Art Basel, la principal feria de arte del mundo donde acuden cada año ricos coleccionistas, abrió al público este jueves en Basilea, en un clima de incertidumbre en el sector a pesar de algunas ventas espectaculares.

Para su edición número 50, los organizadores privilegiaron a los artistas comprometidos en la parte de la feria reservada a las obras monumentales, destinadas a ser vendidas a museos o a grandes colecciones privadas.

En la estela del movimiento #MeToo, la arista española Alicia Framis presentó una serie de vestidos a base de airbags de automóvil que se hinchan para proteger a las mujeres en su entorno laboral.

Las protestas sociales también tienen su lugar a través de un cuadro participativo de la artista brasileña Rivane Neuenschwander, que propone a los visitantes clavar con una aguja en un gran lienzo las palabras (en francés) de pancartas y eslóganes insurreccionales.

En la entrada del recinto, los visitantes son acogidos por una gran estatua de Coco Fusco, una artista cubano-estadounidense. La obra, llamada El hombre de hojalata del siglo XXI, representa al conocido personaje de El Mago de Oz con la cara de Donald Trump.

“Tenemos una feria llena de excelentes obras, muchas de las cuales responden o están relacionadas con la situación geopolítica muy compleja en la que nos encontramos”, dijo Marc Spiegler, el director de Art Basel.

A diferencia de la Bienal de Venecia, donde parte de los coleccionistas suelen acudir tras la cita de Basilea, Art Basel es, sobre todo, un evento mercantil.

En el espacio reservado a las galerías, que acoge a ricos coleccionistas dos días antes de que se abran las puertas al público, muchas de las piezas se venden en pocas horas. “Hemos vendido casi el 70% del stand en dos o tres horas”, se felicitó Marc Glimcher, presidente y director de la prestigiosa galería Pace. Indicó que una pieza rara del artista surcoreano Lee Ufan fue vendida por 2 millones de dólares “en los diez primeros minutos” de apertura.

Muchas galerías destacaron el buen comienzo de la feria tras el primer día dedicado a los coleccionistas.

El martes, un collage del artista estadounidense Mark Bradford, que ofrecía la galería londinense White Cube, fue vendido por 7,75 millones de dólares.

Y la galería Levi Gorvy vendió una pieza del estadounidense Christopher Wool por 6 millones de dólares.

La obra más cara de la jornada fue, sin embargo, una pieza del pintor alemán Gerhard Richter que la galería David Zwirner vendió por 20 millones de dólares, según cifras comunicadas por los organizadores.

Esas grandes cifras, tanto en las ferias como en las subastas, esconden, no obstante, una realidad menos alentadora en el mercado del arte, afirma la profesora Clare McAndrew, autora de un informe sobre el sector en colaboración con un banco y con los organizadores de la feria. “La parte alta del mercado está en su mejor momento”, explicó aunque “los segmentos intermedios y más bajos no van tan bien”.

Después de dos años de crecimiento, las galerías son más prudentes en cuanto a la evolución del mercado.

En su informe, publicado en marzo, solo el 30% de las galerías decían esperar un aumento de sus ventas en 2019, frente al 58% en 2017, una muestra de las perspectivas pesimistas, en particular de las galerías pequeñas y medianas.

Para esta edición, la feria de Basilea revisó sus precios a la baja para permitir precisamente a estas nuevas galerías participar en el evento, como el caso de la francesa Crevecoeur.

“Es una etapa importante para ampliar nuestro público”, dijo Elise Fouché, una de las representantes de esa galería que emplea a cinco personas. Ya el primer día logró vender casi todos los cuadros que traía de Ad Minoliti, una joven artista argentina.

La feria, que se celebra hasta el 16 de junio, cuenta este año con la presencia de 290 galerías y aproximadamente 4.000 artistas.