Por Ángel González l @UnAngelGonzalez

Todo comenzó entre los años 2010 y 2011. En ese momento los hermanos Randall y Antonio Sevilla no imaginaban que los postres y las fiestas los llevarían a crear el gran proyecto que actualmente es El Dulce Casa de Pastelería.

Randall estudiaba cocina en Mérida y unos amigos cercanos estaban por casarse y justo una semana antes, se quedaron sin catering de postres, lo que los llevó a pedirle a Sevilla que los ayudara con los 1.000 postres que necesitaban.

El joven no se resistió a la propuesta, aunque sabía que necesitaba ayuda. Para eso contactó a su hermano, quien viajó desde Valencia, donde estudiaba economía, hasta los Andes para sumarse a este primer reto.

Hasta entonces, la única experiencia de ambos con la pastelería había sido como ayudantes de cocina en un negocio de su ciudad natal, Maracay. Sin embargo, este reto fue suficiente para que los dos descubrieran la posibilidad de hacer un negocio organizando banquetes para eventos y no emigrar.

Poco a poco fueron creciendo en popularidad. El público los reconocía, pero les hacía falta un nombre. Algo sencillo, tradicional, y que les permitiera expandirse de un servicio de catering a una pastelería era lo ideal. El Dulce Casa de Pastelería cumplió con las expectativas.

La labor era cada vez más exigente, los Sevilla tuvieron que establecer funciones, Randall asumió como chef pastelero, mientras que Antonio se encargó de la gerencia. Este proceso les permitió a los hermanos identificar que en la cocina haría falta más apoyo. El puesto de subchef esperaba por Ronald Veleiro, quien se enteró de la propuesta mediante unos amigos en común y se quedó con el puesto por su empeño.

Después de llevar encargos a varios estados, el equipo de El Dulce llegó a Maracay con intenciones de establecerse allí, pero no fue por mucho. Por los constantes viajes a Caracas para participar en talleres o por pedidos, decidieron mudarse a la capital. “El propio mercado nos dijo: Tienen que estar en Caracas”, señaló Antonio.

En este punto, Randall, Antonio y Ronald estaban conscientes de que la iniciativa del principio se convirtió en una pequeña pero ambiciosa empresa. Más allá de sus pasiones e intereses, también estaba inmerso el músculo financiero. Uno que construyeron con un salto de fe, desde su esfuerzo y sin apadrinamientos.

Esta consideración está directamente relacionada con el producto que ofrecen. “No es lo mismo hacer un postre casero a uno que tenga que satisfacer un montón de expectativas. Es el evento de alguien y vas a fabricar un recuerdo a partir de tus creaciones”, dijo Randall.

Y añadió Antonio: “Nosotros no vendemos dulces, vendemos felicidad (…) brindamos compañía”.

Entre sus elaboraciones más populares se destacan los topiarios de suspiros, propios de la casa. Aunque, las tortas desnudas, también son muy solicitadas.

Para sobresalir y mantenerse dentro del mercado, El Dulce apuesta por lo clásico y, aunque cada preparación lleva un toque venezolano, su filosofía se basa en respetar las técnicas y recetas originales.

Y sostuvo Ronald: «La prioridad es atender la orden de los clientes, sin dejar de conservar la calidad”.

Su apuesta es seguir en Venezuela. “Queremos quedarnos a ver un mejor país que el actual”. Mientras eso pasa se plantean construirlo con trabajo “con un oído escuchando el corazón y con el otro escuchando la realidad”.

En un futuro esperan promover recetas de la firma, desde su propio local, por mencionar solo una de sus aspiraciones. Se plantean seguir en Caracas, abiertos a órdenes “puntuales” en el interior.

“Estaremos donde el mercado nos pida estar”, aseguró Antonio.

En Instagram se encuentran como @eldulceve o mediante el 0424-2108430.