Al escuchar el título Un vampiro en Maracaibo, novela de Norberto José Olivares, Carl Zitelmann tuvo la impresión de que se trataría de una comedia, porque un siniestro personaje asociado con los parajes fríos de Transilvania no podría sobrevivir en el calor de esa tierra.

Sin embargo, el frío que este animal alado tiene está por dentro, en su siniestra personalidad. El vampiro del lago llegará mañana a las salas de Cines Unidos. Es la ópera prima de Zitelmann, una adaptación de la obra publicada en 2008, en la que un asesino se bebe la sangre de sus víctimas.

No es casualidad que en más de una ocasión los espectadores salten de su asiento y se escape de sus bocas un ahogado sonido. En el filme, el gran manejo del suspenso está orquestado y planeado en cada escena, tanto en la iluminación como en el ejemplar uso del sonido, que juega un papel fundamental en el thriller.

Los roles están bien construidos. Jeremías Morales (Miguel Ángel Landa) es un policía que termina consumido en la soledad por haber perseguido siempre el bien y la justicia. Ernesto Navarro (Sócrates Serrano) es un escritor que intenta alcanzar el éxito y poco a poco parece ser seducido por la oscuridad.

Entre estos hombres que balancean sus matices de luces y sombras se encuentra el vampiro, inspirado en un asesino en serie de carne y hueso, Zacarías Ortega, que es todos y uno. El actor que encarna a la maldad absoluta, sin remordimientos, es Eduardo Gulino.

El personaje favorito de Zitelmann es el del vampiro. “Para mí Eduardo fue un descubrimiento increíble, es un actor con un talento inédito, porque no había tenido hasta ahora un papel protagónico en una película”.

Con El vampiro del lago, Venezuela logra estar a la altura de una gran producción del género, a pesar de que, según el propio realizador, el presupuesto no haya sido muy abultado. “Creo que era un proyecto muy ambicioso y tuve muchísima suerte de contar no solo con un productor como Rodolfo Cova, sino con un equipo maravilloso. Yo siempre pensé que era una película complicada, no solo de contar, sino de producir, y de verdad que el resultado final no solamente cumplió sino que superó mis expectativas”, asegura el director.

El suspenso, especialmente el policial, era uno de los bastiones del cine venezolano en los años setenta y ochenta, dice el cineasta al recordar películas como Cangrejo y Cangrejo 2, interpretadas por Miguel Ángel Landa, quien aparece en El vampiro del lago en el rol de un policía retirado. Este mismo personaje, pero durante su juventud, es interpretado por Abilio Torres.

El thriller es uno de los géneros preferidos de Zitelmann, que creció admirando el trabajo de Alfred Hitchcock y luego se enamoró del estilo de David Fincher. “Pienso que a mí las cosas se me dan más fácilmente en el género de suspenso, en mantener a la gente sentada al borde del asiento durante toda la película. Por eso decidí aventurarme con este proyecto, una adaptación de un libro que me pareció trepidante, no lo pude soltar. Quise hacer una película que fuera exactamente igual a la novela en ese sentido”.

El realizador piensa que es muy importante crear arte que no esté directamente relacionado con la situación política del país. “Creo que es lamentable que la política haya devorado casi todos los espacios de convivencia del venezolano. Y cada vez hay menos oferta cultural. Cualquier cosa que uno pueda hacer en este ámbito, ya sea cine, teatro, literatura, música, algo que le permita al venezolano escapar un poco del día a día y del tema, que lo absorbe todo, pues, creo que es algo maravilloso”.

Zitelmann no piensa abandonar sus proyectos como director publicitario y creador de videoclips musicales, pues asegura que cada tarea tiene cosas agradables. Actualmente escribe una idea para una serie de televisión. Además, prepara el guion de su próximo largometraje que también estará enmarcado en el género de suspenso, “en esa línea borrosa que separa lo racional de lo sobrenatural”, finalizó.

El vampiro del lago

Dirección: Carl Zitelmann

Duración: 1 hora 42 minutos

Circuito Cines Unidos

Estrena: primero de junio