Juan Ernesto López, mejor conocido como Pepeto, se apropió tanto de la comedia que prácticamente no había momento de su vida en el que dejara de hacer algún chiste. Él mismo reconocía que disfrutaba ver a la gente reírse de sus ocurrencias. “Me enorgullece ser el grano de arena que ha llevado alegría a los venezolanos”, dijo en una entrevista.

El actor y humorista, conocido por sus interpretaciones de personajes como el “Neuratécnico” y el “Pavo ye-yé go-gó”, así como por sus populares imitaciones de los políticos Rafael Caldera y Jóvito Villalba, falleció ayer a los 83 años de edad debido a problemas respiratorios que padecía.

Nacido en Valencia, estado Carabobo, el 22 de septiembre de 1935, Pepeto formó parte de aquella generación que, junto a Cayito Aponte y Joselo, integró el primer staff de humoristas del programa de comedia Radio rochela, fundado por el actor Tito Martínez del Box en 1959.

Allí dio vida a personajes como Genovevo, que estuvo más de cuatro años en la pantalla, a Honofre Pecho Pelúo, entre otros, y destacó en el programa El show de López. Entre 1964 y 1969 su casa fue la Cadena Venezolana de Televisión (el canal 8), donde tuvo la oportunidad de protagonizar su propia producción: Qué gozadera. Participó, además, en Carrusel de las sorpresasGran casinoCachucha y Ramón Joselo.

López llegó a la actuación por instinto. De Valencia se vino a Caracas para cursar estudios universitarios en la Facultad de Arquitectura de la UCV. Pero allí, más bien, creó con Cayito Aponte el que sería el germen de Radio rochela: el montaje humorístico El show de Arquitectura.

Cuando Tito Martínez del Box vio el trabajo, se interesó por aquel grupo de intérpretes y lo incluyó en el programa en 1960. Pepeto nunca terminó la carrera universitaria. Con el tiempo entendió que su camino estaba en la actuación.

Sobre esos primeros pasos, decía: “Yo tenía que aparecer, en cualquier momento del programa y decir: ‘¡Qué loco!’, y reírme como un gafo. Eso era todo lo que tenía que hacer. Cuando me entregaron el libreto, después de hacer lo que hacía en la facultad, sinceramente pensé que esa era una ofensa para mí. Bueno y resulta que el ‘¡Qué loco!’ se convirtió en un éxito total. Con esto quiero decir que cuando un personaje está bien concebido, no importa lo que sea ni lo que haga, puedes tener la seguridad de que resulta”.

Luego vivió a gusto pertenecer al equipo de Radio Rochela. “Somos todos amigos. Te puedo decir que Radio Rochela es el desorden mejor organizado del mundo”, dijo.

El comediante Emilio Lovera recuerda una anécdota que evidencia que Pepeto concebía la vida como un chiste. “Acostumbraba a reunirse con los técnicos, camarógrafos y utileros de Radio Caracas. Les echaba cuentos sobre sus viajes por el mundo. Pero en realidad, él nunca había salido de Venezuela. Lo que hacía era ver Discovery Channel y aprenderse de memoria lo que decía el locutor. Luego lo contaba como si lo hubiera vivido”, cuenta el actor, quien considera que Pepeto era un hombre totalmente prestado a la comedia.

En una oportunidad, Lovera viajó a Europa, desde donde le mandaba postales a su amigo “recordándole”, a manera de chiste, que eran fotos de su propia casa en ciudades como Viena. “Yo le decía: ‘Aquí te envío una foto de tu casa. Dicen que les mandes dinero para arreglar una filtración’. Él gozaba un mundo con eso y se paraba en la puerta de Radio Caracas haciéndose el preocupado”.

Sobre el aporte del actor a la televisión venezolana, dijo: “Simbolizó la comedia criolla muy caraqueña de los años sesenta y setenta. Era uno de los pocos de nosotros que daba risa solo con verlo. Definitivamente, dejó una escuela del humor. Era una manera de trabajar que se parecía a la que manejaba Cayito. Pepeto era un echador de broma a tiempo completo”.

El también humorista Claudio Nazoa afirma que Pepeto no se proponía ser chistoso, pero solo verlo daba risa. “Era como si no tuviese que hacer nada. Nació para ser una bella persona, inocente, casi un niño, por su forma de llevar la vida sin complicaciones. Siempre tratando de hacerle gracia a todos”. Y agrega: “De él aprendí que la gente, mientras más grande es, es más humilde”.

Pepeto era de los que opinaba que los venezolanos tenían una gran tradición humorística. “Los problemas los superamos mamando gallo”, afirmó. Y él hizo lo propio en su vida.