elecciones presidenciales fueron limpias
Fotos: César Bazán y Martín Mejía / AFP

Después de la segunda vuelta en Perú quedamos entre Escila y Caribdis, los dos monstruos marinos de la mitología griega situados en orillas opuestas. Y, como en las viejas épicas de Grecia, ambos destinos serán difíciles de superar”, le dice a El Tiempo el periodista y analista político peruano César Campos al ilustrar la incertidumbre que sume a ese país.

Aunque el candidato de izquierda Pedro Castillo fue el más votado en el balotaje del domingo pasado, la solicitud de anulación de miles de votos mantiene abierta la contienda presidencial.

De acuerdo con el órgano electoral (ONPE), con 100% de actas de votación procesadas y a falta de contabilizar, al cierre de esta edición, solo 0,111% del total, el maestro de escuela rural del norte del país superó a su rival, la derechista Keiko Fujimori, por 50.938 votos.

Pero Fujimori insistió este sábado en un “fraude” durante la segunda vuelta y la noche del miércoles anunció que su partido, Fuerza Popular, presentó “acciones de nulidad en 802 mesas a nivel nacional, que representan aproximadamente 200.000 votos, que cuando sean admitidas deben ser retiradas del recuento nacional”. Sin embargo, finalmente solo una fracción de ese número, estimada por medios de comunicación en unas 151 actas, ingresaron a tiempo en los Jurados Electorales Especiales (JEE).

Estas se suman a los 30 pedidos de nulidad contra 209 actas señaladas por el partido Perú Libre, de Castillo, especialmente en los distritos de Lima, donde su rival cuenta con un amplio respaldo.

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Pedro Castillo, candidato a la presidencia de Perú. Foto: AFP / Luka GONZALES

Y, como si fuera poco, para elevar el drama electoral, un fiscal anticorrupción pidió el jueves la prisión preventiva para Fujimori por infringir la prohibición de reunirse con testigos del caso Odebrecht, por el que deberá ir a juicio si pierde la segunda vuelta. Este sábado, de hecho, la justicia anunció que evaluará el 21 de junio esta solicitud.

“Pareciera que ella quisiera cuestionar todo el proceso electoral y apela al fantasma del pánico financiero para presentar un panorama desestabilizador. Estamos ante un escenario similar al de (Donald) Trump en Estados Unidos. o (Benjamin) Netanyahu en Israel, por lo que es probable que, de perder, el fujimorismo busque prolongar esta batalla incluso hasta después del 28 de julio, cuando se posesione el nuevo presidente”, le dijo a este diario el analista Víctor Caballero.

“La decisión de Keiko tiñe una sombra de duda sobre la legitimidad de todo el proceso electoral”, explica por su parte el académico Andrés Calderón al aclarar que la impugnación fue una figura utilizada “irresponsablemente por ambos candidatos”.

“Si bien Castillo denunció que sus observadores electorales evidenciaron irregularidades en varias mesas de votación, lo más peligroso fue la respuesta a esto de Fujimori, que acusó una cifra histórica de votos no válidos. Ella está usando dinamita en un campo rodeado de pólvora y en el que el señor Castillo ya había prendido un fósforo. Esa combinación nos va a llevar a una explosión respecto a la legitimidad del balotaje”, dice el experto.

En la historia reciente de Perú, la nulidad de actas jamás ha implicado un cambio radical en el resultado final, por lo que desde la visión de los analistas, con una distancia de más de 50.000 votos entre los candidatos, es poco probable que Fujimori se quede con la presidencia. “Lo que queda es la batalla legal en la que Keiko y sus abogados tendrán que demostrar que sus alegatos son contundentes”, dice el analista José Carlos Requena.

“Lo más peligroso es que la convulsión social escale y estemos frente a una situación en que el Estado tenga que empezar a reprimir el malestar que podría traducirse no solo en marchas, sino en destrucción de propiedad privada y cierre de negocios”, agrega.

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Los candidatos presidenciales de Perú Pedro Castillo (i), del partido Perú Libre, y Keiko Fujimori (d), del Fuerza Popular. Foto: Paolo Aguilar / EFE

¿Qué se viene en Perú?

Si bien el vencimiento para presentar las acciones de nulidad de mesas, tanto de Fuerza Popular como de Perú Libre, era el miércoles, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) en un primer momento amplió el plazo 48 horas más. Castillo calificó la medida como un “golpe de Estado” del JNE. Sin embargo, esa entidad dio marcha atrás a su decisión pocas horas después de haberla tomado.

Lo cierto es que el agónico desenlace tomará más días de lo previsto. Los jurados de los JEE de cada zona del país tuvieron plazo hasta este sábado para decidir cuáles votos son válidos sobre los pedidos de nulidad ya presentados. Pero dichas resoluciones pueden ser apeladas ante el JNE, que, a su vez, tiene tres días hábiles para decidir.

Posteriormente, el partido cuenta con otros tres días hábiles para apelar cualquier decisión.

Una vez se realice todo este proceso, el JNE decidirá en última instancia quién es oficialmente el nuevo presidente, en un plazo de tres días hábiles.

José Naupari Wong, especialista en derecho electoral, explicó que el fallo del JNE es inapelable, salvo que la organización política agraviada, representada por su personero, interponga una demanda de amparo bajo el argumento de una indebida motivación. “Sin embargo, eso no suspende la proclamación de resultados de una votación”, señaló el abogado.

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La candidata presidencial Keiko Fujimori el día de la segunda vuelta. Foto: Luka González / AFP

Y que se dé este último proceso puede ser lo más riesgoso para la estabilidad democrática de Perú, ya que el nuevo presidente tendrá que lidiar con subir al poder cargando a cuestas la defensa de la legitimidad de los resultados.

“Estamos ante una situación muy frágil para que la democracia respire con tranquilidad”, comenta el analista Campos, quien considera que los riesgos “son igualmente complejos gane quien gane”. “En el caso de ganar Fujimori, al no tener la mayoría parlamentaria, depende, al igual que su opositor, de coaliciones. Por lo que de entrada su gestión sería muy endeble”, afirma.

No obstante, los analistas coinciden en que de reafirmarse el triunfo virtual de Castillo, lo retos aparecen con mayúsculas.

Tan solo el domingo pasado, cuando empezó a puntear en el balotaje, los activos peruanos se desplomaron y la moneda retrocedió a un mínimo histórico, dirigiéndose a su mayor pérdida en más de una década.

“Es posible que de ganar Castillo los días subsiguientes sean muy turbulentos. Más allá de que sea un candidato de un partido de extrema izquierda, lo que más preocupa es que sigue siendo una incógnita cómo va a gobernar”, sentencia el académico Calderón.

Castillo llegó a la segunda vuelta sin un plan de gobierno claro y con la bandera de reformar la Constitución para cambiar el modelo económico neoliberal instaurado por el expresidente Alberto Fujimori, padre de su rival. Sin embargo, la mayoría de la campaña la desgastó en defenderse de las acusaciones de ser comunista y chavista, a causa de la ideología de su partido.

“Yo no creo que Pedro Castillo vaya a usar los equilibrios del poder. Para mí, esto es un proyecto tipo venezolano, puesto que aun si él quisiera dar vuelta atrás y mantener los fundamentos macroeconómicos actuales, inmediatamente el señor Vladimir Cerrón (jefe del partido Perú Libre) va a actuar y le va a quitar base social, por lo que la pugna se trasladaría al interior del Gobierno”, explica Campos.

Por eso, es quizá la calle la clave para que este maestro rural logre sobrevivir si ocupa la silla presidencial. “La calle es el dominio del profesor, ese es su escenario natural. Es un líder sindical y debe apoyarse en las masas para poder transitar en medio del espinoso campo político”, asegura el analista político Víctor Caballero.

Y mientras los mandatarios de Argentina y Bolivia felicitaron a Castillo como “presidente electo de Perú”, el Ejecutivo del país envió sendas notas de protesta a las embajadas en Lima de esos países por considerar que estos saludos constituyen una “intromisión y una falta de respeto”, al tiempo que exhortó a la comunidad internacional a abstenerse de realizar comentarios sobre sus elecciones presidenciales hasta que los organismos electorales proclamen oficialmente a un ganador.

Por Stephany Johanna Echavarría Niño.


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