismo pretende ser dueño e intérprete, volverá a enseñorearse en el continente.

No solo están en lista Chile, Argentina y Ecuador. Perú, Colombia y Brasil también han recibido los embates de la desestabilización, y en España, lo de Cataluña no pinta bien, con infiltrados que llegan de Europa y Latinoamérica para apoyar la independencia y empantanar un deseo legítimo de una parte de la población.

Para la izquierda extrema esas protestas son legítimas, aunque acudan a la violencia y destruyan patrimonio de la nación. Todo justifica a los pueblos oprimidos, dicen. En el fondo lo que quieren es generar un caos que sea caldo de cultivo para retomar el gobierno. El discurso de la autonomía de los pueblos es basura, pero le suena bien a los que no han logrado nada en su historia de vida.

Ya lo dijo el politólogo Pedro Urruchurtu en un hilo de Twitter: las protestas sociales de Iberoamérica tienen un oscuro interés por detrás, buscan acabar con el Grupo de Lima y desestabilizar la región.

No es lo mismo, eso sí, acá en Venezuela, donde Maduro y su combo han creado un complejo aparato represivo y comunicacional para mantenerse en el poder y limitar al máximo a los disidentes, como ya pasó en Cuba. Protestar es subversivo y hacerlo contra un régimen de izquierda casi que es un pecado y tiene sus consecuencias, la cárcel lo menos oneroso.

Después de la semana pasada, con la vergüenza de lo que aconteció en la ONU, es claro que las cosas cambiaron. Visto lo sucedido dudo que los que se hacen llamar revolucionarios se conformen con preservar el botín que significa Venezuela, van por más. Se vienen situaciones más rudas en todo el continente. Lo de estas semanas es solo la cuota inicial de lo que nos espera.