Cali

Dairys Jhoainys García se veía contenta cuando se tocaba su vientre con las manos. La venezolana, de 23 años de edad, se sentía emocionada porque esperaba la llegada de su bebé.

Tenía seis meses de gestación y había llegado meses atrás a Cali para buscar un mejor porvenir económico que el de su tierra natal: Valencia, estado Carabobo.

Pese a que en la capital vallecaucana no fue fácil sortear las dificultades por dinero, Dairys Jhoainys solía sonreír y tomarse selfies, tomando su vientre.

Pero en aquel 4 de febrero pasado en la mañana, la muerte la alcanzó a ella y a su hijo no nacido por un tiroteo en una deprimida calle del barrio Sucre, en el centro de Cali.

La joven murió en el hospital San Juan de Dios, donde los médicos trataron de salvarla, pero fue imposible debido a la magnitud de las heridas.

Los tiros también alcanzaron a otro venezolano, Kherwin Adrián Rodríguez Urbina, de 26 años. Familiares de la joven asesinada por personas armadas en motocicleta dijeron que el extranjero no era su pareja.

Con la misma dificultad con la que Dairys Jhoainys viajó desde Venezuela, también llegaron sus allegados para buscar la manera de repatriar su cuerpo, pues no tienen recursos y estaban haciendo una colecta.

Pero su situación es compleja, pues los gastos para repatriar su cadáver y el del niño son onerosos.

Por eso también vienen analizando si la sepultan en suelo colombiano. Aún no han tomado la decisión, mientras que se preguntan por qué los mataron y si habría sido porque eran venezolanos.

El crimen ocurrió en la carrera 11B con calle 17, en el sector donde gran parte de la comunidad vive de la venta de material reciclable.

41 días antes de este doble homicidio, que todavía no se ha aclarado, asesinaron a otro venezolano en el Valle del Cauca. Se trata de Wílmer García a quien le dispararon en el tórax, en la pelvis y en el rostro.

Nadie hasta ahora ha precisado si sería familiar de Dairys Jhoainys o si solo es una coincidencia de que ambas víctimas tengan el mismo apellido, nacionalidad y que sus muertes se registraron en el mismo Valle del Cauca, donde en el último año 10 de estos extranjeros fueron asesinados.

Lo único diferente es que a Wílmer García le dispararon en la zona occidental de Tuluá, en el barrio Las Américas, el 25 de diciembre del año pasado en la madrugada.

Era vendedor de yogur y para el momento de los hechos estaba celebrando la Navidad en una reunión cuando llegó un pistolero que tampoco ha sido capturado.

Lo preocupante de esta decena de muertes durante todo 2019 hasta el pasado 4 de febrero es que con base en datos del Instituto Nacional de Medicina Legal,  17% de los asesinatos de venezolanos en cada uno de los últimos 10 años ocurrieron en el Valle del Cauca.

Anualmente, entre 2009 y 2018, Medicina Legal contabilizó un promedio de 57 venezolanos asesinados en toda Colombia.

El número de crímenes está muy por encima de las víctimas originarias de Ecuador, Estados Unidos, Perú y España.

Al preguntar por qué matan a estos migrantes entre todas las víctimas extranjeras en el territorio nacional, la respuesta en la policía y en las mismas autoridades de la región, por ejemplo, tiene que ver con un elevado grado de intolerancia marcado por xenofobia y hasta por su condición de mujer, al señalar que hay feminicidios.

De esta manera tipificaron el crimen de una mujer venezolana a finales de enero pasado, en Bolívar, municipio del noroccidente vallecaucano, al parecer, por quien era su pareja sentimental. Al hombre no lo han capturado y se llevó a la hija de la extranjera, de 6 años de edad.

Estos migrantes también quedan en medio de escenarios del microtráfico, como en el caso de Yeselin Josefina Rangel, quien tenía 27 años de edad.

Fue asesinada en marzo del año pasado en una calle del barrio El Poblado, en el Distrito de Aguablanca, oriente de Cali. Según la Policía, todo ocurrió en una zona de disputas por tráfico de drogas.

Las muertes violentas y con tal nivel de sevicia se volcaron hacia estos migrantes que por la situación de su país han tenido que abandonar sus vidas y casi que pernoctar en las calles.

Cifra de venezolanos en Cali

Esta semana, en una mesa de trabajo de las autoridades en Cali se revisaron las cifras de Migración Colombia.

Allí, se revelaron que en el Valle del Cauca hay 85.780 venezolanos; de ese número, 68% viven en Cali.

Por la misma crítica situación, algunos han tenido que recurrir a la prostitución,actividad que mantiene vulnerables a todos los trabajadores sexuales.

Ese fue el caso del asesinato de una venezolana que tenía 18 años. La policía halló su cuerpo con señales de degollamiento. Estaba envuelto en sábanas y en un pozo de aguas residuales en el municipio de Dagua.

Por este hecho capturaron a un individuo, quien dio indicaciones de dónde estaba el cadáver de la joven. Allegados la habían reportado como desaparecida.

A Néstor Enrique Paredes Mederos, de 24 años de edad, lo asesinaron el 9 de febrero del año pasado en un establecimiento público en el municipio de Tuluá.

El hecho se registró en la noche en el asadero de pollos Tosti, ubicado en la esquina de la transversal 12 con calle 26 en el barrio La Ceiba.

Paredes trabajaba en ese sitio con su esposa, también venezolana. Allí llegó el agresor que le disparó sin mediar palabra siete veces: en la cabeza, el cuello, la espalda y en el tórax.

Observando este preocupante balance, los mismos venezolanos que están viviendo prácticamente en la calle, cerca de la Terminal de Transportes de Cali tienen un clamor: piden ayuda económica y que no los sigan matando.

La Personería de Cali también está atenta a la situación que viene generando alarma. El estamento informó que hay plazo hasta el próximo 29 de mayo para que la comunidad venezolana que aún no tiene el Permiso Especial de Permanencia lo tramite. El documento dura dos años.


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