hallacas
“Pedir la bendición, los regalos de Niño Jesús, el acostumbrado escándalo de Navidad y Año Nuevo”, fue lo que se llevó José Ignacio Rodríguez a su nueva vida | El Ucabista

La nostalgia venezolana puede representarse en una cifra, 4.176.498 de migrantes.

Una nación envuelta en los recuerdos de una Venezuela que disfrutaba de la Navidad, adornar la casa, montar el arbolito, el nacimiento, alumbrar la fachada de la vivienda o las ventanas del apartamento.

Tiendas abarrotadas de personas comprando sus estrenos y regalos para el 24 de diciembre, fiestas, viajes para visitar a los tíos y primos, el amigo secreto, la compra de los ingredientes y preparación de las hallacas en casa de la madre y su respectivo ponche crema. Estas costumbres tiene un común denominador: la familia.

–¿Qué es lo que más extrañas de Venezuela?

–Los amigos, la familia, la acostumbrada reunión para hacer las hallacas. Los cuentos de mis tíos, bailar con mis tías y lo que nunca puede faltar la «tapita» de mis tíos y tías mientras esperamos el Año Nuevo y el amanecer de ese primero de Enero, afirmó José Ignacio Rodríguez, un ingeniero en Informática que tiene dos años en Santiago de Chile.

–¿Qué es la tapita?

–Que las viejas empiezan a repartir el whisky en tapita, shoot, explica entre risas.

–Lo que más extraño de Venezuela es el clima y el sazón de la comida y el trato alegre que tenemos los venezolanos, dice César Hernández, bombero. Viajó a Perú en 2018 en busca de mejoras económicas para él y los miembros de su hogar.

Para Jorge Romero, ingeniero en Informática, con cuatro años en Bogotá, la realidad es la misma. Afirma que siente mucha nostalgia por lo que dejó en Caracas y más en la época decembrina: “No estar nuevamente con parte de mi familia es muy doloroso. Doy gracias a Dios que tengo a mi esposa, hija y suegros”, pero el resto de sus seres queridos permanece en Venezuela.

El venezolano ha tenido obligatoriamente que guardar sus recuerdos en un bolsillo y salir adelante. Con lo poco que tiene trata de acostumbrarse al país que lo recibió.

Este es el caso de Michel Hernández, un joven de 28 años de edad que partió a Argentina en 2016, ciudad que lo esperaba con una oferta de empleo. Entre los gastos del arrendamiento y la comida, logró juntar el dinero suficiente y en junio de 2017 pagó los boletos de su esposa e hija.

Ya en Buenos Aires se encontró con primos de su esposa con quienes comparte parte de las festividades navideñas.

“Ya coordiné 24 y 31 con familiares y amigos; con los familiares que están cerca, primos de mi esposa que son los más cercanos, vamos a compartir el 24 con ellos para que la niña se sienta en familia… y seguramente preparar nuestra plato navideño que eso no nos puede faltar. De acá de Argentina en la cena de Navidad son otros alimentos, y obviamente a nosotros nos gusta lo nuestro”, afirmó Hernández.

Para la segunda fecha importante, la familia Hernández compartirá con amigos: “Coordinamos un salón de fiestas y nos vamos a reunir todos los venezolanos, seguramente con gaitas y comida”.

–¿Cuáles costumbres te llevaste?

–“Pedir la bendición, los regalos de Niño Jesús, el acostumbrado escándalo de Navidad y Año Nuevo”, cuenta José Ignacio Rodríguez.

Jorge Romero señaló que lo aprendido en casa lo llevó entre las maletas que preparó y con las que salió de Maiquetía: “El arbolito, el nacimiento, los adornos navideños tradicionales, hallacas, el pernil a lo venezolano, dulce de lechosa, pan de jamón, ensalada de gallina y gaitas. También tratar de hacer las hallacas con la poca familia que pude traerme”.

Cena de Navidad y Año Nuevo

Otra constante entre las comunidades venezolanas en el mundo es replicar las costumbres y sabores. Hacen labores titánicas para juntar todos los ingredientes. El olor a guiso para las hallacas, la sazón para el pernil o el pollo al horno, torta negra, entre otros.

“El sabor que más extraño en estas fechas, sin duda, son las hallacas de mi abuela porque mi mamá no hace hallacas. Eso es lo que más me hace falta, sin duda, el sabor que más extraño”, aseguró Michel Hernández.

Hernández dijo que en Buenos Aires es fácil conseguir los ingredientes para armar su propia mesa. No titubea cuando afirma que hará lo imposible por cocinar como lo hace su abuela y tomar los consejos de su suegra. Pasar las costumbres venezolanas a su hija es un objetivo claro.

“El sabor decembrino de la Venezuela bonita y próspera que era. Su gente y lo sabroso que era comer un plato navideño en casa de amigos y familiares. Extraño muchísimo el pan de jamón y las hallacas venezolanas preparadas allá”, dijo Romero.

–¿Lo que más extrañas del país?

–El sabor de la comida de mi mamá y de abuela, aseguró el bombero.

–¿Qué no estará en tu mesa esta Navidad?

–Parte de mis seres queridos, finalizó José Ignacio Rodríguez.

@Desiparra