Groenlandia
Groenlandia es un territorio riquísimo en recursos naturales y geopolíticamente estratégico | Foto: AFP

Los habitantes de Groenlandia se negaron a vender el territorio del país al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Sin embargo, nunca hubo una intención formal de su parte de adquirir esta región de 2 millones de kilómetros cuadrados.

Su mera insinuación puso sobre la mesa una discusión distinta: los intereses detrás de un territorio riquísimo en recursos naturales y geopolíticamente estratégico.

Groenlandia es un estado asociado a Dinamarca.

Es semiautónomo, es decir, tiene su propio gobierno, pero el Estado danés es el que lo subvenciona y administra.

Por ello, Trump decidió cancelar la visita de Estado, que estaba prevista para septiembre a Copenhague, luego de que la primera ministra de Dinamarca tildara de absurdo su deseo de querer comprar Groenlandia.

Los estadounidenses quisieron adquirir antes este territorio. Harry Truman, en 1946, ofreció 100 millones de dólares, en oro, pero la venta tampoco se concretó.

“Esto tiene que ver con los afanes reeleccionistas de Trump y va acorde con su lema de ‘Hacer grande de nuevo a Estados Unidos», aseguró el doctor en Ciencias Políticas y Sociales, Daniel Añorve.

«Trump sabía que era algo inviable, pero lo dejó sobre la mesa para tener un efecto positivo sobre su base electoral”, comentó a El Comercio el profesor de la Universidad de Guanajuato.

A su vez, puntualizó que este afán también va acorde con el proceso de expansión territorial que ha estado latente en la política exterior estadounidense.

Donald Trump
Donald Trump acusó a la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, de hacer comentarios «repugnantes» sobre la intención de Estados Unidos de comprar Groenlandia | Foto: AFP
Nuevas rutas marítimas

Groenlandia está en el círculo polar ártico, que alberga 13% de las reservas de petróleo mundial no explotadas y el 20% de las reservas mundiales no descubiertas de gas natural.

Los deshielos pueden hacer más accesible la explotación de estos recursos energéticos escondidos durante siglos.

También pueden permitir con más facilidad que los barcos crucen el Polo Norte en menos tiempo al evitar las rutas más largas para la navegación comercial, por el canal de Suez o el canal de Panamá.

Según datos del Centre for High North Logistics, de Noruega, por el canal de Suez pasaron en 2017 alrededor de 17.550 buques. En la ruta del mar del Norte lo hicieron apenas 19 en 2016. Pero ese número puede empezar a crecer.

“Es una especie de descubrimiento de América”, señala Añorve, quien además ha hecho múltiples investigaciones sobre la situación del Ártico.

Zona estratégica

Según la Convención Internacional de Derecho del Mar de la ONU, firmado en 1982, a los países con acceso al círculo polar ártico les pertenecen los recursos naturales del fondo marino y su subsuelo situados hasta 322 kilómetros (200 millas) de su territorio.

Los países con el acceso al polar ártico son Canadá, Estados Unidos a través de Alaska, Rusia, Noruega, Suecia, Finlandia, Islandia y Dinamarca a través de Groenlandia.

Estados Unidos ya tiene acceso al polar ártico, pero su intención de adquirir Groenlandia tendría que ver con ganarle posiciones a Rusia.

Rusia es claramente el país que mejor ha aprovechado el terreno.

Rusia tiene la mayor población (alrededor de 500 mil viven en zonas árticas), lo que le ha permitido desarrollar más tecnología para aprovechar esta posición estratégica.

Cuenta con la mayor flota de rompehielos y apenas el viernes la primera central nuclear flotante del mundo, construida por Moscú, empezó su travesía de 5 mil kilómetros por el Ártico.

Groenlandia
Imagen: El Comercio

Rusia dispone en la zona de 27 bases militares, mientras que Noruega tiene 11, Canadá, 3, y Estados Unidos solo cuenta con la base de Thule, que además está en Groenlandia.

“Groenlandia es absolutamente vital para la defensa y la seguridad de América del Norte”, explicó a la AFP Luke Coffey, experto del Heritage Foundation.

Indicó que el territorio está en una posición equidistante entre la población estadounidense y la rusa, por eso se convirtió en un activo importante durante los años de la Guerra Fría.

Pero desde los años 90, Washington no le prestó mayor interés. Esta situación estaría cambiando con el gobierno de Trump.

El vicepresidente Mike Pence planea viajar a Islandia a principios de septiembre para “aumentar las oportunidades comerciales y mejorar la seguridad en el Ártico”, según indicó la Casa Blanca.

A su vez, el secretario de Estado, Mike Pompeo, participó en mayo en Finlandia en una reunión del Consejo Ártico.

China, por su parte, se ha vuelto un actor expectante. Aunque no tiene acceso a la zona, sus misiones económicas y científicas no cesan de establecer acuerdos con los países árticos y han mostrado un especial interés en Groenlandia.

¿Y el calentamiento global?

El deshielo se ha convertido en una oportunidad para la navegación y la explotación de recursos escondidos, pero también en un riesgo para el equilibrio del planeta.
Si en este continente la Amazonía se está incendiando, el Ártico se está derritiendo.
Según la ONU, el volumen de hielo marino está disminuyendo a un ritmo de 12% cada 10 años.

Hasta hace unas décadas, recorrer el Ártico era casi una tarea imposible, larga y penosa.

Las condiciones climáticas siempre se impusieron al deseo del hombre de conquistarlo. Sin embargo, ahora las cosas han ido cambiando.

“Durante la época previa al cambio climático, las rutas polares estaban abiertas a la navegación tres o cuatro meses al año y cuando se pretendían utilizar, se debían usar muchos rompehielos”, explica Añorve.

Los rompehielos ahora no tienen que trabajar tanto porque el permafrost, esa capa de hielo dura que está por debajo del hielo superficial, se derrite con más facilidad.

“Todavía no es una ruta perfectamente navegable, pero a medida que se acreciente el cambio climático, el lugar estará abierto durante mayor tiempo y a un costo más bajo”, añade el académico.

Un costo que podría costarle al planeta su futuro.