Las organizaciones políticas socialistas vienen actuando a través de amplias redes globales en franca cooperación con gobiernos totalitarios cuyo fin último es el de destruir al capitalismo e imponer el modelo socialista. Para intentar conseguir ese objetivo cambiaron la táctica armada por la electoral, con la particularidad de manipular los procesos electorales para la conquista del poder, dar apariencia democrática a sus resultados y en aquellos, casos donde tuvieron éxito, preservarlas en el tiempo y usarlas entre variados objetivos como cabeceras de playa para la intervención en el resto de los países iberoamericanos.

Sus herramientas se sustentan en deshacer la cultura de los pueblos, tergiversarla, rehacerla, y desinformar, llevándose por delante las libertades públicas, apoyados en la propaganda, agitación y lucha asimétrica en una actividad desestabilizadora en los países democráticos del continente americano.

Las acciones derivadas están orientadas por una agenda llamada cínicamente progresista, las cuales penetran internamente en los países a través de la activación política de fichas infiltradas en la sociedad y en la organización de la violencia apoyada en grupos comprometidos y una plataforma basada en elementos sensibles, tales como: los derechos de género, conflictos raciales, aborto, homosexualidad y descontento laboral.

La referida agenda viene acompañada de un plan desestabilizador, el diseño y control de los sistemas electorales los cuales han sido penetrados hábilmente, no solo con activistas sembrados en las instituciones, sino con la manipulación de los sistemas electrónicos y el financiamiento de grandes corporaciones de la comunicación y fundaciones que tienen entre otros propósitos el aprovechamiento y control del poder nacional e internacional. Para lograr dichos propósitos diseñan estrategias electorales fraudulentas, complementadas con la desinformación, preferentemente, a través de las redes sociales, induciendo a la opinión pública con información manipulada y tergiversaciones de la verdad como la vía más expedita para lograr la dominación e imposición de un modelo de gobierno socialista.

Como producto de una operación debidamente programada, las organizaciones nacionales y  personas se polarizan, se potencia la aspiración y  el espíritu de creer que por la vía del voto elegirán a sus gobernantes a través de un proceso aparentemente transparente para preservar la democracia, sin apreciar adecuadamente, que están contribuyendo a legitimar objetivos  obscuros que terminan en gobiernos dictatoriales, tal es el caso de Venezuela, Nicaragua, Argentina, Bolivia y ahora en Chile, usando un mecanismo de consulta para lograr el cambio constitucional apoyado en el trajinado y efectivo proceso constituyente, o la adecuación de la Constitución elaborada a su medida. De esta forma, podrán gobernar con un modelo socialista en dinámica evolución hacia el comunismo, favoreciendo los intereses rusos, chinos y, colateralmente, de Irán, islamismo y castrismo, como receptores de las prebendas económicas y financieras.

Es evidente, que los medios de comunicación masivos, partidos políticos, instituciones culturales y educativas, especialmente las universidades han sido sujeto de penetración y direccionamiento por un liderazgo de izquierda que ha hecho que esos centros sean en la práctica ministerios operativos y financieros de sus acciones políticas. Desde esas tribunas, vienen sistemáticamente pregonando el supuesto fracaso del modelo económico capitalista que rige en el mundo culpándolo de todo daño social, desigualdad y pobreza, que por cierto, viene de siglos atrás y que han generado ideas diametralmente opuestas a la economía de mercado y a las libertades individuales, potenciando con una narrativa engañosa que va pausadamente calando en los pueblos mediante el adoctrinamiento y la propaganda, ahora llamado hipócrita y engañosamente, movimiento progresista.

La influencia de la agenda en cuestión está dirigida por los regímenes ruso y chino, orientados a extender su influencia y deseos expansionistas con planes perfectamente articulados y climatizados con las organizaciones iberoamericanas, como es el caso del Grupo de Puebla que agrupa a los dirigentes de la izquierda radical formados intelectualmente en las universidades, los cuales con sus acciones deforman los valores democráticos y contribuyen a extender la influencia comunista en todo el mundo, especialmente en Estados Unidos, el cual figura como un objetivo mayor.

En este caso particular, se han apoyado en el Partido Demócrata, el cual busca oxígeno para recuperar el Poder Ejecutivo y sin escrúpulo alguno apoyan claramente a cientos de grupos vinculados al Partido Comunista chino y el cubano, quienes conducen una campaña a gran escala para generar una profunda división en todo el país del norte y al resto de la comunidad latinoamericana.

Investigaciones sobre este particular realizadas por organizaciones confiables revelan cómo han estado trabajando a nivel federal, estatal y local para fomentar las condiciones y conexiones necesarias para lograr sus propósitos, ello incluye a empresas, universidades, y grupos de expertos, incluyendo a organizaciones de la diáspora y de los grandes medios de comunicación. Los resultados de dichas pesquisas resaltan la participación de actores rusos y chinos los cuales armaron miles de cuentas en las redes sociales para lograr la influencia más cercana con la población promoviendo mensajes a favor de movimientos como Black Lives Matter y Blue Lives Matter, grupos de la defensa del género y antirraciales para profundizar la división y el resentimiento entre los norteamericanos. Hoy entre sus estrategias procuran impulsar el favoritismo hacia el movimiento demócrata y abortar la firme posición del gobierno en sus reiteradas denuncias contra del régimen comunista y su intervención en la soberanía americana a través de personajes importantes ya identificados en turbios negocios.

Este es un año atípico, complejo, con efectos directos en materia sanitaria derivada de los efectos del virus chino y sus consecuencias económicas y políticas que han potenciado los conflictos los cuales son aprovechados por los movimientos socialistas, generando la confrontación entre los que defienden la democracia y los que pretenden apropiarse de ella de manera poco ortodoxa. La más relevante de esta acciones es contra la libertad de expresión, pero lo que más llama la atención, es la posición vergonzosa e interesada adoptada por la gran prensa, y los grandes medios audiovisuales norteamericanos que se han puesto del lado autoritario defendiendo al modelo socialista, deformando las medidas  tomadas contra el terrorismo y el narcotráfico, ampliado por la tesis que el bloqueo económico es el responsable de la gran crisis venezolana, y que la ruina anunciada en Argentina es producto del ignominioso neoliberalismo, tomando fuerza su agenda política disfrazada como progresista para hacerlas más tolerable a la opinión pública echando la culpa de todo mal al capitalismo, ampliando el discurso resentido contra las iniciativas y emprendimientos indíviduales.

Por ahora, el tema se reduce a una oleada de iniciativas desestabilizadores y se ha aprovechado del clima electoral de varios países con los medios mencionados en una clara acción interventora. Solamente hay que ver el caso de Venezuela que a través de elecciones ilegales parlamentarias que se han organizado no solo para defenestrar el gobierno interino, sino para legitimar sus acciones fraudulentas a gran escala, lavar la cara a las enormes transacciones comerciales y legitimar sus corrompidos contratos.

También en Bolivia a través de elecciones fraudulentas han propiciado el regreso del Movimiento al Socialismo. Así mismo, aseguran la permanencia del régimen nicaragüense en próximas elecciones; en Chile intentan cambiar la estructura constitucional para favorecer el regreso del socialismo; promueven a gran escala el movimiento guerrillero en Colombia con el fin de derrotar a la democracia; preservan y defienden las acciones de los gobiernos de México y Argentina, desprestigian al gobierno brasileño,y finalmente, intentan  derrumbar la estructura política norteamericana a través de mecanismos electorales fraudulentos aprovechando que el pueblo tiene absoluta y ciega creencia en la verdad y sus sistemas.

Lo que está ocurriendo en el proceso electoral norteamericano nos recuerda las patéticas maniobras electorales en Venezuela, Ecuador y Bolivia, caracterizado por la obstrucción de gobernadores provinciales para impedir el acceso al voto, el registro de más votantes que votantes registrados, como acaba de ponerse de manifiesto en las elecciones norteamericanas en 352 condados distribuidos en 29 estados donde hay una sobre estimación de casi 2 millones de votos fantasmas, que los registros electorales no se corresponden con las estadísticas del buró del Censo, donde existen centros de votación cuya población votante excede al 100% de los votantes, donde en 6 estados de la Unión se continúa un escrutinio fuera de los lapsos, y como si fuera poco, violando la buena fe del correo donde aparecen millones de boletas emitidas por votantes fantasmas, y sostenidas dudas acerca del proceso informático. Es pocas palabras, un proceso fraudulento que está poniendo en peligro la democracia norteamericana, facilitando el acceso a la Casa Blanca a líderes extremistas que atentarán contra el sistema social, económico y político del gigante del norte.

La denuncia, experiencia vivida en los procesos electorales y las evidencias de un proceso electoral manipulando en favor de los intereses oscuros del llamado globalismo está siendo procesado. El aparato legal fundamentado en la separación de poderes debe actuar en protección a la verdad y de la libertad para evitar esta gran conspiración de una dirigencia socialista, corrompida e integrada al crimen organizado. Por supuesto, no tendrán éxito, sus actores terminarán de una manera no precisamente feliz, se les ha caído la careta, se han descubierto sus tramposerías y vínculos con el crimen organizado.


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