La última semana del año pasado y la primera del que se inicia no circuló esta columna. Fueron días de profunda reflexión sobre el presente y el futuro tanto de Venezuela como del Partido Socialcristiano Copei. Ambas realidades están íntimamente vinculadas Además el Partido está cumpliendo 75 años de su fundación.

Copei ha sido instrumento fundamental para el desarrollo democrático de la sociedad venezolana desde su fundación en 1946. Jugó un rol de primera importancia en el histórico trienio de la Junta presidida por Rómulo Betancourt. También en la lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez. De conformidad con el compromiso asumido en el Pacto de Punto Fijo integró el gobierno de coalición junto a AD y a URD. Posteriormente asumió una línea de Autonomía de Acción e impulsó su desarrollo a lo largo y ancho de Venezuela entera. Ha sido gobierno y oposición, pero en líneas generales siempre fiel a una ideología basada fundamentalmente en la doctrina social de la Iglesia. A lo largo de la historia ha tenido altas y bajas, tanto en relación al país como internamente en recias luchas por el control del partido.

A pesar de venir de una familia esencialmente adeca, me inscribí en la Juventud Revolucionaria Copeyana –JRC- a los quince años de edad recién cumplidos. Era febrero de 1958. Nuestra formación básica estaba en manos de los jesuitas del Colegio Gonzaga en Maracaibo, pero políticamente la relación humana estaba vinculada al grupo de presos políticos que encabezaba mi tío Jesús Ángel Paz Galarraga. Sin embargo, desde el año anterior empezamos a seguir de cerca a Rafael Caldera, quien visitó el colegio y tuvo una reunión privada con el Centro de Estudios y Acción Social –CEAS- Me impresionó mucho y le conté todo a mi familia y a los presos. Me dijeron que, a pesar de las diferencias políticas e ideológicas que mantenían con Caldera, lo reconocían como un hombre honesto y digno. Sentí que tenía carta blanca y allí empezó mi historia partidista.

Ingresé a un partido pequeño, pero dirigido nacional y regionalmente por personas serias y respetables. Junto al grupo de jóvenes que empezábamos, nos dedicamos a sumar voluntades en el mundo estudiantil, tanto liceísta como universitario, con un éxito extraordinario. Para quienes no fuimos comunistas ni socialistas, tampoco adecos o socialdemócratas, el socialcristianismo, la Democracia Cristiana, ofrecía un camino ideológicamente compatible con los sueños e ilusiones de entonces.

No es mi propósito hablar de la historia del partido, bastante conocida por cierto. Mucho menos en esta etapa dura y difícil por atomizaciones, traiciones e inconsecuencias de quienes se han puesto al servicio del régimen vendiendo el nombre, los símbolos y la tarjeta misma del partido. Desde el Consejo Superior de la Democracia Cristiana y a sugerencia de la Organización Demócrata Cristiana de América –ODCA-, hacemos un llamado a los militantes, amigos y simpatizantes a cerrar filas en el COPEI legítimo y originario.

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@osalpaz

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