Gabriel García Márquez
Foto Archivo

Era 1961. Gabriel García Márquez llegaba a México cansado del periodismo y con la esperanza de sacar provecho de su pasión por el cine. Allí entró en contacto con exiliados españoles como Carlos Velo, uno de los directores estrella del cine de oro mexicano, o con Carlos Fuentes. Su oportunidad llegaría en 1963.

El escritor colombiano empieza a trabajar como guionista adaptador de un texto de Juan Rulfo, El gallo de oro, sobre la fatalidad y la fortuna a través del mundo de las ferias y los tahúres. La novela se escribió con la intención de llevarla al cine.

El filme se estrenaría en 1964 y el guion, hasta ahora perdido, data del mismo año. De allí que el hijo del director Roberto Gavaldón encontró un texto fechado en diciembre de 1963.

El texto resguardado por la Fundación Rulfo verá la luz en un libro titulado Juan Rulfo y el cine. El diario español El País tuvo acceso al guion, que está compuesto por 68 páginas y tiene como autores a Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes. Mientras que en el texto escrito en 1964 aparecen los mismos nombres, pero con el orden invertido.

«El hecho de que aparezca primero su nombre nos sugiere que la autoría principal es de García Márquez. Mientras que el segundo sería quizás más de Fuentes. Se trata de dos textos muy diferentes entre sí. El primero es mucho más literario y el segundo no es simplemente una corrección sino una reescritura a fondo», dijo por teléfono Douglas J. Weatherford, profesor de la Brighan Young University of Utah.

La tesis de Weatherford se basa en peculiaridades literarias al estilo del autor colombiano, incluso con algún guiño a su segunda novela, El coronel no tiene quien le escriba. Unas modificaciones que no aparecen ni en la novela de Rulfo ni el segundo guion: la acentuación de los poderes sobrenaturales de la protagonista y el gallo, la existencia de un pueblo fantasmagórico que recuerda a Comala y la evocación de un terrateniente llamado Pedro Páramo.

El texto mecanografiado contiene también una anotación manuscrita que los investigadores atribuyen a García Márquez, hipótesis que corrobora la Fundación Gabo.