John Williams

A sus 88 años, John Williams sigue en un espléndido estado de forma. Es la persona viva con el mayor número de nominaciones a los Oscar, con un total de 52, la última obtenida el año pasado por Star Wars: The Rise of of Skywalker. Pero su música va mucho más allá de las galaxias.

Ganador de cinco estatuillas de la Academia, el sello de Williams siempre estará asociado al cine de Steven Spielberg, ya sea en su vertiente más comercial o a través de su mirada más íntima.

Es el rey de las bandas sonoras en Hollywood, capaz de pasar de la comedia (Home Alone) a la fantasía (Hook), del cine de desastres (The Poseidon Adventure) a la ciencia ficción (A.I. Artificial Intelligence). Sus melodías son, al fin y al cabo, parte de nuestras vidas.

Este es un repaso a diez de sus bandas sonoras más recordadas:

Star Wars (1977). Posiblemente la banda sonora más célebre de la historia. Y para algunos, la mejor, tal y como proclamó el Instituto Americano del Cine (AFI) en 2005. Suenan las primeras notas de la creación, entre el sonido épico de trompetas y violines, y el espectador se embarca hacia un nuevo mundo que lleva más de 40 años emocionando a distintas generaciones. Emociona a cada escucha.

Superman (1978). Si el mundo creyó que el hombre podía volar, fue en parte gracias a la fuerza de la composición de Williams. El cómic se hizo carne gracias al ingenio de Richard Donner y el carisma de Christopher Reeve, pero la música de Williams convirtió la cinta en algo inolvidable y constantemente recordado. Para muchos, sigue siendo la obra a batir dentro del género de superhéroes.

Schindler’s List (1993). El Williams más frágil, íntimo y personal. O cómo sacar luz dentro de la mayor de las oscuridades. La música del autor mece las imágenes de un Spielberg que desnudó su alma buscando la humanidad en el Holocausto judío. Supuso el último Óscar para Williams y posiblemente el más merecido.

E.T. The Extra-Terrestrial (1982). Escuchar la banda sonora de E.T., para muchos, significa volver a sentirse como niños y todo lo que eso conlleva: la música de Williams aquí es sinónimo de magia, descubrimiento, inocencia y aventura. Las imágenes de aquel cándido extraterrestre llegaron al corazón de millones. Y el mar de lágrimas que provocó, no lo duden, no habría sido igual sin los compases de Williams.

Jaws (1975). Nadie ha vuelto a ver el mar de la misma manera después de ver esta película. El maestro funde aquí la luz y la alegría del verano con la ominosa presencia de un depredador cada vez más al acecho… Y el resultado, en su tema principal, es una composición amenazante y tenebrosa, fundamental a la hora de crear la pesadilla que pretendía Spielberg.

Raiders Of The Lost Ark (1981). Si las películas de Indiana Jones son una montaña rusa de diversión, acción y emoción, lo son en gran parte, de nuevo, por la orquestación vibrante y de alto octanaje de Williams, que se luce creando un tema firmemente enérgico, optimista y vital, como el héroe encarnado por Harrison Ford. Todos hemos tarareado esta banda sonora antes de hacer alguna locura…

Jurassic Park (1993). Sí, todos nos quedamos boquiabiertos como Sam Neill al ver los dinosaurios de Spielberg por primera vez en la gran pantalla. Y esa sensación de asombro tan maravillosa se la debemos a Williams. Como dijo el propio cineasta: “Sin Williams, los dinosaurios no caminarían por la Tierra”. Otra obra imperecedera, repleta de lirismo y encanto.

Harry Potter and the Sorcerer’s Stone (2001). Harry Potter gozó del ingenio de Williams para convertir su magia en un icono popular más allá del fenómeno literario de J.K. Rowling. Su banda sonora -inquietante por momentos, brillante a cada segundo- invita de forma inmediata a coger el siguiente tren hacia Hogwarts y aprender a hacer esa brujería de la que solo Williams parece ser capaz.

Saving Private Ryan (1998). La música de Williams en el filme, centrada casi toda en su parte final, hace que se encoja el corazón. Spielberg mostró la violencia de la forma más cruda y descarnada, y optó por rodar el sinsentido de la guerra sin ningún acompañamiento musical. Pero cuando su socio entra en escena, lo hace para recordar a los caídos con un tributo que pone la piel de gallina.

Close Encounters of the Third Kind (1977). Cinco notas que perviven en la memoria de cualquier aficionado al cine sirvieron para entablar la comunicación con los alienígenas en esta obra de Spielberg. Esa es solo una pequeña parte de la impresionante creación de Williams, que sirve como un perfecto vehículo atmosférico para esta odisea sobre el encuentro con seres del más allá.


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