Entre las actividades diarias, los conflictos del entorno y la vida agitada, es cada vez más común sentir estrés y desánimo. La necesidad de relajación y enfoque es indiscutible en estos días. Una herramienta efectiva y recomendada por muchos expertos es la meditación.

Se trata de una práctica milenaria de concentración que lleva a la persona al “aquí y ahora”, es decir, al momento presente en toda su extensión. La intención no es desconectar la mente y ponerla en blanco, sino estar consciente de los procesos corporales y de la respiración.

Existen varios tipos de meditación, entre ellos vipassana, kundalini, chakra, zen, con diferencias en cuanto a su origen, pero todas bajo el mismo concepto y con grandes beneficios.

La meditación, según la revista Psicología y Mente, ralentiza el envejecimiento, mejora la calidad del sueño, alivia la sensación de dolor, estimula los procesos cerebrales, incrementa la productividad, combate enfermedades y disminuye notablemente el estrés.

Aprender a meditar es sencillo y el sitio Cómomeditar.org lo explica en cinco pasos:

El lugar perfecto

Debe ser un lugar tranquilo como el jardín, la sala o la habitación. Es primordial que el sitio tenga la menor cantidad de ruido posible para que la concentración y la conexión interior sean posibles.

El momento ideal

Siempre es un buen momento para meditar, pero se recomienda crear un hábito. En la mañana, durante cinco minutos, la mente está descansada y los efectos se evidenciarán más rápido.

La postura adecuada

Para empezar, la posición más cómoda es sentada en una silla con la columna recta y la espalda recostada. Si ya se tiene un nivel más avanzado, la clásica posición de loto sobre una almohada no será difícil de mantener.

Si estas posturas no son lo suficientemente cómodas, se puede meditar acostado en la cama, boca arriba, pero existe el riesgo de quedarse dormido.

La conexión con el cuerpo

Llegó el momento de cerrar los ojos, concentrarse en la respiración e inhalar lentamente por la nariz. Luego, se suelta el aire tranquilamente, también por la nariz, y se observa detenidamente cómo el aire entra y sale del cuerpo.

Los pensamientos

Es muy probable, especialmente al comienzo, que la mente se distraiga y lleguen otros pensamientos. Lo que se debe hacer es volver al foco y observar nuevamente la respiración. De eso se trata estar en el “aquí y ahora”.

Cinco minutos diarios de esta práctica son suficientes para obtener los beneficios.