El fondo del río Guaire es resbaloso. No hay manera de atravesarlo corriendo. Eso lo saben las personas que, acorraladas por las bombas lacrimógenas lanzadas por la PNB el 19 de abril en la autopista Francisco Fajardo, no tuvieron otra opción que saltar y cruzarlo.

El momento quedó retratado en cientos de fotografías. El caudal contaminado, sucio y prohibido para los caraqueños, sirvió como vía de escape a la represión desmedida. “No teníamos hacia dónde correr. Los GNB nos hicieron una emboscada. Primero nos ocultamos detrás del muro de contención de la autopista, pero seguían disparando bombas. Ahí fue cuando decidimos cruzar el río. Mientras intentaba llegar al otro lado, levanté mi cámara y tomé como 10 fotos. El agua me llegaba casi a la cintura”. La imagen captada por Wilmeyker Souza es reveladora. La desesperación de los manifestantes, la corriente oscura del río, los desechos y el humo lacrimógeno son muestra de la crueldad del ataque.

La foto tuvo más de 5.000 likes en la cuenta de Instagram del Taller de Fotografía Roberto Mata @rmtf, donde se ha hecho un registro de algunas de las imágenes más impactantes que han dejado las protestas. Souza, sin embargo, no trabaja para ningún medio. Es un aficionado a la fotografía que ha participado en las manifestaciones convocadas por la oposición venezolana en las últimas semanas. “Mi finalidad es documentar las protestas. Hacer público lo que está pasando, que la gente se informe”, asegura.

Un motivo en común que tiene con Claudia Paparelli, estudiante de fotografía, que en las últimas semanas ha salido a protestar a la calle armada solo con su cámara, unos lentes de buceo, un tapabocas y un casco de bicicleta. Por suerte el 19 de abril no se encontraba en la primera línea y no quedó atrapada en el Guaire. En su camino de regreso, luego de la represión en la autopista, se encontró con Josué, uno de los indígenas piaroa que vinieron en autobús desde Amazonas para manifestar pacíficamente.

“Lo vi solo y le pregunté dónde estaban sus compañeros. ‘Me perdí’ fue lo único que me dijo. Caminamos juntos, y mientras intentaba comunicarse con su gente por mi celular, encontramos lentes, gorras, zapatos tirados, que Josué iba agarrando para protegerse de las bombas. En ese momento decidí tomarle la foto. Lo dejé luego con una señora que se ofreció a llevarlo en moto. En la tarde recibí una llamada. ‘Gracias por ayudarme, ya estoy con mi gente’, me dijo”. La foto de Paparelli superó los 21.000 likes en la cuenta @rmtf.

“Esta nueva generación tiene otro brío”, señala Nelson Garrido, fotógrafo y artista plástico. “Los jóvenes están aportando nuevos elementos simbólicos a la fotografía venezolana. Mucho de esto depende de las plataformas, de las imágenes que pasan a ser virales y que el poder no puede controlar. Antes una foto, por muy buena que fuera, no podía tener este alcance. Por eso la fotografía se ha revitalizado, por la reproducibilidad digital que no puede ser censurada”.

Conflictos universales. Las protestas que han sido impulsadas por la oposición este mes han trascendido en una serie de imágenes que pueden ser catalogadas como icónicas. Retratos como el de la mujer parada frente a la tanqueta, desafiante y a la vez indefensa. El joven que caminó desnudo hasta la línea de disparo y recibió una ráfaga de perdigones en su espalda. La monja que solo lleva un tapabocas y es acariciada por un oficial que acaba de lanzar lacrimógenas. Hechos que se han generado de manera espontánea en las manifestaciones, pero que se han convertido en fotos poderosas y de gran impacto en la opinión pública local e internacional.

“Estamos frente a otro nivel de discurso”, señala Colette Capriles, psicóloga social. “La tradición iconográfica de la oposición antes trataba de manejarse tipo espejo de la masa, si eran más o menos. La certeza que hoy tiene la oposición es que una gran mayoría rechaza al gobierno. El número ya no es un problema, ahora ha surgido una cohesión simbólica más importante que la autopista llena de gente”.

Estas reacciones espontáneas en las manifestaciones han marcado una evolución en la lucha política. “Estas imágenes están ancladas al inconsciente colectivo, a los arquetipos de la lucha no violenta que se han repetido en el resto del mundo. Son individuos anónimos que no esperan ser fotografiados, pero cuyas acciones se vuelven públicas por lo que representan. Estas imágenes son denuncias simbólicas contra la dictadura. No hay manipulación”, indica Garrido.

Horacio Siciliano ha fotografiado las protestas de la oposición desde 2014. En su opinión, el escenario actual es muy distinto. “En cada marcha ha surgido un personaje icónico. El jueves 27 de abril, el diputado Arnoldo Benítez ondeó una bandera frente a las tanquetas, sin importarle la cantidad de gas que estaban lanzando. Es una persona de la tercera edad. Como él hay muchos que se están plantando firme en la protesta no violenta. Tengo como 150 fotos de la señora que se paró frente a la tanqueta. Ella primero intentó hablar con los funcionarios de la PNB y lo que tenía era un trapito para taparse la cara. Le dijimos que se viniera, pero ella fue corriendo. La respuesta a esa imagen ha sido abrumadora”. La foto tuvo más de 5.000 likes en su cuenta de Instagram @hsiciliano.

El poder de las imágenes en la lucha política recae en su carácter universal. “Pueden ser leídas en cualquier conflicto político”, afirma Capriles. “La foto del hombre desnudo es arquetípica, en ese sentido su particularidad la hace más peligrosa para el poder porque son más virales. Es un conflicto universal contra el poder, la opresión, las armas. El gobierno debe estar preocupado porque el discurso gráfico público marca el fin del régimen”.

“Esperanza, lo último que se pierde”

El reportero gráfico Donaldo Barros no imaginó el revuelo que generaría una de las fotografías que tomó el sábado 22 de abril. Luego de que la marcha de la oposición fue repelida por las bombas lacrimógenas, una monja se acercó hasta los guardias para darles un mensaje.

La foto es significativa: el oficial enmascarado para apaciguar los efectos del gas lacrimógeno toca el rostro de la religiosa, en plena autopista. La imagen tuvo más de 33.000 likes en su cuenta de Instagram @donaldobarros.

“Tuve la oportunidad de captar ese momento y no dudé en hacerlo. En 2014 también tomé una foto de una monja con un guardia, pero no causó el mismo revuelo. El fanatismo le quita la capacidad de análisis a la gente. En mis redes sociales he recibido todo tipo de comentarios. Al final, la gente que entiende la foto sabe que algo sucedió”, expresa Barros.

La interpretación de la imagen ha generado múltiples lecturas. Hay quienes ven lo enternecedor del gesto del oficial frente a la monja. Para otros la reacción condescendiente demuestra el carácter pacífico de la lucha. Lo cierto es que la imagen se viralizó en las redes y tuvo un gran impacto no solo en Venezuela sino en la comunidad internacional.

 “Me llamo Esperanza, y eso es lo último que se pierde”, fue lo que le dijo la monja a Barros cuando le preguntó su nombre.


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