El abrazo que Yadam le dio a su madre antes de subirse al avión que lo llevaría a Francia fue muy largo, fuerte. No sabía cuándo estarían juntos de nuevo. Tenía que hacer que ese abrazo durara lo suficiente para poder sentirlo en los momentos buenos, pero sobre todo en los malos. Sabía que se estaba lanzando al vacío sin red. Pero no tenía miedo. Confiaba en que algo bueno saldría, quería un mejor futuro.

Yadam Andrés Guevara Apóstol (Maracay, 1998) siempre buscó oportunidades para salir de Venezuela. No se sentía cómodo en el país, recién había regresado de Orlando (Estados Unidos), donde vivió toda su infancia y parte de su adolescencia. Se fue con 4 años de edad y regresó con 14. Estaba peleado con la idea de adaptarse de nuevo a otro lugar. En 2017, comenzó a estudiar Estudios Internacionales en la Universidad Central de Venezuela, pero su única ambición era cumplir la mayoría de edad para intentar continuar su formación fuera. Pasaba horas en Twitter –ahora X– buscando becas en universidades y postulando a programas de voluntariado en el extranjero. No tenía un plan definido sobre lo que quería hacer, solo quería salir de su país.

En su búsqueda, encontró un concurso de canto organizado por la Alianza Francesa. El premio le pareció atractivo: un viaje a Francia. Se inscribió de inmediato. Cantaba bien y no quería desaprovechar la oportunidad. Se preparó y cantó con el corazón. Interpretó “Crier tout bas”, de Coeur de Pirate, canción que más adelante le abriría muchas puertas. Para su sorpresa, ganó. Ese viaje era la oportunidad que tanto había buscado.

Entusiasmado, preparó maletas, se despidió de su familia y se subió al avión. No hubo vuelta atrás. Sin saberlo, Yadam estaba por embarcarse en el viaje que cambiaría para siempre su vida.

Yadam

En Francia, cantar no era una opción. Sus prioridades eran otras: continuar con sus estudios universitarios y buscar la manera de quedarse en el país. “Voy a aprovechar el viaje y voy viendo qué puedo hacer”, pensaba. Llegó en agosto de 2017, pleno verano. En los primeros días aprovechó el buen tiempo para recorrer París, reunirse con amigos e incluso viajar: fue a Barcelona para evaluar la posibilidad de continuar con sus estudios en la ciudad española. Era muy costoso, no solo por el precio de la matrícula sino porque para hacerlo tenía que regresar a Venezuela y solicitar una visa de estudiante. Regresar no era una opción, tenía que encontrar una solución en Francia.

De regreso a París, comenzó a poner orden. El tiempo y las opciones se agotaban. El viaje que ganó solo le garantizaba estadía durante una semana en un hotel. Antes de continuar su búsqueda tenía que conseguir alojamiento a largo plazo.

Su presupuesto era limitado, apenas 300 euros. Publicó en un grupo de Facebook de venezolanos en Francia que buscaba habitación. Así llegó a Cristina, una nicaragüense que lo acogió en su casa sin costo alguno. La historia de Yadam la conmovió y decidió ayudarlo. Ella también había llegado muy joven a Francia y no quería que pasara por la dificultades que vivió. Fue ella quien le sugirió participar en el concurso de talentos francés Nouvelle Star.

–Chico, tú me dices que viniste porque cantas. Hay un programa de canto en el que están buscando personas. Audiciona– lo animó.

Lo hizo.

Cristina lo acompañó a la audición en los estudios del canal francés Métropole Télévision (M6). Incluso, se comunicó con la familia de Yadam -su mamá y su hermano gemelo- por videollamada para que pudieran ver en vivo su audición. En el jurado estaba Coeur de Pirate, compositora de “Crier tout bas”, canción con la que ganó aquel concurso de la Alianza Francesa. Parecía una señal. Yadam decidió repetir su interpretación, su amuleto. Apenas comenzó a cantar cayeron las primeras lágrimas. Al finalizar, un jurado notablemente conmovido le dio la bienvenida al concurso y a su nueva vida: la de artista.

Yadam nunca consideró ser cantante, aunque cantaba muy bien desde niño. No lo veía como algo que pudiera hacer ni tampoco sabía cómo. La música era un escape, una pequeña burbuja que le permitía olvidarse, por un rato, de sus preocupaciones, aunque también la asociaba con celebraciones y encuentros familiares. Todos solían reunirse en las fiestas y cantar juntos. Una tradición que viene de su abuelo, agregado militar de la embajada de Venezuela en Francia en 1980, y a quien le decían “la voz de las fuerzas armadas”.

De niño no pasaba mucho tiempo con su mamá. Durante los años que vivieron en Orlando, ella trabajaba limpiando casas. Salía muy temprano y regresaba por la noche. Pero el tiempo que pasaban juntos era muy valioso. Una de las cosas que más disfrutaban era ver programas de concursos como American Idol y The X Factor. En esas noches frente al televisor, Yadam imaginaba cómo sería participar en estos talent shows. Cantar frente al público, los aplausos, las oportunidades.

En Nouvelle Star, Yadam avanzó rápidamente. Su historia conmovió tanto a los jueces como al público. Pero no fue sencillo. Vivió con mucho estrés los tres meses que estuvo en el programa. Su participación le garantizaba alojamiento, pero lo más importante era que si pasaba a la etapa de los shows lo ayudarían con los trámites para solicitar la visa de talento. Sentía que su vida dependía de su desempeño en el programa. Se esforzaba mucho más que el resto de los competidores. Fallar no era una opción.

Una de las mayores dificultades para Yadam era la comunicación. Aunque hablaba un poco de francés, no dominaba el idioma. Antes de cada entrevista o presentación, trataba de memorizar y ensayar sus respuestas ante posibles preguntas. Así pudo perfeccionar el idioma que aprendió con libros viejos de su mamá que encontró en su casa en Maracay y en conversaciones por Skype con amigos que hizo por internet cuando se mudó de Estados Unidos a Venezuela.

Yadam llegó lo más lejos que pudo. Obtuvo el segundo lugar en la temporada 13 de Nouvelle Star, que ganó el francés Xavier Mateú.

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Los meses siguientes fueron complicados. Tenía que construirse, sí o sí, una carrera como cantante para mantener su visa. Tocó muchas puertas y tuvo muchas reuniones con representantes de varias disqueras, pero llegar a un acuerdo era difícil. Todas le pedían un disco o varias canciones grabadas. Pero no tenía laptop ni celular. Frustrado, Yadam se preguntaba cómo intentarlo sin ayuda y sin recursos. Aprendió todo por su cuenta y tocó otras puertas hasta que, luego de muchos no, llegó a su actual manager: Jean-Michel Aubry.

Comenzaron definiendo el estilo y el tipo de artista que quería ser. Le entusiasmaba la idea de descubrirse como artista. Le parecía divertido, un juego en el que tenía que elegir el Pokémon en el que quería convertirse para comenzar su aventura. Escribió sus canciones, muchas de desamor. Al principio, no sabía cómo contar lo que sentía ni en qué idioma. Probó con los tres que domina: inglés, francés y español. Escogió las mejores para que entraran en su EP Safe place. Con el tiempo entendió que se le daba mejor componer en español, además, esas canciones tenían mayor receptividad.

–De verdad, lo mío es el español. Es lo que me gusta y con lo que me siento cómodo– entendió Yadam.

Se propuso ser reconocido por su talento más allá de su participación en Nouvelle Star. Etiqueta difícil de borrar. Tenía que componer, cantar y esforzarse mucho. Lo logró. Su determinación lo llevó a firmar un contrato con National Records, su actual disquera, con la que publicó en 2023 su primer disco, Belamor, con el que nació una comunidad de seguidores que viven y disfrutan su música.

Uno de los objetivos de Yadam era convertirse en el referente musical que no tuvo en su infancia y adolescencia. Quería cantar de amor y desamor desde la perspectiva de un joven homosexual. Pero también quería que cualquier persona, sin importar su orientación sexual o género, pudiera identificarse con sus letras. Era lo más importante para él. Hacer música para todas las personas. No soñaba con la fama, quería que su música ayudara a otros a sanar, así como lo hizo él con las canciones de James Blake, Sam Smith o Adele.

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Cinco años le tomó a Yadam terminar su primer álbum. El tiempo necesario para encontrarse como artista y descubrir su sonido, pero sobre todo para aprender todo lo que nunca le enseñaron. Comenzó a trabajar, codo a codo, con profesionales de la industria musical. Su disquera propuso el nombre del productor Sam Dixon, quien ha trabajado con Adele y Sia, y de Rafa Sardina, que ha hecho equipo con Lady Gaga y Alejandro Sanz. Todo fue más claro y sencillo, lo que le permitió, por fin, disfrutar el proceso. Ya se sentía un artista de verdad.

De inmediato, Belamor comenzó a darle satisfacciones: fue incluido en la lista de los mejores discos en español de 2023 de la revista Rolling Stone; un reconocimiento que, entre otras cosas, hizo posible ese esperado regreso a Venezuela convertido en cantante. Un sueño que ansiaba cumplir, pero que nunca imaginó que se haría realidad.

Desde que comenzó a trabajar en sus primeras canciones, Yadam soñaba con cantar en su país. Nadie lo conocía y tampoco había espacios para presentarse. Eso no lo desanimó, sabía que en algún momento se presentaría en el país y que su mamá, al fin, lo vería hacer eso que tanto amó y por lo que tanto trabajó. Lo que no imaginaba es que ese momento llegaría más pronto de lo que pensaba. Fue el año pasado, en la tercera edición del Cúsica Fest.

Yadam supo del festival por redes sociales. Le emocionaba saber que había un espacio para celebrar y disfrutar la música. Desde que vio todo lo que ocurrió en la primera edición, la de 2019, fantaseaba con ver su nombre allí.

–Cuándo me van a anunciar a mí– se preguntaba, aunque todavía no tenía música que presentar. Cuando se acercaba la fecha del festival, escribió en sus redes sociales que el siguiente año estaría allí. Y ocurrió.

La invitación llegó poco antes del lanzamiento de Belamor. Después de tanto desearlo, por fin su nombre estaría en el cartel del Cúsica Fest. Para Yadam era una presentación importante, no sólo porque sería la primera en Venezuela, sino porque también sería la primera vez que su mamá lo vería hacer lo que más ama: cantar.

De inmediato, comenzó a preparar cada detalle de su show con mucha antelación. Quería que todo saliera como había imaginado, incluso, mucho mejor. Desde el setlist, en el que incluyó canciones que nunca había cantado en vivo, hasta su vestuario. Quería usar algo especial y el diseñador venezolano Efraín Mogollón confeccionó un atuendo a su medida: un traje blanco y negro con un enorme lazo sobre uno de sus hombros y una larga cola satinada que se enredaba desde su cintura y caía hasta el suelo. También lució un segundo look completamente negro, con grandes mangas abombadas y un escote en la espalda.

Yadam sintió que su presentación en el campo de fútbol de la Universidad Simón Bolívar pasó muy rápido. Incluso, su música comenzó a sonar antes de lo previsto. Corrió para salir a escena, pero se dio cuenta de que todavía faltaban unos minutos. Pidió el intro de nuevo. Quería que todo saliera perfecto. Y llegó el momento. Salió solo, sin músicos ni coristas. Tampoco escenografía ni bailarines. No los necesitó. Su voz y puesta en escena fueron más que suficientes para que el público conectara con su música y sus letras. Sobre ese escenario demostró el tipo de artista que es y lo que es capaz de hacer. Todo resultó mejor de lo que esperaba. Mucho mejor.

Con su performance, Yadam le demostró a su mamá que todo por lo que había trabajado era real, no algo de redes sociales. La gente escuchó con gusto su música. Orgullosa, lo abrazó y felicitó luego del show. Verlo feliz y haciendo lo que ama también significaba mucho para ella.

Una de las cosas que más disfrutó durante su tiempo en escena fue ver que en el país, o al menos en Caracas, había una gran representación de la comunidad LGBTIQ+ sin miedo a expresarse y a disfrutar en libertad. Ver la cantidad de banderas arcoíris en el público lo hizo feliz, pues uno de sus objetivos con sus canciones es demostrar que las personas sexodiversas, tan discriminadas siempre, tienen alma y corazón. Aunque siempre tuvo el apoyo y aceptación de su mamá, que ella pudiera presenciar el ambiente de amor que hubo en el público fue muy importante para él.

–Mi amor es bonito, mi amor no es sucio; es un amor como el que tú puedes sentir por quien quieras. No soy una persona sucia, soy una persona con un corazón. Creo que eso es lo que a la gente le falta entender.

Luego del festival, Yadam pasó varios días entre Caracas y Maracay. Quería pasar tiempo con familia y amigos que no veía desde hacía mucho tiempo. Durante su estadía en el país, notó algunas cosas positivas y otras no tanto, sobre todo en Maracay. Se fue decepcionado por no poder hacer nada para cambiar la situación.

El Cúsica Fest abrió una puerta por la que comenzaron a aparecer nuevas oportunidades. Tras el festival caraqueño recibió invitaciones para cantar en varios festivales en España, como Zeid Fest Gaztea, el pasado 13 de abril, o el Festival Cruïlla, el próximo 11 de julio, en el que también participará Oscar D’León. Crying in spanish, nombre de su gira, está conquistando nuevos espacios.

Regresará a Venezuela para el festival Love Is Love, que se celebrará el 13 de septiembre en la Terraza del Centro Comercial Líder, en Caracas, y en el que compartirá escena con Villano Antillano y Esteman, entre otros. Un show que lo emociona mucho porque es una de las primeras iniciativas en años en darle espacio a la comunidad queer para expresarse y disfrutar de forma segura y libre. Está orgulloso de ser uno de los representantes de la comunidad LGBTIQ+ en el país. También trabaja en su próximo disco, el segundo de su carrera. Aún no puede adelantar mucho, solo que será en español. Sabe que a parte de su público le gustaría una canción en francés, pero no tiene claro si es el momento.

En su naciente carrera, Yadam ha podido cumplir varias metas, como cantar con la española Anaju en uno de sus conciertos en Madrid y junto a Blas Cantó. En futuro le gustaría trabajar con Alejandro Sanz, Jorge Drexler, Christian Castro y Luis Fonsi, a quienes admira y escuchaba en su adolescencia. Su voz también llegó al cine. Interpreta algunas de las canciones de la banda sonora de la película Emilia Pérez, en la que actúa Édgar Ramírez, que se estrenó en la más reciente edición del Festival de Cannes, donde ganó el Premio del Jurado y el de Mejor Actriz, que compartieron Karla Sofía Gascón, Selena Gómez y Zoe Saldaña.

Más allá de la música, también ha podido cumplir otro sueño: diseñar su propia línea de lentes. De niño solía romper los suyos con frecuencia, por lo que con ayuda de su mamá ingeniaba formas creativas para repararlos; no siempre había cómo reemplazarlos. Ahora, el chico de los “lentes Frankenstein”, como los describe, tiene su propia marca, que desea ver en las ópticas venezolanas.

Yadam no quiere atribuirle al destino todo lo que ha pasado en su vida, pues es consciente del trabajo, esfuerzo y sacrificio que ha hecho para llegar a donde está. Prefiere, a sus 25 años, pensar que es una combinación de ambos: trabajo y destino. En Francia le repiten mucho que tiene una estrella de buena suerte que lo guía.

–Creo que hay cosas que están escritas para nosotros, pero somos nosotros los que tenemos que saber aprovechar la oportunidad cuando se presenta.

El significado de la música cambió para él. Ya no es un escape, como lo era en su infancia y adolescencia. Se convirtió en una vía de expresión con la que puede ayudar a otros. El gozo que le da el canto ahora es diferente. Lo siente en cada oportunidad, cada concierto y cada nuevo reto.

–Gracias a Dios que nací en Venezuela, porque ser venezolano es algo muy importante en mi historia; menos mal me fui de Estados Unidos y regresé a mi país, porque si me hubiese quedado no sé si hoy cantaría; menos mal que participé en el concurso de canto de Alianza Francesa, porque sin eso nunca habría llegado a Francia; menos mal que audicioné para Nouvelle Star, porque sin eso nunca hubiese confirmado que lo mío es el canto; menos mal que conocí a mi manager y menos mal que mi ex me rompió el corazón. Sin eso no tuviese inspiración.


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