La aeromoza le entregó el regalo con una sonrisa y se retiró. Sorprendido, en el asiento del avión que lo trajo temporalmente de vuelta, Yadam Guevara abrió el cuadernito que Air France vende a beneficio de niños de países en desarrollo y leyó lo que la tripulación le había garabateado. “Gracias por hacernos reír y llorar con tus canciones y por ser tan real como en televisión. Bienvenido a la familia Air France. ¡Esperamos tu álbum!”.

Aunque el detalle le conmovió profundamente, no es ni de lejos la primera muestra de que el azar lo tiene consentido. En 2017, luego de triunfar en un concurso de canto organizado por la Alianza Francesa y ganarse un viaje a ese país por una semana, Guevara descubrió que estaba a tiempo de participar en la audición para el programa televisivo de canto Nouvelle Star, sin prever que sería seleccionado entre 20.000 talentos. Con su sentida voz, su carisma y una sonrisa permanente emisión tras emisión, el muchacho conmovió por igual a jueces y espectadores y quedó en segundo lugar. “Esas semanas después del concurso fueron de emoción y también de frustración, porque había gente del medio que se me acercaba pidiéndome material –me preguntaban si tenía demos, canciones escritas, maquetas grabadas– para ver si me firmaban y, obviamente, yo no tenía nada. Había personas en la calle que me preguntaban: ¿cuándo sale tu disco? La gente tenía muchas expectativas y yo no estaba preparado para llegar tan lejos. Yo era un chamo cualquiera que cantaba en su cuarto en Maracay y que, además, emigró”.

Resuelto a no perder el terreno ganado, se puso en órbita para tener algo que ofrecer. Se quedó en París y estos últimos meses se ha dedicado a conocer productores, empezar a componer en piano y guitarra, descubrir su pluma en esas lides y grabar sus propios temas bajo la guía de músicos y artistas locales –como su ídolo, la cantante francesa Coeur de Pirate– que lo acompañan en el camino. Define su propuesta como una mezcla de pop alternativo, soul y música electrónica, con un estilo vocal que mezcla las influencias de Adele y Sam Smith. Ya tiene manager y recientemente logró que lo firmase una empresa francesa de edición y publicación musical llamada Velvetica, que lo ayudará a manejar los derechos de sus canciones y lo está apoyando en la negociación de un contrato de distribución con una casa disquera de alcance mundial. Dice que la mayor parte de su música se enfocará en el mercado francés; luego buscará expandirse a otros mercados.

Le divierte cuando se monta en el metro de París y quienes lo reconocen se sorprenden de verlo allí. “Eso me gusta porque no quiero que la gente sienta que se me olvida de dónde vengo”. Confiesa que el trabajo es duro. Que ahora entiende porqué los artistas lloran y se emocionan tanto cuando logran ganarse un Grammy. El muchacho de 19 años de edad, que en 2013 tocaba violín en un núcleo aragüeño del Sistema de Orquestas, que aprendió francés por su cuenta y que inició la carrera de Estudios Internacionales en la UCV, ya tiene seis meses dedicado formalmente a la música. “Para mí han sido muy intensos aunque sé que no es nada. Han sido de mucho sacrificio, pero no me quejo en absoluto porque la vida te enseña a tener paciencia. El éxito llegará cuando esté listo para asumirlo”.

En este viaje a Caracas logró tramitar su visa de artista y vino a pasar tiempo con su mamá y su hermano. Su sueño es forjarse una plataforma estable para poder llevarlos a vivir con él a París. Admite que separarse de ellos no fue fácil, pero que logró emigrar con su apoyo. “Antes de morir, yo lo único que quería era participar en un show de canto, y lo hice. Creo que cuando tus deseos son buenos y buscas realizarlos de la manera correcta –la más bonita, sin hacerle daño a nadie–, confiando en que lo vas a lograr, el mundo necesariamente te lo cumple. Si no lo crees, no avanzas, porque la barrera más grande es uno mismo”, explica.

“Cuando hay un deseo, hay que lanzarse. Para mí esto ha sido como un salto extremo, pero al mismo tiempo la vida me ha enviado muchos paracaídas para que aterrice bien y no me golpee. Me puso en el camino a una familia nicaragüense, que me adoptó sin saber quién era: si no hubiera sido por ellos, jamás hubiese podido quedarme porque no tengo dinero. Me presentó a músicos que trabajan conmigo sin cobrarme nada porque creen en mí. A artistas que me han pedido que colabore con ellos. A otra familia que me permitió trabajar en su casa cuidando a sus hijos y que también me ha apoyado muchísimo. A instituciones y empresas como la Alianza Francesa, la Embajada de Francia, Air France o Uriji que me apoyan con pasajes y oportunidades porque confían en lo que estoy haciendo… El teclado que uso me lo regalaron unos venezolanos. Soy un proyecto social de mucha gente (risas). Si alguna vez llego a tener un éxito muy grande, toda esa ayuda tan bonita que he recibido no podría olvidarla jamás”.

A quienes no ven cómo superarse en este entorno les propone no dejar de prepararse y buscar continuamente sus propias oportunidades. “Porque sí las hay. Yo nada más gané un concurso cantando en una plaza, ¿y quién me iba a decir que un año después iba a estar viviendo en Francia y trabajando en canciones para armar un disco? Todo cambia cuando uno menos piensa y te das cuenta de que lo más valioso son las relaciones que uno hace en el camino, la honestidad, la sinceridad, la paciencia. No todo lo fácil es lo más valioso. Hasta las lágrimas te transforman, porque uno aprende a valorar etapas. No hay que dejar de ser agradecido ni dar por sentado lo bueno, porque ahí se pierde el sentido de las pequeñas cosas, que son las que terminan siendo grandes”.

En Instagram: @yadamandres