El talento como recurso único es insuficiente para obtener éxito. Es lo que opina el joven violinista Rubén Rengel, quien a sus 22 años de edad ha desarrollado una fructífera carrera.

El músico nacido en Margarita logró conseguir el primer premio en la Competencia Sphinx, otorgado el mes pasado en Detroit. En ese espacio, los jóvenes de las minorías raciales en Estados Unidos demuestran su habilidad con los instrumentos de cuerdas de la música clásica. El ganador obtiene 50.000 dólares y la invitación a participar en presentaciones como solista con las orquestas más importantes de ese país. “Tener oportunidades de conciertos me obliga a trabajar más como artista. Ese es el propósito del concurso”, comenta Rengel.

Las notas de su infancia evocan ritmos tradicionales que recorren toda la geografía venezolana. Su padre toca la mandolina; su hermana el violín, como él, y su madre alegraba con su canto las tardes de improvisaciones. “Uno de los aspectos más interesantes de la música venezolana es la riqueza y la variedad que muestra: gaitas, valses, calipso, tambores y también el joropo central, llanero y oriental, de donde soy yo”, indica.

Rengel agradece haberse educado desde los 6 años de edad en el colegio y conservatorio Emil Friedman, al que considera su segunda casa. Allí encontró a su maestro de violín, Iván Pérez.

Actualmente está radicado en Houston, donde realiza una maestría en la Escuela de Música Shepherd, en la Universidad de Rice. El venezolano hizo su licenciatura en el Instituto de Música de Cleveland y muestra gratitud por estas experiencias porque cada una de ellas ha contribuido con su aprendizaje, tanto musical como personal.

El violinista piensa que a través del esfuerzo se demuestra lo que realmente son los venezolanos: “Creo que los jóvenes debemos llevar el nombre de nuestro país muy presente y muy en alto, en Venezuela y en el extranjero. Se trata de compartir el significado de ser de aquí. Como músico el compromiso es llevar nuestra cultura a través del arte”.