Foto MARCOS GLÜCKSMANN

El chicharrón de guabina es el plato estrella de El Caney de Enrique. Diariamente se fríen en la cocina del restaurante 250 kilos de lomos –lo único que se aprovecha del pescado– rebozados en harina después de los cortes transversales que exige para evitar las espinas.

De la guabina, que llega de la  represa de Atarigua –a 12 kilómetros de la población de Arenales, donde queda el restaurante, muy cerca de Carora– no se pierde nada. Lo dice Carlos Arriechi antes de añadir que el ingrediente llega al restaurante precintado y con los permisos que exige la ley. “Apenas entra en cocina se descabeza, se retira el espinazo y se obtienen los lomos, que se congelan enteros, sin los cortes mencionados, para no afectar la textura de la carne”.

El pescado se ha incorporado con facilidad al recetario caroreño, dice María de Lourdes Riera mientras disfruta de una bandeja de guabina y de sus contornos –yuca asada, queso blanco, papas fritas y ensalada criolla– en compañía de los huéspedes que apenas finalice el almuerzo se intalarán en Los Granados, el nombre de su posada y la de su esposo, Cecil Álvarez, en Carora.

En Los Granados la merienda el dulce y tradicional. Foto MARCOS GLÜCKSMANN
Merienda y cena en Los Granados

Los Álvarez se apoyan en sus hijos Cecilia y  Óscar Andrés, y en su nuera, Carolina Castillo, para atender a sus visitantes que, después de un descanso, están listos para disfrutar en el patio interno de Los Granados de la merienda. Comparten mesa con el dulce de leche de chiva y el de buche que elabora Óscar Ferrer en Altagracia –población donde se localiza Bodegas Pomar–, las catalinas y empanaditas rellenas de coco y papelón de Zoraida Timaure, y las galletas de Eloína Godoy de Bravo, quien a sus 89 años de edad sigue sin revelar su receta. ¿Bebida? Resbaladera, sabrosa preparación a base de arroz y agua de azahar que en la posada se prepara con la receta de la familia Castillo.

Cuando cae el sol se recorre la zona colonial para conocer la Casa de Alirio Díaz, el Club Torres, la Catedral y la capilla El Calvario, mientras se prepara en la posada el cochino que se servirá a los huéspedes para la cena, cocido en caja china, técnica que imita la manera de cocinar carne de las poblaciones indígenas.

Lo explica Cecilia Álvarez antes de detallar el método: “Abrían una zanja, colocaban la pieza y la cubrían con hojas de plátano y leña”. La preparación –agrega– debe su nombre a la inscripción Made in China impresa en las tablas de las cajas de madera en las que llegaba mercancía procedente del país asiático, ideales para la construcción del horno.

Los quesos de cabra frescos son parte del recetario caroreño. Foto MARCOS GLÜCKSMANN
Día de campo

¿Desayuno más completo que el de Carora? Ninguno y el de Los Granados es buen ejemplo: tostada caroreña, una arepa rellena con queso, empanizada con harina de trigo  y frita, caraotas, chicharrón de cerdo, pimpinetas y longanizas –los embutidos emblemáticos de la localidad–, aguacate, nata y suero.

Con ese festín mañanero comienza el segundo día del tour, que contempla una visita a la planta de Quesos Las Cumbres y la degustación de sus productos,  e incluso a la de los tequeños de Luis Carlos Herrera, emprendedor que ofrece el pasapalo relleno de chorizo o ajoporro, envuelto en masa con carbón de ceniza de cují.

Rumbo a la finca Agropecuaria Sogoré, de Jorge Álvarez y su esposa Lourdes, para almorzar y disfrutar del tamunangue,  hay una parada obligatoria en Granizados Carora –negocio de Gladys de Mendoza localizado en la avenida Bolívar de la ciudad– para disfrutar de una mamonada,  preparación que, dice Cecilia Álvarez, deviene de la típica bebida hecha a base de pulpa de la pulpa de la fruta, que se mezcla con leche y azúcar, y que se industrializó para su elaboración en una máquina de granizado. Imperdible.

Lomo prensado y caviar de caraotas para el almuerzo. Foto MARCOS GLÜCKSMANN

En Sogoré se llega después de u recorrido entre la típica vegetación xerófita que caracteriza a la región. Se recibe a los turistas con una mesa de quesos de Lácteos La Baragüeña, embutidos de AAA Global –empresa del maestro charcutero Enrique D´Lima–, chicharrones agridulces de la caroreña Jenny Vásquez y pampuras, las finas arepas de maíz tostadas que también han dado fama a la gastronomía caroreña.

Después de la fiesta musical, con la imagen de San Antonio de Padua presente y a cargo del grupo Golperos de Don Pío, y de un paseo a caballo, se ofrece un almuerzo que combina lomo prensado, el plato más conocido de la gastronomía caroreña, elaborado por Lourdes Álvarez con la receta de su familia, los Álvarez Mejías, acompañado con caviar caroreño, como se llama a las caraotas refritas gratinadas con queso rallado y suero. ¿Postre? Dulce de paleta.

Al caer la tarde, con un magnífico atardecer larense, se vuelve a Los Granados. Un buen descanso y la cena: olleta de lengua con plátano y garbanzos. Después, en el jardín, Bicuye Sherry elaborado con cocuy larense y macerado con cerezo –fruta parecida al semeruco aunque más ácida, explica Sebastián Lodato, responsable de su elaboración junto a su socio Jesús Castillo– añejado por 13 meses en barricas de roble americano.

Pata de grillo, pimpinetas, aguacate, queso y caraotas, desayuno típico en Carora. Foto MARCOS GLÜCKSMANN

 

De vuelta a Caracas

El desayuno se sirve después de una taza de café: patica de grillo, hecha con carne de chivo, aguacate, arepas y nuevamente, los maravillosos quesos blancos de la región. A media mañana los huéspedes se despiden de Los Granados y toman rumbo a Barqusimeto, a una hora de Carora, para seguir viaje a Caracas.

En la capital larense vale la pena probar –no importa todo lo que se comió en el desayuno–,  las empanadas de Maíz Pilao, el local de Francia Subero, localizado en la carrera 24 entre calle 10 y 11, abierto todos los días entre las 7:00 am y la 1:00 pm. ¿Las más sabrosas? Las de queso y las de chicharrón con perico.

Posada Los Granados incluyó en sus servicios un tour gastronómico por Carora. Foto MARCOS GLÜCKSMANN
En una casa de 1920

“Fui directora del Teatro Alirio Riera por 15 años y me retiré cuando el país cambió”, explica Yuyita Álvarez mientras disfruta con sus huespedes, a quienes espera en el restaurante de Arenales para degustar guabina frita. “Después de dejar el teatro decidí cumplir con mi sueño de convertir en posada una casa de la zona colonial de Carora, ciudad en la que nací como el resto de mi familia”, agrega.

La casa que le gustaba estaba a punto de rematarse en una subasta, después de años de abandono, y su propietario, que vive fuera del país desde hace mucho tiempo, la llamó para preguntar si estaba interesada en adquirirla. “Tomé la decisión sin verla y logré no solo que el banco suspendiera la venta sino que me diera el crédito para comprarla”.

Ese mismo día los Álvarez Riera fueron a ver la propiedad. “Estaba en el suelo, no había otra cosa qué hacer sino restaurarla”, recuerda su propietaria, que contó con el apoyo de toda la familia –incluso su hijo Fernando, el mayor, que es arquitecto y músico, y vive en Francia–  y la de sus amigos caroreños, muchos de los cuales donaron mobiliario para su decoración. “La compré septiembre de 2005 y abrí sus puertas el 1° de mayo de 2012”, dice orgullosa Yuyita, que recibe a sus huéspedes en una casa de nueve habitaciones muy bien equipadas y decoradas, incluso con piezas y mobiliario que recibió de varias familias caroreñas.

Los Granados está localizada en el casco colonial de Carora, en la calle Lara,  entre Sucre y Monagas, y está identificada con el número 5-80. Las reservaciones deben hacerse a través del teléfono (0416) 052 6032, del correo [email protected] o la cuenta IG @posadalosgranados.

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