Casi parece un déjà vu o una película repetida en varias oportunidades, cada vez que un jugador de la nueva generación o Next Gen del tenis lucha por sumar un grande a sus palmarés en el era de los tres grandes.

En el femenino sucede lo contrario: las veteranas llegan a una final llena de confianza contra jovencitas inexpertas y, sin embargo, resbalan contra todo pronóstico.

Cuando un tenista de la nueva corriente del deporte blanco está a punto de coronarse con un título major, los veteranos pisan más fuerte e impiden que el sueño se vea como un imposible.

Esta fue una de huellas que dejó el primer grande de la temporada, un Dominic Thiem que va de menos a más, pero que no termina de conseguir su más grande ilusión.

Thiem va de menos a más

El tenista austríaco ha llegado a tres finales de Grand Slam: dos de Roland Garros contra Rafael Nadal en 2018 y 2019 y la del pasado domingo en el Abierto de Australia contra Novak Djokovic y, aunque no ha conseguido besar ningún trofeo grande, cada vez parece estar más cerca.

Se recuerda que en 2018 no ganó ningún set contra Rafael Nadal, el rey de la arcilla. En 2019 solo consiguió sumar uno y en su último choque contra Novak Djokovic sumó dos, así que quién quita que alcance la gloria en su próxima final.

El austriaco llegó a la última instancia en Melbourne tras vencer a tres jugadores Top 10: el número 10 Gael Monfils, el máximo favorito Nadal y el campeón de Nitto ATP Finals 2018 Alexander Zverev.

El serbio, por su parte, ahora número uno del mundo, se midió con jugadores como: «El peque» Diego Schwartzman, Milos Raonic y Roger Federer. Sin embargo los partidos más complicados para el ahora líder de la ATP fueron los cinco sets contra Thiem y la inesperada primera ronda, en la que cedió la primera manga contra el alemán Jan-Lennard Struff.

El punto que le costó el sueño a Thiem

Djokovic, frente al punto de quiebre en 1-1 en el cuarto set, golpeó dos voleas de revés para eliminar la oportunidad de Thiem. Si el austríaco hubiera encontrado una manera de pasar al 17 veces campeón de Slam con su derecha, tal vez sería el primer jugador fuera de los grandes veteranos (incluido Andy Murray y Stanislas Wawrinka) en ganar su primer grande desde Marin Cilic en el US Open 2014.

En el lado femenino mandan las jovencitas

El lado femenino en las finales de los Grand Slam parece estar diseñado para que jóvenes estrellas se luzcan y conquisten, aunque sea por una vez en sus carreras, un trofeo grande. El Abierto de Australia no fue la excepción para que la tenista estadounidense Sofia Kenin (primera vez en una final de un major) mostrará de qué está hecha: temple, constancia y buen tenis, mientras que la hispano-venezolana Garbiñe Muguruza, doble campeona de Grand Slam, (en su nueva era con Conchita Martínez), no supo controlar la mente y se resbaló con muchas doble faltas y errores no forzados. Y es que a la caraqueña, cuando pierde la cabeza, no regresa.

Fue además el nacimiento de una grande que podría haber llegado para quedarse, e incluso ser el relevo de una de las leyendas del tenis estadounidense como Serena Williams.

La parte femenina del torneo también nos dejó la despedida de la que fue una de las tenistas más consistentes del circuito: Caroline Wozniacki, que pese a que solo logró ganar un major (el conseguido en Melbourne en 2018), terminó dos años como número uno del mundo en 2010 y 2011.

Pero no solo eso. También hubo tempranas caídas: la de Serena Williams en tercera ronda contra Qiang Wang y la de Naomi Osaka en segunda, que dejaron ausencias importantes de este lado del cuadro.

Además de una sorprendente reacción de Maria Sharapova tras ser eliminada en la primera ronda del torneo, del que fue invitada por una Wild Card por la organización, y declaró que no sabrá si regresará al primer Grand Slam de la temporada otra vez.

Dos semanas intensas: incendios, homenajes y pelotazos

El Abierto de Australia pasó desde los trágicos incendios, donaciones por los mismos, homenajes a la gran leyenda del baloncesto Kobe Bryant, fallecida en un trágico accidente aéreo, un pelotazo a una recogepelotas que Nadal culminó con un gran gesto de humanidad, el resurgimiento de una grande como Garbiñe, que no encontró como alzar la corona frente a una niña que hizo realidad su sueño. Y la lucha constante por coronarse entre los más grande en la era de los gigantes.

Todo esto fue lo que nos dejó el primer Grand Slam de la temporada y aún así queda mucho tenis por delante. Ahora a preparar maletas porque viene el Roland Garros.