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Se derrumba violentamente la diplomacia de Juan Guaidó. La salida de Humberto Calderón Berti de la Embajada de Venezuela en Bogotá deja al descubierto la debacle de la política no oficial establecida por el presidente encargado, que ya mostró fisuras cuando no pudo detener el ingreso del gobierno usurpador de Nicolás Maduro en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el 17 de octubre pasado.

¿Por qué se habla de política no oficial? Simplemente porque una es la línea que se muestra hacia afuera, donde los representantes diplomáticos lucen sus cargos y tratan de avanzar en empoderarse como ejecutores de la política exterior, y la otra es como realmente se han dado las cosas en los últimos meses: son los diputados en el exilio y, especialmente los cercanos a Primero Justicia y Voluntad Popular, los que han delineado qué se quiere y se busca.

Varios embajadores confirman la información por diversas vías. Piden anonimato. Esperan, eso sí, que el presidente encargado rectifique.

“Los diputados afuera no tienen oficio y entonces hay que sacrificar a gente buena y ponerlos en puestos de decisión”, señaló uno de los diplomáticos.

“Lo que sucede es que manejan la diplomacia como la política interna, todos buscan su beneficio, no saben nada de esto”, manifestó otro.

¿Por qué salió Calderón Berti?

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La decisión responde a modificaciones que se realizarán en la política exterior, señaló Guaidó en una carta: “Hemos decidido designar un nuevo embajador ante la República de Colombia, cargo que usted ha desempeñado hasta la presente fecha”.

Para algunos su salida tiene que ver con las investigaciones sobre los robos de la ayuda humanitaria en los meses de febrero y marzo.

 “Remover-despedir por carta a un venezolano de la talla de Humberto Calderón Berti es un error grande”, indicó Diego Arria, ex representante permanente de Venezuela en la ONU, en su cuenta de Twitter.

“Alegar modificación a la política exterior del gobierno colegiado no es creíble para nada. Venezuela es la que pierde”, añadió.

“No creo que sea Julio Borges, ni creo que sea por la investigación de los robos de la ayuda humanitaria, porque Calderón se la lleva muy bien con Borges y lo de Cúcuta fue hace mucho tiempo ya”, señaló otro embajador.

El nombre que suena para sustituir a Calderón Berti es Tomás Guanipa, diputado zuliano en el exilio, que fue secretario general de Primero Justicia en Venezuela.

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Perdieron la brújula

“¿No sé dónde perdieron la brújula los opositores, pero mi diagnóstico es definitivo: la promoción personal precede al objetivo colectivo, y el partido precede al país”, afirmó otro de los embajadores.

El ingreso del gobierno usurpador al Consejo de Derechos Humanos de la ONU dejó claro que la diplomacia de Guaidó no resulta: los diputados quieren usar esa plataforma para justificar su exilio, explican.

“Te utilizan. Cuando no te quieres dejar utilizar te quieren forzar a hacerlo. Han intentado desde la culpabilización hasta el chantaje”, manifestó otro diplomático.

En algunos casos los embajadores han terminado por ser asistentes de los diputados, los convocan a reuniones que no estaban planificadas e incluso los ponen a viajar y servirles de medio de transporte.

Buena parte de los representantes nombrados sienten que no cumplen ninguna función, desplazados por los legisladores en el exterior. “Yo honestamente pensé que iban a entender que a nivel internacional no se puede improvisar”, apuntó otro.

“Se está exportando una manera muy tóxica y disfuncional de hacer diplomacia”, concluyó.

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