Argentina
El peso ha perdido alrededor de 37% de su valor frente al dólar este año, después de caer aún más rápido en 2018 | Reuters

Nicolás Videla es un adolescente de 12 años de edad que vive en Argentina. Sin embargo, tiene una obligación que es poco pueril.

Como millones de sus compatriotas, compra dólares cada vez que junta suficientes pesos. Mientras, vigila con atención la volatilidad del tipo de cambio, la inflación galopante y las turbias perspectivas políticas.

Al igual que los demás argentinos, los estudiantes de primaria tienen aversión por su propia moneda. Una consecuencia latente en un país donde distintas generaciones han visto sus ahorros aniquilados por las devaluaciones y el aumento de los precios.

«Siempre pregunto cómo está el dólar. Hablamos del dólar en la escuela; cuando llego algunos amigos me dicen que el dólar subió, se quejan porque los precios suben», explicó Videla a Reuters.

«Si tiene pesos me pide que se los cambie. No pregunta cuántos pesos tengo», aseguró su madre, Sol.

El peso ha perdido alrededor de 37% de su valor frente al dólar este año, después de caer aún más rápido en 2018.

Un dólar cotiza a casi 60 pesos, frente a alrededor de 10 pesos a finales de 2015, cuando el ahora presidente saliente, Mauricio Macri, llegó al poder.

El gobierno de los Fernández

Su sucesor, el peronista Alberto Fernández, asumirá la Presidencia de Argentina el 10 de diciembre con una inflación anual superior a 50%. Además de conversaciones pendientes con los acreedores y el Fondo Monetario Internacional, por más de 100.000 millones de dólares en deuda soberana.

Fernández dijo

que lanzará un pacto social para establecer acuerdos con empresas, empleadores, consumidores y proveedores de servicios para ayudar a controlar los precios.

No será una tarea fácil. La desconfianza en la moneda casi se ha convertido en parte del ADN de la gente después de décadas de crisis cíclicas y un peso debilitado que aviva la inflación.

Todos piensan en dólares

Muchos argentinos usan los pesos que ganan para pagar los gastos diarios y compran dólares con lo que queda a fin de mes, y han convertido el billete verde en una moneda de referencia para compras importantes, como bienes y raíces.

Cada vez que las turbulencias políticas o temblores por un incumplimiento de deuda aumentan la desconfianza, el valor del peso cae. Quienes venden bienes y servicios cobran más ya que proyectan un aumento en sus costos. Este es el estilo de inflación de Argentina, y no muestra signos de disminuir.

«Los padres les vamos explicando a nuestros hijos que tener pesos en el bolsillo es poder comprar menos mañana con esos pesos», dijo a Reuters el economista argentino Roberto Cachanosky.

Agregó que se va creando conciencia que para tener una moneda como reserva de valor, el peso no sirve.

Gadiel Goldestein, de 13 años de edad, ya ha visto lo suficiente como para no querer ahorrar en la moneda local.

«Todos piensan en dólares. Nadie tiene confianza en el peso», dijo Goldestein en una entrevista junto a sus padres, su hermano y su abuelo, que emigró de Argentina a México durante la crisis económica de 2001 y ahora solo regresa de visita.

Su hermano Ian, de 15 años de edad, lamentaba la pérdida de su poder adquisitivo.

«El año pasado gastaba 100 pesos para almorzar en la escuela todos los días y me sobraba dinero. Este año tengo que llevar 250 pesos para el mismo almuerzo», explicó.

Desde mediados del siglo pasado, cuando el presidente Juan Perón y su esposa Evita se convirtieron en íconos del populismo argentino de libre gasto, los gobiernos gastaban más de lo que recaudaban, lo que socavaba el peso, que ha perdido alrededor de 85% de su valor frente al dólar desde finales de 2015.