Acuerdo
Foto archivo

Xi Jinping, presidente de China, aseguró este viernes que su país quiere trabajar en un acuerdo con Estados Unidos para resolver la guerra comercial, pero advirtió que, en caso contrario, tomará represalias si es necesario.

Se trata del primer comentario público del máximo mandatario del gigante asiático sobre la posibilidad de llegar a un pacto con Washington para poner fin, al menos de forma temporal, al conflicto arancelario en el que las dos principales potencias económicas del mundo se encuentran inmersas desde marzo de 2018.

«Si fuese necesario, tomaremos represalias, pero hemos estado trabajando activamente para tratar de no tener una guerra comercial. Nosotros no comenzamos esta guerra comercial y no es algo que queramos», apuntó Xi en un foro económico en Pekín.

«Siempre hemos dicho que no queríamos empezar la guerra comercial, pero no tenemos miedo«, subrayó. El líder comunista reclamó que el posible acuerdo se base en el respeto mutuo y la igualdad.

Las disputas con Estados Unidos pueden afectar las perspectivas futuras de la economía mundial, así que es un tema muy importante al que prestar atención, según Xi. «Nosotros siempre tenemos una actitud positiva al respecto», agregó.

Estos comentarios se produjeron tan solo un día después de que el Ministerio de Comercio negase que corra peligro el acuerdo comercial parcial, conocido como fase uno.

«Por el momento, no hay más detalles que ofrecer sobre el acuerdo. Pero los rumores que han aparecido sobre el tema no son precisos», aseguró el jueves en una conferencia de prensa el portavoz de Comercio, Gao Feng.

Estos comentarios parecían ser la respuesta del gigante asiático a las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien se mostró pesimista al considerar que Pekín no está dando la talla en las negociaciones, y volvió a amenazar con subir aún más los aranceles si no se llega a un acuerdo.

Representantes de China y Estados Unidos conversaron por teléfono el sábado sábado para avanzar en el acuerdo, pero sin que se sepan más detalles.

La autoridad comercial china aseguró a comienzos de este mes que llegó a un acuerdo con Washington para retirar por fases los gravámenes que ambas partes se han impuesto durante la disputa.

Sin embargo, el propio Trump echaba días después un jarro de agua fría y rebajaba las expectativas.

La guerra comercial, que se ha traducido en sucesivas subidas arancelarias por parte de ambos países durante casi dos años, tuvo su último episodio el pasado 1 de septiembre.

Para entonces, entró en vigor el aumento -desde Washington- de 10% a 15% sobre algunas importaciones chinas por un valor de 112.000 millones de dólares.

Queda por ver si el próximo 15 de diciembre se aplica esa misma subida hasta 15% al resto de las importaciones que Estados Unidos hace de China y que son gravadas al 10%, pues alcanzarían 300.000 millones de dólares.

La tensión comercial entre las dos principales economías mundiales va más allá de las relaciones bilaterales y tiene profundas consecuencias a escala internacional.

En sus últimas previsiones de crecimiento mundial, publicadas en julio, el Fondo Monetario Internacional rebajó sus proyecciones de crecimiento a 3,2% este año, una décima menos que en abril, lastradas por las dudas sobre la posible solución de esta disputa.


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