Temporadas en las que los monarcas abdican la corona para tomarse un tiempo personal y centrar toda su energía en asuntos que les apasionen, o que por falta de disponibilidad o exceso de responsabilidades no podían tomar un momento para atender. Resulta curioso meditar en las razones que subyacen detrás de tales decisiones, y la motivación genuina que alcanzar independencia promete a cada cual, noto que ni los grandes que han sido criados y moldeados desde niños para tales propósitos alcanzan a menospreciar el idilio de una vida de total y plena libertad, en ocasiones mal interpretada o sobreestimada en su concepción misma.

En la búsqueda de una gran historia dentro de mi universo personal, imagino que dichos monarcas anhelan momentos de anonimato programado, un período de sus vidas donde sean libres de un apellido que les haga visibles, o una posición que les exige. Quizás, no se trate de pasar inadvertido, sino de alimentar con toda fuerza y energía vital alguna pasión que les embarga, y por exceso de ocupaciones no logran concentrarse en ella. Tal vez, resulta que solo necesitan un alargado descanso, sin demandas ni propósitos comprometedores, un diario de disfrutar a quienes se ama, animar y dar aliento a los más cercanos, deleitarse sin límites de tiempo, y dormir de más, para continuar con sueño. En este tipo de cosas, las razones subjetivas son válidas y sensatas para quien las sostiene.

Pensando sin licencia en todo aquello, reflexioné que evidentemente todos portamos alguna corona, probablemente no se trata de realeza o posición social visible, pero indiscutiblemente sobre nuestras cabezas reposa la valiosa y costosa marca del propósito con el cual fuimos sellados, para transitar en la tierra. Esa, como cualquier corona, es una marca que exigirá de nosotros cierto tipo de adiestramiento en lo conductual, cognitivo y vivencial. Determinará las aflicciones y pruebas que exprimen los contenidos que nos sustentan, y conectará a las personas de alta idoneidad o gran confrontación, que ayudarán a moldearnos con el único propósito de avanzar en la estrecha vía del crecimiento. Donde algunos siguen, otros se estancan y cualesquiera retrocede por temor a enfrentar.

Lejos de romantizar la exigencia que cada cual vive, en la ruta de lo que se ha escrito de antemano para sí, pretendo visibilizar con el profundo respeto de quien también ha padecido, que es imperativo soltar la pletórica subjetividad que el dolor añade, y esforzarnos por dejar atrás la carga. Permitiendo de tal manera, que las heridas abiertas se purifiquen, cierren, y den paso a una brillante cicatriz, que seguramente reluce con el perfecto estilo de la corona que te fue asignada. Estoy segura que, si los ojos fueran abiertos, veríamos tantos tipos de diademas de joya como personas en el mundo, adornadas con piedras preciosas de alto coste. Así mismo, de tener balanza justa en mano alcanzaríamos a registrar cómo la tierra las atrae las diademas de forma tan diferente, que ninguna pesa lo mismo que otra.

El Padre ha puesto en mi corazón la fuerte certeza que esta temporada designada con los dígitos 2024, será un año de renuevos, donde aquellos que estén expectantes a la gracia derramada extenderán sus turiones con toda elegancia y serán sorprendidos. Así, perderá sustancia el pasado, no por menosprecio, sino por la natural finitud, y lo naciente cobrará vigor, autoridad y prestancia, como cualquier sistema vivo en constante renovación. De tal manera que, si tus ojos se abrieron este primero de enero, que tus pensamientos salten de entusiasmo, porque has sido habilitado para un nuevo nivel, no como los videojuegos, que distraen de la realidad y ralentizan el crecimiento, sino como quien ha recibido llaves, y se les ha dado acceso a nuevas puertas. Agradezco con toda confianza los pasados 365 días de presión y crecimiento que me fueron regalados, pero enfoco mi mirada en los siguientes centenares de días, porque sin importar lo que debamos enfrentar, aquel que escoltó previamente continuará haciéndolo en lo sucesivo, lo cual permite llevar el peso de una corona propia, abdicando solo los pesares para transitar ligero.

@alelinssey20


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