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Efraín Vivas considera al libro una publicación esperanzadora que demuestra de lo que es capaz el ser humano en medio de una tragedia | Efraín Vivas ©

Hace 20 años, entre idas y venidas, Efraín Vivas realizó en Vargas un registro fotográfico durante nueve días. No podía quedarse. Era una localidad devastada. Fue el año de la peor tragedia en la historia contemporánea de Venezuela.

Recuerda que en principio le costó comenzar su trabajo. No sabía qué hacer porque estaba impactado por lo que había ocurrido.

«Pudimos bajar a Vargas a los tres o cuatro días de haber ocurrido la tragedia. Porque el desastre era tal que no se podía pasar con vehículo. El primer viaje lo hice con el fotógrafo Alexis Pérez Luna. Nos quedamos trancados un par de veces. Todavía estaba el tema feo de los cadáveres flotando en la playa», recuerda el fotógrafo y arquitecto venezolano.

Vivas se dio cuenta entonces de que su trabajo fotográfico estaría enfocado en lo que quedó después de la tragedia: la sobrevivencia y la capacidad del ser humano para enfrentar tales circunstancias. Tomó casi 5.000 imágenes.

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Efraín Vivas tomó casi 5.000 fotos en Vargas luego de la tragedia | Vasco Szinetar ©

Dos años después presentó en el Celarg una exposición titulada Testigos imbatibles, luego expuso algunas fotos en una colectiva en el Museo Jacobo Borges y mostró otras en la Universidad Metropolitana con motivo del Mes de la Fotografía.

Hasta 2016 dejó al material reposar. Ese año comenzó a darle forma a la idea de Negro oscuro • Blanco trágico | Mañana vendrán las piedras (Archivo Fotografía Urbana), un libro que reúne 75 de las fotos tomadas por Vivas luego de la tragedia de Vargas con la resonancia de 30 poemas escritos por Santiago Acosta.

El título contiene imágenes abiertas que destacan el espacio geográfico donde ocurrió la tragedia, elementos como casas o vehículos que representan el foco humano e imágenes religiosas.

Los textos de Acosta, mientras tanto, saltan entre las imágenes, pero no a manera de descripción de cada una sino, al igual que las mismas fotos, refiriéndose a la universalidad del tema de la catástrofe.

Por eso el libro tiene dos títulos: Negro oscuro • Blanco trágico es el del ensayo fotográfico y Mañana vendrán las piedras es el del trabajo poético.

Vivas cuenta: «La idea original era hacer un proyecto editorial o expositivo con las imágenes. Fuimos sumando personas al proyecto. Contamos con la preedición de Sagrario Berti. Después conseguimos que John Lange se interesara en el material e hiciera la curaduría. Después se me ocurrió que el tema era denso y dramático. Tan poético. Entonces contacté a Santiago Acosta, a quien conozco desde hace muchos años y he visto su evolución como poeta. Ha estado siempre interesado en el tema de la tragedia, el mundo y el futuro. De inmediato me pidió el material, se lo mandé y él revivió la tragedia a través de las imágenes y compuso esos poemas bellísimos y dramáticos».

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El libro contiene imágenes que destacan el espacio geográfico, elementos como casas o vehículos que representan el foco humano e imágenes religiosas | Efraín Vivas ©

Gracias a la curaduría de Lange, quien falleció en noviembre del año pasado, el ensayo fotográfico y los poemas se conjugan para formar una narración que permite apreciar los temas que se abordan.

«Estás haciendo un recorrido sin darte cuenta de todos los escenarios donde sucedió en sí. Es casi que animado. Es como si estuvieses dentro de la tragedia o en una película», explica Vivas.

Darle voz a las víctimas

Acosta, ganador de la tercera edición del Premio Literatura y Ciudad Naturaleza José Emilio Pacheco por El próximo desierto, señala que luego de recibir las 75 fotos comenzó a escribir. «Mi idea no era describir las imágenes. Las fotografías de Efraín siempre me han parecido muy evocativas. Creo que tienen mucho en común con mi poesía. Entonces partí de esas fotos para elaborar algo distinto. Parcialmente me interesaba alcanzar las voces en este caos, de los muertos, de la tragedia. Pero también integrar esas voces que son una especie de murmullos subterráneos. No solo las voces de los muertos, sino también de los árboles, del propio desastre de Vargas, así como de las presencias que están en las fotos».

También le interesaba situar la idea de que la Tragedia de Vargas no es un hecho que quedó en el pasado, sino que podría ocurrir en el futuro.

«Si pensamos en el tema del calentamiento global, en cómo se intensifican los desastres naturales por acción de la saturación de la atmósfera por gases invernadero, una tragedia como la de Vargas, que además fue inducida por una desforestación enorme del Ávila, pudiera perfectamente volver a pasar», advirtió.

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Acosta es ganador de la tercera edición del Premio Literatura y Ciudad Naturaleza José Emilio Pacheco por El próximo desierto | Paula Vásquez

Además considera que los poemas de Mañana vendrán las piedras buscan presentar las fotos de Vivas en un espacio temporal que está en el pasado, el presente y el futuro.

Para ello leyó testimonios de las víctimas de la tragedia que halló en la prensa y publicaciones investigativas. «Intenté crear mi voz a partir de esas voces y así darle voz a las víctimas. Que no son solo muertos, sino todas las familias y grupos de personas afectados», dijo.

Vivas también señala que su intención inicial no fue producir un libro acerca de la catástrofe de Vargas concretamente, sino una idea más universal y atemporal, relacionada con la tragedia de la naturaleza y cómo el ser humano las vence. «La forma de relatar lo ocurrido era de la manera más artística y estética posible. No le dimos tanta importancia a lo horrible sino a la belleza, lo que existe aun en la tragedia más grande que ha ocurrido en Venezuela en los últimos años».

Precisa que es una coincidencia que el libro se presente este año, cuando se cumplen dos décadas de la catástrofe, pues estaba concebido para ser publicado en 2017. Pero por motivos personales no se logró en ese momento.

El autor de las fotos señala que el libro busca resaltar la capacidad del ser humano en medio de una catástrofe | Efraín Vivas ©

«No tiene ningún contenido político. No es una crítica a nadie. Pero las personas tienen la libertad de darle el entendimiento que deseen. Hay quienes lo querrán ver como un tema político, otros de otra manera», indicó.

También descarta que sea un libro pesimista. Para él, por el contrario, es esperanzador porque rescata lo que puede hacer el hombre después de una tragedia. «Estoy tratando de rescatar, metafóricamente hablando, todo lo que es capaz de quedar a pesar de un gran terremoto diluvio».

Santiago apunta: «Quisiera verlo como una especie de advertencia. No necesariamente algo desesperanzador. Pero sí como un libro que pueda confrontar al lector con la dimensión de la tragedia. Con la necesidad de verla no como algo ya sucedido y terminado, sino como algo que también pesa sobre el futuro».

@Isaacgonzm