Tan interesante como antigua es la estrategia del engaño, se presenta inofensiva con los atavíos de falsa dulzura y belleza fingida. Las palabras cual perfume se dispersan en la atmosfera activando los sentidos, provocando la respuesta natural al diseño que nos ha sido asignado, la nariz se vuelve timón de la cabeza y por ende del resto del cuerpo. La mirada pierde el enfoque, y tanto el tiempo como cierta energía vital, se ve comprometidos en el oficio de aquello que no te corresponde. Todo esto, al tiempo que se tejen lazos y se arman pactos que nunca estuvieron en los planes, o no fueron gestados en el sueño primigenio de la existencia individual de cada cual, cuyos pasos específicos ya se han escrito tanto para los que creen, como para los que se reúsan a entender.

Sociedades cada vez más dinámicas disfrazan la pereza con nuevas tendencias de instantaneidad y repliegan el esfuerzo y la constancia como coordenadas no útiles en un GPS sin rumbo alguno. Se escolariza el egocentrismo y se populariza el amor propio, por sobre cualquier otro afecto natural, priorizando bocanadas de insensato placer producto de la aprobación, validadas con cifras sin rostros de quienes aparentan inclinarse a tu parecer momentáneamente; mientras te pierdes en una mar de ráfagas de estimulaciones en una dimensión alterna. Percibo ese mundo como entrar en el espacio de una lluvia de meteoritos ardiendo constantemente, que se desplazan a toda velocidad y sobrevives si evades no solo los presuntos impactos letales, sino también sus estelas ardientes y tóxicas. No te has librado de una, cuando la que le sigue ya se encuentra lo suficientemente cerca para impedirte correr.

Para algunos solo serán visualizaciones, pero para otros es la descripción de un mundo bajo fuego, sin tregua para el alma o el pensamiento, y escolástico si se tienen los ojos bien abiertos. Como pérfidos se considera a aquellos que no comparten tales velocidades y buscan vivir más lento, un tanto por no poder correr, y otro tanto por no querer envejecer tan a prisas. Esta semana, he meditado en una frase que advierte del engaño subyacente en el extravío de los sentidos, siendo los mismos que permiten captar estímulos y dar respuesta a tales estimulaciones. Me preguntaba, de extraviarse alguno de ellos todo el sistema de respuesta asociado al mismo, se ve inmediatamente comprometido, enlutando el diseño original y estandarizando el pensamiento y comportamiento en una búsqueda inconsciente de encajar o recibir aprobación.

La cuestión es, ¿cuánto tiempo se permite el engaño que extravía los sentidos?, ¿se hace por desconocimiento o total ignorancia? o resulta una posición cómoda de no establecer postura o asumir responsabilidad. Es más beneficioso un par de complacencias, mientras el perpetrador del engaño se consume en múltiples ocupaciones y asignaciones que le hacen más visible y alimentan el ego, en constante avidez de aprobación por asuntos no resueltos en el corazón. Está más que claro, que la naturaleza humana no exime a nadie de estar un día en el roll del trapacero, que busca lograr sus objetivos con intenciones mezquinas, o del extraviado que sede toda autoridad en la dispersión de sus pasos, que, sin duda, prosiguen al extravío de todos sus sentidos, unas veces por ignorancia propia del camino de cualquier aprendizaje, o peor aún, en la comodidad de una postura con el menor gasto energético posible. Donde no se confronta para no disentir, en el rechazo inmediato que activa la fricción.

Ante la habilitación de accesos a nuevas temporadas, como son el presente comienzo de año, mi aporte inicial es inspirarte a tomar la posición de confianza que una situación segura, muy lejos de ese mar de rocas incendiarias y estelas tóxicas pueden brindar. Mirando desde los linderos las corrientes confluir y evaluando desde la seguridad de un diseño original, los pasos que ya fueron escritos para ti. Así, evitarás desgaste, pero seguramente deberás enfrentar un par de fricciones que el sentido contra corriente ofrece a quienes caminan mientras otros corren. Realmente no necesitas encajar, solo las piezas encajan porque ya han sido cortadas, cercenadas a una única postura y posición vecinal. Tú portas vida, y la vida es un estado transitorio en constante transformación.

@alelinssey20


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