Rangel
Por 15 años Gabriela Rangel fue directora del Departamento de Artes Visuales de Americas Society | Foto Soledad Aznarez - GDA - La Nación

Desde el primero de septiembre, Gabriela Rangel es la primera mujer, y venezolana, en ocupar el cargo de directora artística del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.

El nombramiento se conocía desde abril. La directiva del Malba hizo pública la noticia después de una exhaustiva búsqueda que duró casi un año, tras el término de la gestión del curador español Agustín Pérez Rubio.

Sobre Rangel, el fundador del Malba, Eduardo Costantini, ha dicho: “Es una profesional de enorme capacidad y experiencia institucional, con especialización en artes visuales, cine y literatura, los tres pilares de Malba”.

A mediados de agosto, la curadora llegó a la capital argentina luego de residir 20 años en Nueva York, donde por 15 años fue directora del Departamento de Artes Visuales de Americas Society, el programa de arte más antiguo dedicado a América Latina.

Ha curado y cocurado, entre otras, exposiciones sobre Carlos Cruz-Diez –fallecido el 27 de julio a los 95 años de edad–, Marta Minujín, Gordon Matta-Clark y Alejandro Xul Solar.

Rangel tiene una maestría en Estudios Curatoriales por Bard College, Annandale-on-Hudson; otra en Medios y Estudios de Comunicación en la UCAB y realizó su carrera cinematográfica en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba.

En Venezuela trabajó en la Fundación Cinemateca Nacional y en el Museo Alejandro Otero.

Aunque considera que la cultura patriarcal persiste, Rangel destaca que en el Malba la mayoría del personal es femenino y que en Argentina las mujeres también dominan las directivas de los museos.

Sobre lo que supone el cambio de residencia de Nueva York a Buenos Aires, subraya el idioma: volverá a hablar y escribir en español.

—¿Qué representa para usted haber sido nombrada directora del Malba, tomando en cuenta que la búsqueda fue exhaustiva, como ha dicho Eduardo Costantini? Además, es la primera mujer en estar a cargo de la institución.

—Representa un desafío al tiempo, una gran oportunidad. En cuanto a ser la primera mujer que está al frente del Malba, Argentina es un país donde la mayoría de las directoras de museo son mujeres. También debo decir que en el Malba la fuerza laboral es mayoritariamente femenina.

—¿Por qué cree que se decidieron por usted?

—Habría que preguntárselo a Eduardo Costantini y a la junta del museo.

—El Malba en poco tiempo se convirtió en un museo referencia de la región. Y tiene la particularidad de trabajar sobre tres pilares, el arte, el cine y la literatura, que usted conoce muy bien. ¿Cuáles son las exposiciones y proyectos inmediatos para generar diálogos con el público?

—Más que describir proyectos concretos me gustaría mencionar líneas de acción que podrán trazar nodos multi o transdisciplinarios: por ejemplo, entablar diálogos entre artistas de diferentes generaciones y tradiciones artísticas, detectar redes de amistad y de hospitalidad que han generado espacios de creación tanto locales como internacionales. Me gustaría articular proyectos de investigación realizados en el museo y vincularlos a intereses de un público cuya relación con el arte pasa por la cultura visual de un mundo cada vez más dominado por la tecnología y por problemas apremiantes que comprometen la noción de futuro.

—Uno de los retos hoy día para los museos y las academias es convivir en un mundo inundado de nuevas tecnologías, movimientos sociales, opiniones diversas. ¿Cómo enfrenta estos desafíos? ¿Cuál es el papel del Malba, de los museos, en este panorama?

—El contexto que usted describe es precisamente aquel que el Malba ha considerado tanto en su programación como en la política de sus nuevas adquisiciones, sobre todo en los últimos cinco años. La tecnología es un gran recurso para generar vínculos y redes, y para ampliar el espacio inmediato en el que vivimos. Desde luego que la tecnología también genera comunidades cerradas, ensimismamiento improductivo y abulia. Además, ayuda a deshacer los nudos de la censura en sociedades totalitarias. Para un museo del llamado Sur Global, la tecnología tiene el potencial de un instrumento valioso que democratiza contenidos y puede cumplir un importante rol pedagógico.

—Aunque una de las características del arte latinoamericano es su universalidad, no suele aparecer entre lo más vendido en las subastas. ¿Por qué ocurre esto? ¿Es suficientemente apreciado?

—Creo que la discusión no debe desviarse hacia esa dirección sino más bien precisar de qué arte latinoamericano hablamos, cuando la región no es homogénea ni sus circuitos institucionales, mercados o coleccionismo son todos iguales. No es lo mismo organizar la exposición de un artista paraguayo o costarricense que la de un artista mexicano o cubano. El arte latinoamericano es parte integral del mercado global, ya no es una fuerza emergente. Esto ha quedado demostrado con la compra de una pintura de la artista moderna Tarsila de Amaral por 18 millones de dólares.

—¿Cuál es su balance de su gestión en la Americas Society después de 15 años como directora de Artes Visuales y curadora en jefe?

—Satisfactorio, pues con ayuda de jóvenes profesionales, colegas y de una dinámica comunidad de apoyo, logramos crear un nicho de excelencia para un espacio de arte latinoamericano en una ciudad muy competitiva, monolingüista y difícil como Nueva York. Cuesta pensar que fueron 15 años.

—¿Considera que en el universo de las artes aún impera la masculinidad? ¿Ha habido cambios?

—Los cambios apenas comienzan. La cultura patriarcal y sus violencias sigue intacta. ¿Usted conoce alguna denuncia por abuso sexual o maltrato de género perpetrada por una figura de la cultura, del mundo financiero o de la política que haya llegado a tribunales en Venezuela? De eso no se habla.

—¿Qué le llevó a convertirse en curadora y crítico de arte?

—La curiosidad por entender qué hay detrás del gesto de una mano en una pintura o la necesidad de saber por qué Duchamp se travistió en Rrose Sélavy.

—Usted trabajó en la Cinemateca Nacional y en el Museo Alejandro Otero, hoy dos instituciones manejadas por el gobierno de manera hierática. ¿Qué opina de lo que ha ocurrido con las instituciones del arte venezolano, en especial con los museos?

—Di una charla en la conferencia del Comité Internacional para Museos y Colecciones de Arte Moderno hace un par de años sobre la desarticulación de los museos venezolanos que hizo que muchos colegas se informaran sobre el cataclismo que ha ocurrido en el sistema institucional del arte en Venezuela. Esta es una tragedia que no tiene palabras para ser contada y que supera todo aquello que podamos decir en esta entrevista.

—¿Sigue el movimiento artístico que se ha gestado en estos tiempos de crisis profunda en el país?

—Sí, desde luego, hace poco fui jurado del Premio Mendoza y procuro saber qué ocurre en el país.

—¿Qué trabajos le han parecido interesantes? ¿A qué artistas les ha seguido la pista?

—Los dibujos de Sheroanawe Hakihiive, un artista de la nación yanomami, cuya presencia en bienales y ferias internacionales reviste una importancia mayúscula para un país que ha desconocido a sus minorías. Paradójicamente, el trabajo de Sheroanawe ha circulado y se ha dado a conocer a través de la heroica labor de la galería ABRA Caracas y de curadores internacionales. Obviamente, no dejo de seguir la pista de gente de mi generación como Magdalena Fernández, continuadora de una línea de trabajo modernista, o Alexander Apóstol, establecido en España, quien precozmente detectó el enorme hiato entre sexualidad, género y modernidad en un potente trabajo que amerita aún ser discutido y mostrado. Jacobo Borges, ya venerable aunque muy joven, sigue siendo una figura que define el meollo del arte social de manera ética y consistente. Marta Traba -crítica de arte y escritora argentino-colombiana -no se equivocó con Jacobo.

—¿Qué debe reflejar el arte en un tiempo tan convulso como el que vivimos?

—Justamente su zeitgeist (expresión del idioma alemán que significa espíritu).

—¿Desde cuándo no viene a Venezuela?

—Desde 2016.

—¿Piensa hacerlo pronto?

—Sí, el año entrante.

—¿Cuál considera que es la percepción que se tiene de la cultura venezolana en el exterior?

—Que es una cultura pulverizada por la diáspora.

@Sasamendoz