Ahsoka de Disney+ es, sin duda, la continuación digna y bien planteada de Star Wars: Rebels. Pero justo ese punto es lo que hace que, al menos, sus dos primeros capítulos sean una introducción que ralentiza el ritmo y convierte la narración en una serie de subrayados innecesarios. 

Ahsoka Tano (Rosario Dawson) no sigue las reglas estándar de la cultura Jedi. El personaje menciona lo anterior en varias ocasiones, de los dos primeros capítulos de la serie que lleva su nombre. Lo cual es extraordinario, en la medida que recuerda que Ahsoka (Padawan, Jedi, rebelde, expatriada) es un personaje a la periferia. De hecho, la serie comienza por dejar en claro, que la caída del Imperio y el surgimiento de la República, solo acentuó las sombras y las luces, de una galaxia golpeada y sacudida por la reciente violencia sufrida.

Más cercana a Andor que a Obi Wan Kenobi, la serie de Dave Filoni es un homenaje sincero al mundo de Star Wars, desde una madurez narrativa evidente. El tono total de la producción es la de un leve pesimismo. A pesar de que no se deslinda del todo de los elementos de la Space Opera, Ahsoka se basa en largas conversaciones y la capacidad de sus personajes para expresar la dura carga de experiencias que llevan a cuestas. Lo que incluye, las heridas sin sanar, un pasado tumultuoso y la reintegración a una cierta normalidad maltrecha.

Solo que Ahsoka todavía tiene una misión. Los dos primeros capítulos se enfocan, tal como se tratara de una continuación espiritual poco disimulada de Star Wars: Rebels, en la búsqueda de Ezra Bridger (Eman Esfandi). Para el comienzo de la producción, su desaparición sigue siendo un misterio. Uno que, además, atormenta a Sabine Wren (Natasha Liu Bordizzo) y por el que Ahsoka recorre el universo en busca de respuestas. El guion de Dave Filoni, pone especial interés en dejar claro que hay un motivo emocional y moral en el propósito de sus figuras.

Varios escenarios que se ajustan unos a otros con dificultad 

Pero justo por eso, a la historia le lleva esfuerzos comenzar a contar su conflicto. De hecho, el primer episodio se limita a diálogos de contexto y en la presentación de los escenarios. El amor de Filoni por la franquicia es evidente y cada escena (desde la batalla inicial protagonizada por dos Sith hasta el recorrido de la protagonista a través del cosmos en busca de pistas), demuestran su conocimiento profundo de su mitología.

Ahora bien, la gran pregunta que es imposible no formularse es si Ahsoka puede sostenerse sola sin depender del resto de las historias de la franquicia. La sombra gigantesca de Rebels está ahí, pero no es la única. Para comprender a cabalidad este relato de criaturas que apenas se recuperan de una guerra, habría que remontarse tanto al canon literario como al televisivo. Lo que pone al argumento en una situación complicada. La producción tiene el grave —e insalvable, por los momentos— problema, de no encajar bien en ninguna parte del gran mapa de eventos de la saga. Mucho más, cuando se encuentra en el terreno movedizo de ser un live-action de un querido que marcó época.

Pero más allá de eso, el verdadero problema de Ahsoka es ser en exceso emocional en algunas ocasiones y otras, tan lineal como para resultar tediosa. A pesar de su interesante relato sobre un período casi novedoso en Star Wars, la sensación general de la serie es que no pertenece a ningún lado, que son fragmentos de una gran cantidad de información a la vez y que, en ninguna forma, esa combinación logra sostener una única narración.

Incluso, la serie tiene problemas para ser algo más que un conjunto de premisas, por ahora, poco claras. ¿Se trata de la búsqueda de Ezra? ¿De la presentación del Gran Almirante Thrawn (Lars Mikkelsen)? ¿De vincular a la serie con el resto de las nuevas tramas de Star Wars? Es notorio que Ahsoka pertenece al llamado Mandoverse, en la medida que comparten una línea conjunta de acontecimientos que se entrecruzan unos a otros.

Ahora bien, el gran inconveniente sigue siendo uno: Ahsoka tiene una cualidad fragmentaria, solemne y movediza que da la sensación de no llevar a ninguna parte. Que, en realidad, es solo el preámbulo de algo más grande, que se insinúa a la distancia. Por lo que es imposible definir —ahora mismo— su identidad, sentido o dirección.

De nuevo, a recorrer la galaxia muy, muy lejana 

Con dos capítulos estrenados y seis para resolver su conflicto, todavía es muy pronto para predecir qué ocurrirá con Ahsoka o cuál será su conclusión, en una búsqueda que parece esencial, pero no del todo capital. En medio de personajes que toman decisiones sobre su futuro y que buscan cómo enfocar su porvenir en líneas más o menos comprensibles, la serie divaga más de lo que relata.

¿Se guarda Filoni lo mejor de la trama en medio de los conmovedores guiños a un universo amplio y mejor construido? La gran cuestión podría ser, en cualquier caso, cuánto tiempo puede Ahsoka solo depender de relatos previos sin comenzar el propio. La gran disyuntiva que deja abierta su estreno.

 


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