Nos referíamos desde esta tribuna, hace ya una semana, al importante compromiso político suscrito en la Asamblea Nacional, aprobado bajo el título “Acuerdo para corroborar la ruta política integral planteada al país que permita elecciones libres y transparentes como salida a la crisis que viven los venezolanos y la reinstitucionalización del país”, haciendo para entonces una defensa y reivindicación vehemente del mismo, ante una serie de ataques injustificados por parte de quienes se dicen opuestos al desgobierno; tocando ahora no solo confirmar dicha defensa, sino además explorar las razones del ligero ajuste en el lenguaje de la propuesta inicial del liderazgo democrático, que aunque a primera vista luce como un cambio de ruta, mantiene en todo caso la esencia del compromiso planteado, que no es otra cosa que el cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

Veamos… Guaidó afirma ratificar el acuerdo como salida política, el cual estipula la separación de cargos, la conformación de un Consejo de Estado, la reinstitucionalización de los poderes públicos y la celebración de elecciones realmente libres, que en todo caso es la propuesta que se llevó a la mesa de negociación en Barbados y ante lo cual es preciso preguntarse ¿dónde está el cambio de ruta?

El primer punto, que es la separación de cargos, no obstante que supondría la eventual separación de Juan Guaidó de su posición de presidente interino ampliamente reconocido por al menos 60 países de la comunidad democrática internacional, implicaría a la par la separación de Nicolás Maduro de la posición cuya ocupación es ampliamente cuestionada, pero que en la práctica ejerce desde la casa de Misia Jacinta. Así, se alcanzaría entonces el primer objetivo de los inicialmente planteados en la ruta desde el pasado mes de enero, que es el cese de la usurpación.

Luego, la propuesta incluye la conformación de un Consejo de Estado y la reinstitucionalización de los poderes públicos, por lo que toca entonces preguntarse: ¿En qué consiste esta propuesta sino en la conformación un gobierno de transición? ¿No es acaso la propuesta de creación de un Consejo de Estado una forma de gobierno amplísima como demandan las circunstancias? Y de allí que entonces, con un Consejo de Estado en pleno ejercicio de sus funciones de gobierno, cuál tarea es perentoria sino la de impulsar la reinstitucionalización de los poderes públicos en armonía con la legítima Asamblea Nacional. ¿Acaso existe una Contraloría General de la República que vele por la pulcritud del manejo de los recursos públicos? O quién puede negar que la Fiscalía, el Máximo Tribunal y el Poder Electoral están plegados a las instrucciones que les dicten desde Miraflores. ¿Es o no necesario impulsar y apurar la reinstitucionalización en el marco de la propia transición? Se mantiene entonces en la ruta y aún con más detalle, propósito y objetivo, la demanda por un gobierno de transición.

Y aterrizamos así en el tercer elemento que no necesita mayor análisis, que es la demanda por elecciones realmente libres, donde la novedad no es otra que el agregar la exigencia de realidad, es decir, con rechazo a cualquier maniobra que las convierta en aparentemente libres. Por ello, la reinstitucionalización en el marco de la transición es vital e indispensable, pues de allí saldrá la elección de nuevas autoridades del Consejo Nacional Electoral, que a su vez trabajen en brindar las garantías necesarias para que nuestro voto cuente, por lo que entonces en el mismo lugar de la ruta se mantiene la exigencia de elecciones libres.

En este espacio no existe la incondicionalidad y ya en otras ocasiones se ha criticado constructivamente la ejecución y puesta en escena de algunos elementos de la estrategia de los sectores democráticos; sin embargo, siempre con respeto y consideración a quienes ponen el pecho en el asador. Por ello, no se entiende la política de los haters que denuncian traición donde no la hay. No se entiende a quienes se dicen opositores y trabajan más por la destrucción sin base ni fundamento, de quienes más trabajan por construir una salida a la innegable crisis política. Y es que a quienes critican por criticar, vaya ante todo el mensaje de que den fundamento a su crítica; y el llamado a que enfoquen donde está realmente el enemigo de la libertad, la democracia y el bienestar de Venezuela, pues, aunque en la acera democrática haya ajustes en el lenguaje y por qué no, también estratégicos, la ruta es la misma, siendo en la capacidad de observar, analizar y de hacer los ajustes pertinentes, donde reside el liderazgo.

@castorgonzalez