Han transcurrido 90 días desde la juramentación de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. Pese a que el régimen de Nicolás Maduro no presenta signos de dar el brazo a torcer, Estados Unidos sigue empeñado en que su salida es la única vía posible para la restauración de la democracia.

Este jueves Elliott Abrams, representante especial del Departamento de Estado de Estados Unidos para la crisis, volverá a la carga en un discurso que pronunciará en el Atlantic Council, uno de los centros de pensamientos más importantes de Washington.

En entrevista exclusiva con el Grupo de Diarios América, Abrams indica que su charla hará énfasis en el “día después” de lo que ve como el inevitable colapso del régimen y lo imperativo que resulta tener en cuenta un futuro para el chavismo y los militares venezolanos.

Advirtió que Estados Unidos no ha agotado todas sus opciones y anticipa la imposición de otras sanciones, posiblemente este viernes.

Cuéntenos del discurso que piensa pronunciar este jueves en el Atlantic Council sobre Venezuela.

—Queremos hablar sobre el futuro de Venezuela. Por lo general nos concentramos en los terribles problemas que el país afronta hoy, pero la idea es ir más allá y hablar sobre cómo vemos a la Venezuela del mañana, una vez que se vaya el régimen de Maduro y pueda iniciarse la reconciliación y la reconstrucción.

¿Cuáles son los principales retos que usted cree que enfrentará Venezuela en ese “día después” del que tanto se habla?

—Uno de las cosas más importantes sobre las que hablaré es que mientras pensamos en el futuro de Venezuela, hay que pensar en el papel de los militares y del chavismo porque el chavismo es parte de la política en Venezuela.

Son temas muy importantes, pero ¿qué le hace pensar que debemos hablar sobre eso cuando el gobierno de Nicolás Maduro no parece estar cerca de ser derrotado? Se acaban de cumplir 90 días desde que Juan Guaidó se juramentó presidente y no se vislumbra aún la salida del régimen.

—Es lo que uno ve en los medios, pero no estoy de acuerdo con esa idea. En primer lugar, hay una gran unidad en torno a Guaidó. La gente me decía que si esto seguía 30, 60 o 90 días se vería un colapso de esa unidad, que la oposición comenzaría a pelearse. Eso no ha sucedido y Guaidó sigue siendo el líder. También decían que con el paso del tiempo la gente se enfocaría en conseguir un trabajo y algo de comer, y dejaría de salir a protestar. Eso también ha estado equivocado. Guaidó lo demostró en Maracaibo, a pesar de que las redes sociales no son muy eficientes y de que el régimen intentó impedirlo. Además, las encuestas siguen mostrado que la popularidad de Maduro está por el piso, solo un 15% de apoyo, y que la gente quiere que se vaya y, además, que entre la gente que quiere que se vaya están los militares. Como hemos dicho antes, no podemos dar un cronograma o una fecha, pero estamos confiados en que los deseos de los venezolanos se cumplirán y este régimen se desvanecerá.

Pero ante situaciones similares la historia ha demostrado que entre más tiempo pasa, más se atornilla este tipo de regímenes ¿no es así?

—No estoy de acuerdo con eso. Lo que hemos visto en casos como el de Ben Ali, en Túnez, y en Egipto, con Hosni Mubarak, es que nadie puede predecir estas cosas. Se ven sólidos hasta que de pronto se van. En el caso de Maduro ni siquiera se ve sólido. Puede que en cierta medida lo que usted dice sea cierto, pero ese no es el caso de Venezuela. Pese al riesgo, la gente se sigue sublevando y eso es impactante.

La impresión inicial que se tuvo, y hasta se vendió, era que la salida de Maduro era inminente. ¿No cree usted que se vendieron falsas expectativas y de allí la frustración que existe hoy?

—Quizá algunos pensaron de esa manera, pero esa nunca ha sido nuestra aproximación. Cuando el secretario de Estado, Mike Pompeo, me pidió que ayudara no me dijo: “oye, Elliot, te necesito unas cuatro semanas porque esto es cuestión de días”. Nunca dijo eso ni creímos que sucedería de la noche a la mañana. Y aunque lo veo en la prensa, aquí no hay nadie que piense que no se ha progresado o que esté perdiendo interés.

Hay voces en América Latina que piensan que quizá Estados Unidos gastó todo su arsenal contra Maduro muy rápidamente y que ahora se han quedado sin munición para seguir presionando. ¿Qué opina?

—Eso también lo escucho con frecuencia, pero no es cierto. Tenemos una lista de sanciones adicionales y es posible que anunciemos nuevas este mismo viernes. Tenemos sanciones de título personal, y económicas. Hemos alcanzado victorias en la OEA y seguiremos buscando otras en otras instancias internacionales. Obviamente la lista de opciones que le hemos dado al secretario es secreta hasta que se adopte. Sigo escuchando historias sobre la pérdida de inercia y que Maduro no se irá, pero estoy seguro de que cuando se vayan saldrán otras diciendo que era inevitable. Por eso no le presto mucha atención a eso.

Pero, ¿no vuelve más difícil su trabajo el hecho de que Maduro, por un lado, haya aceptado el ingreso de ayuda humanitaria y, por otro, esté recibiendo un respiro dada las labores del grupo de contacto que lideran algunos países europeos para buscar una salida diferente a la crisis?

—La ayuda humanitaria que ha ingresado la Cruz Roja, y que respaldamos, solo ha servido para atender a 25.000 personas, pero hay más de 30 millones de venezolanos en el país. Lo mejor que se puede decir de la iniciativa de la Cruz Roja es que es un programa piloto, pero no es la solución. Es positivo que hayan aceptado su ingreso y, de paso, reconocido que la necesitan. Nosotros estamos listos para entregar mucho más, pero este régimen no tiene capacidad para atender la crisis que existe. Los problemas más graves que existen hoy en día son el eléctrico y el del agua potable, y este régimen no los puede arreglar, está en bancarrota. Los expertos se fueron del país y desgraciadamente estos problemas se van a agravar mientras esté Maduro.

En el caso del Grupo de Contacto, ¿no cree usted que su efecto ha sido el de ofrecerle un salvavidas a Maduro y su régimen?

—No creo que le haya ofrecido salida alguna. El régimen no tiene apoyo, no puede enfrentar el desastre económico y humanitario que existe. La gente lo que quiere es que esto se acabe, independientemente de si existe un grupo de contacto. El problema fundamental del régimen es que no tiene capacidad para resolver los problemas. Lo único que ofrece es más represión y con eso no resuelve nada.

Existe la idea de que Maduro podría convocar elecciones anticipadas con veeduría internacional. ¿Es algo que ustedes apoyarían?

—Nosotros queremos elecciones libres, pero no veo cómo puedan darse con Maduro en el poder. Ya vimos cómo se robó unas, las de mayo de 2018. Pero aun si existiera veeduría internacional, Maduro sigue en control total con todo el poder de intimidación y castigo. Existen 25.000 agentes cubanos infiltrando los sistemas de inteligencia, Maduro sigue controlando los medios de comunicación. Es imposible tenerlas con ese nivel de control.

Ustedes insisten en que todas las opciones están sobre la mesa. ¿Pero realmente lo están? He escuchado que el mismo Departamento de Defensa es reticente frente a la posibilidad de una intervención militar.

—Por supuesto que lo están. Todos deberíamos estarlo porque cualquier opción militar debe ser la última opción, pero no podemos predecir qué puede pasar más adelante. Nadie puede. Siempre me acuerdo de George H. W. Bush, en 1988, cuando era vicepresidente. Si le hubiesen dicho que terminaría con una intervención militar no lo hubiese creído. Nuestra explicación es que todas esas opciones existen porque tienen que existir. Las decisiones que tome el presidente dependerán de lo que vaya sucediendo en las semanas y meses que vienen. No podemos decir más.

Pero ¿cómo se imagina usted una intervención humanitaria en Venezuela por razones humanitarias?

—Esa es una pregunta que no puedo contestar.

Antes de concluir, quisiera que se refiriera a una idea que sigue surgiendo cuando se habla del papel que viene desempeñando Estados Unidos en la crisis de Venezuela: Que el interés de fondo del presidente Trump es electoral, pues al enfocarse en Venezuela corteja el voto de los hispanos en Florida, un estado que necesita si quiere ganar la reelección.

—Esa una idea que no ha surgido nunca en ninguna de las reuniones que yo he tenido. Esta crisis tiene un efecto terrible en Venezuela, en sus vecinos como Colombia, e invita a los cubanos, a los rusos y los iraníes a que causen más problemas en la región. De eso se trata.