Después de participar en Bolívar, la serie de Netflix criticada por unos y alabada por otros, estuvo en marzo en Venezuela para presentar Camas, una obra que escribió junto con su fallecido padre, el también actor Luis Abreu. La pandemia por el coronavirus puso pausa a sus planes quien permanece en el país junto con su familia. No pudo regresar a Bogotá, ciudad en la que vive.

Hasta mañana se presentará Camas en la plataforma online Play, en una producción que será transmitida desde el Centro Cultural BOD. El público puede adquirir los boletos a través de www.play.ticketmundo.com. El actor y su equipo, estudian la posibilidad de ofrecer más funciones, la respuesta del público superó sus expectativas.

-¿Qué te motivó a retomar la obra Camas

-Me motivó producir, estar activo, ofrecer a la gente una distracción en casa. Hay una cantidad de ofertas de teatro, gracias a Internet. Eso es bueno, maravilloso, alivia. Para mí sonreír es una buena medicina, sube las defensas. Ofrecer entretenimiento, que es lo que sé hacer en la vida. Mucha gente se quedó con las ganas de ver Camas cuando vendimos la función en el Centro Cultural BOD, y quisimos compensarlo.

¿Varió el monólogo para esta adaptación?

-La quise hacer como si fuera la función en el teatro, sin cortes, con sus errores. Lo que varía es que debes tener siete veces más arriba la energía, los ritmos son distintos y hay que luchar contra la falta de risas, que marcan momentos dentro de una obra como esta.

-¿Cómo ha sido la producción de la obra para streaming?

-Bastante parecida a lo que es el espectáculo. Le agregas las cámaras, la edición, la posproducción. Se puede hacer en vivo, la tecnología da muchas variantes, siempre voy a preferir que sea con el público en la sala, es un ingrediente esencial al hacer teatro.

-¿Cuánto tiempo estará en cartelera?

-Está desde el 3 de septiembre hasta el 6 de septiembre, a las 6pm. Al comprar la entrada, le dan un código al cliente y puede ver la obra Camas en un lapso de 48 horas, esto para prevenir algún imprevisto, Internet, luz o equipo, así no pierden la entrada. Es un reto, no a todos les gusta ver teatro a través de una computadora o tableta, pero me agrada ofrecer de alguna manera entretenimiento y risas.

-Esta obra la hiciste junto con tu padre, Luis Abreu. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con él en ese momento que construyeron este proyecto y cuál es el mayor aprendizaje que te dejó? 

-Con mi papá tuve la oportunidad de trabajar en algunas ocasiones. Cuando empezamos a escribir Camas yo estaba en otros proyectos profesionales y conversábamos por momentos sobre la obra. Mi padre era un investigador excelente, llegaba a datos inimaginables, disciplinado, respetuoso con mi trabajo y opiniones, con un sentido del humor maravilloso. Él está presente todos los días y en cada función.

-Tu papá fue muy admirado, ¿quieres seguir su legado? 

-Ese legado es de él, me conformo con no avergonzarlo. Mi padre fue un actor maravilloso, su formación fue impecable, tuvo una cantidad de técnicas académicas increíbles y fue un gran actor. Cuando inicié en la televisión me dijo que nunca dejara que me llamaran Luis Abreu, porque yo tenía mi nombre, somos dos personas distintas, cada uno con su historia. Me encantaría en unos 20 o 30 años que mi hijo se sintiera tan orgulloso como yo me siento de Luis, sería un buen regalo de vida.

-¿Cómo ves el mundo del espectáculo, específicamente el teatro, cine y la televisión en esta pandemia y cómo será en el futuro?

-El mundo del espectáculo es de los más golpeados. El planeta, la economía seguro van a entrar en una recesión de la que costará salir, pero este medio que incluye público en conciertos y teatros está guapeando con estas alternativas. Las crisis siempre generan creatividad. En un futuro, cuando vuelva la normalidad, que tengo fe que sea pronto y la ciencia nos ayude a retomar nuestras vidas, el espectáculo regresará. Costará al principio, pero será más fuerte que nunca. Seguro se crearán muchas historias a raíz de esto, rezo porque los creativos estén trabajando mucho y tengan la musa para poder ser parte de esos proyectos cuando la pandemia termine.

-Este tiempo te tomó por sorpresa en Venezuela, ¿cómo fue la adaptación de toda la familia y cómo llevan este tiempo?

-Sí, me afectó porque yo estoy temporalmente residenciado en Colombia y vine sólo para hacer las funciones de la obra Camas y regresar a Bogotá, y la cuarentena me dejó en Venezuela. Nos tomó por sorpresa, la adaptación ha sido normal porque estamos en nuestra casa, creo que le ha afectado más a mi hijo Salvador, su colegio, no poder estar con sus amigos, sus juguetes. Debo agradecer que fue en mi país, en mi casa y con mi familia. En este viaje quería disfrutar de mi ciudad, la playa, el Ávila, mi gente, pero no ha podido ser. En lo profesional estaban planteadas algunas cosas que se cayeron o hicieron una pausa. Hay dudas e inseguridades de cuándo vamos a salir de eso, sobre todo replantear los planes a futuro.

-La serie Bolívar ha tenido muchos comentarios positivos y otros no tanto, ¿cómo te sentiste con las críticas?

-El 95% de los comentarios son positivos, el restante no tanto. A las personas que no les gusta la serie respeto su opinión, nosotros hacemos arte y es subjetiva. A mí a veces me gusta el trabajo de un actor, luego lo veo en otro personaje y no me gusta mucho, así que no tiene por qué gustarle a todo el mundo. No voy a mentir, las críticas a veces duelen y te golpea el ego, pero me parecen válidas las opiniones. La historia de Bolívar se está viendo en 197 países, Bolívar estuvo entre las 10 palabras más buscadas en Internet, a los niños que la vieron y no conocían mucho la historia del Libertador, les encantó la serie. Estoy feliz, las críticas tienen que estar allí, es normal.

-¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje que te dejó interpretar a Bolívar?

-En mi profesión uno aprende con cada trabajo. Bolívar me dejó un gran aprendizaje porque estuve rodeado de un excelente equipo de técnicos, productores, directores. Fue una producción fantástica. En lo personal me reconcilié con la imagen del Libertador, entender esa pasión, la admiración por un ser humano imperfecto que logró muchas cosas. Cree en él, en lo que sueña, tiene una disciplina extraordinaria.

-Bogotá te ha brindado oportunidades, pero también hay muchos casos de venezolanos que sufren la xenofobia.

-Colombia me recibió con los brazos abiertos, Bogotá es una ciudad que siempre nos ha gustado mucho a Claudia y a mí. Sí hay casos de xenofobia, como en todas partes del mundo y no solo con los venezolanos. Considero que es falta de cultura, hay que contrarrestar con educación, trabajo, hermandad, demostrar lo que valemos como seres humanos. Siempre he dicho que las fronteras son límites que colocaron alrededor del planeta la ambición y el poder. Un ser humano no vale por un pasaporte. Nosotros no estábamos acostumbrados a emigrar, pero nos ha tocado tan duro y estamos sensibles. Los medios de comunicación también influyen, los titulares a veces destacan es la nacionalidad. Eso es amarillismo. Nosotros solo tenemos que agradecer a Colombia, nos han recibido muy bien, los vecinos, el colegio de Salvador, todos los que nos rodearon fueron extraordinarios, igual que Caracol Televisión. Doy gracias a Dios que fue una etapa bonita de mi vida.

-¿Cuál es el personaje que te roba el sueño? 

-No sé, son millones de personajes y llegan por sorpresa. Jamás me pasó por la mente interpretar a Bolívar. Quiero un personaje que me rete, que me dé miedo, que sienta mariposas en el estómago, que me robe el sueño, que me lleve al extremo, me haga sentir vivo y me motive a seguir aprendiendo.

-¿Qué significa este tiempo para ti y qué otros proyectos tienes en puerta? 

-Significa una pausa obligada. Hay gente que la necesitaba. En este momento hay que aprender, uno no puede dar las cosas por sentado, no sabemos si mañana podemos hacerlo. Cuando nos levantamos de la cama debemos agradecer porque es una nueva oportunidad y lo hablo en la obra. Hay otra obra de teatro que quiero hacer con Claudia y fue escrita por mi papá, hay otras posibles propuestas, pero es difícil planear ahora. Siempre tengo proyectos en la cabeza, unos se dan, otros no.


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