El director Fernando Trueba y el actor Javier Cámara presentaron El olvido que seremos | Foto EFE

El Festival de Cine de San Sebastián echó el telón este sábado con El olvido que seremos, la emocionante y trágica historia del doctor colombiano Héctor Abad Gómez llevada a la pantalla por Fernando Trueba, a la espera de la gala de premiación en las próximas horas.

El madrileño Trueba fue el encargado de poner el cierre, fuera de competición, con esta producción 100% colombiana en la que adapta al cine la novela que Héctor Abad Faciolince escribió sobre su propio padre, «un personaje maravilloso», en palabras del director.

El colombiano Juan Carlos Urrego (actor en la serie Sin senos sí hay paraíso) pone rostro al escritor y el español Javier Cámara al doctor, en esta cinta luminosa sobre la bondadosa y optimista personalidad del médico Abad Gómez.

Un humanista y padre de familia que, con campañas de vacunación y saneamiento de aguas, luchó por mejorar las condiciones de vida de los más pobres en el Medellín polarizado y violento de los años setenta y ochenta. Un compromiso que lo convirtió en una figura incómoda y le costó la vida en 1987, cuando fue asesinado a tiros por unos sicarios.

«Ha sido un viaje que me ha transformado por dentro, como actor y como persona. La película está llena de sensibilidad, es un canto a la felicidad», dijo en rueda de prensa Javier Cámara (Hable con ella, Truman), que tuvo que trabajar duro el voseo y el acento de Medellín abriendo las orejas «como antenas parabólicas».

«Siempre estuvimos muy conectados… qué generosidad la de Javier», comentó la actriz colombiana Patricia Tamayo, intérprete de Cecilia Faciolince, esposa del doctor.

El guion corrió a cargo del cineasta y novelista David Trueba, hermano del director, quien añadió haberse sentido como «en casa» rodando en Colombia.

En una intervención online, el productor Dago García aseguró tener señales de que la película «va a funcionar internacionalmente muy bien».

Y está seguro de que tocará una fibra sensible en Colombia, ya que aborda la violencia padecida hace décadas desde «una perspectiva más humana y más cotidiana», por tratarse ante todo de «una historia sobre una familia».

La edición más rara del festival

Este sábado, a partir de las 8:30 pm (hora de España), está prevista la gala de premiación, en la que el jurado, presidido por el italiano Luca Guadagnino, otorgará la Concha de Oro a la mejor película.

Trece producciones compiten por el máximo galardón, entre ellas Akelarre y Nosotros nunca moriremos, dirigidas respectivamente por los argentinos Pablo Agüero y Eduardo Crespo.

También se premiará a la mejor película latinoamericana en la sección Horizontes Latinos, donde concurren nueve cintas de Chile, Argentina, México y Brasil.

La gala cerrará la 68ª edición del festival donostiarra, celebrada en medio de una pandemia que obligó a los organizadores a reducir a la mitad los aforos en las salas y a los participantes a llevar mascarilla en todo momento.

Las películas proyectadas fueron 31% menos que el año anterior y a causa de las restricciones de viajes numerosos cineastas no pudieron defender sus filmes en la ciudad vasca, mucho menos animada que en ediciones anteriores.

A nivel de programa, la edición 2020 del festival, abierta el 18 de septiembre con el estreno mundial de Rifkin’s Festival, de Woody Allen, incluyó una rica oferta de series y de documentales.

Entre estos hubo en Sección Oficial sendas producciones dedicadas a músicos: El Gran Fellove, en la que el cineasta norteamericano Matt Dillon rescató al cubano Francisco Fellove, fallecido en 2013, y Crock of Gold, producida por Johnny Depp y centrada en Shane MacGowan, el líder de la banda irlandesa The Pogues.

El único homenajeado este año con el Premio Donostia en reconocimiento a su carrera fue Viggo Mortensen, conocido por haber puesto cara a Aragorn en la trilogía de El señor de los anillos y director de Falling, proyectada en San Sebastián.


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