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El NO2, gas que provoca una inflamación importante de las vías respiratorias, es un contaminante de corta vida | AFP / Martín Bernetti

Hay menos transportes y menos producción. En los países paralizados o que funcionan a media máquina por el coronavirus, la población respira mejor gracias a una reducción de la contaminación atmosférica; incluso si es aún demasiado pronto para medir los efectos a largo plazo.

Las imágenes satelitales de la NASA son elocuentes: en febrero, la concentración de dióxido de nitrógeno, producido principalmente por los vehículos y las centrales termoeléctricas, cayó drásticamente en Wuhan, la ciudad china epicentro de la pandemia de covid-19. De rojo/naranja, el mapa pasó a azul.

El mismo fenómeno constató a principios de marzo por la Agencia Espacial Europea en el norte de Italia. Esa zona está confinada desde hace varias semanas para luchar contra la propagación de la enfermedad.

Lo mismo estaría ocurriendo en Madrid y Barcelona, donde se aplica un confinamiento estricto desde mediados de marzo. Así indica la Agencia Europea de Medioambiente.

El NO2, gas que causa una inflamación importante de las vías respiratorias, es un contaminante de corta vida.

Permanece cerca de un día en la atmósfera estacionado junto a las fuentes de emisiones, lo que lo convierte en un buen indicador de la intensidad de las actividades humanas, explica a la AFP Vincent-Henri Peuch, del programa europeo de observación de la Tierra, Copérnico.

Estas bajas radicales son inéditas. «Es la primera vez que veo un cambio tan significativo en una región tan grande y vinculado a un acontecimiento», señalaba Fei Liu, investigadora de la NASA, para el caso de China.

AFP / Manjunath Kiran

Incluso durante la crisis económica de 2008/2009, la disminución fue más continua en el tiempo, agrega Alberto González Ortiz, especialista en calidad del aire de la Agencia Europea de Medioambiente.

En el norte de Italia, los niveles de concentración media de NO2 se dividieron casi entre dos, afirma Vincent-Henri Peuch.

¿Y a largo plazo?

Para otros países o regiones que tomaron medidas de confinamiento -Francia, Bélgica, Argentina, California, Túnez, Baviera, Colombia-, será necesario esperar un poco para ver la evolución.

De todos modos esto no quiere decir que el aire es puro: Pekín experimentó episodios de contaminación con partículas finas en febrero, señala el Observatorio de la Tierra de la NASA.

Lo mismo en París, que registró un índice de contaminación medio a pesar del confinamiento. Ello, a consecuencia de la presencia de partículas finas y de ozono.

En efecto, la concentración de gases contaminantes varía según el clima, explica Vincent-Henri Peuch. «Algunas fuentes de emisiones, como la producción de energía y las vinculadas a la vivienda visiblemente no disminuyen cuando más personas se quedan en casa», agrega.

Sin embargo, las partículas PM2,5 y PM10 y el monóxido de carbono también deberían disminuir con el correr del tiempo, dijo Peuch.

¿Qué impacto puede tener sobre la salud este paréntesis, cuando la contaminación atmosférica causa 8,8 millones de muertes prematuras por año en el mundo, señala un reciente estudio?

«Toda reducción de contaminación es bienvenida«. Así lo subrayó el neumonólogo francés Bruno Housset, presidente de una fundación contra enfermedades respiratorias.

A corto plazo, la contaminación con partículas finas causa una irritación en los ojos y en la garganta, y dificultades respiratorias.

Entre las personas de edad o asmáticas, puede ser necesario recurrir a atención médica por patologías respiratorias o cardiovasculares en los días o semanas siguientes a la exposición. En los casos más graves, pueden morir.

A más largo plazo, esta contaminación puede conducir a enfermedades crónicas, respiratorias o cardiovasculares, o a cáncer de pulmón.

El confinamiento puede permitir entonces disminuir los efectos inflamatorios, afirma Housset, más teniendo en cuenta que la calidad del aire en el interior de las habitaciones depende mucho del aire exterior.

Difícil, sin embargo, medir los beneficios en el horizonte lo que más impacto tiene es la exposición a largo plazo, recuerda González Ortiz.

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Sergio LIMA / AFP
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Vista aérea de una carretera vacía en Santiago, Chile | MARTIN BERNETTI / AFP